¿Tumbaremos la piñata?

Tanto tirios como troyanos hemos visto al estado como ese artefacto florido que de niños destrozábamos con un palo para ver quién agarraba más (yo no, porque no me gustaba meterme en el centro sino que me ponía a la orilla a recoger con mi faldita lo que quedaba). Es increíble observar, palpar, participar en este festín revolucionario donde “todo el mundo” quiere agarrar aunque sea fallo. Y de repente quedamos con los ojos volteados cuando vemos a los que llamamos recién llegados con los mejores juguetes del reparto.

Pero ocurre que después de 14 años, ya la piñata se achica y aunque todavía hay bastante pa´ échale adentro, algunos de sus fabricantes se dieron cuenta que el mejor negocio ahora es hacer creerque no hay, con el cuento de la baja de los precios del petróleo (que no es tan cuento pero sí es artificial) y gozan vernos a los venezolanos sufrir por dos y tres horas bajo el sol y la lluvia para garantizarnos la despensa y a aquellos,bachaquerosbuhoneriles y acaparadores domésticos, acumular sus ganancias.

En este tránsito de hacer colas, colonas y colitas he observado entre nosotros, los tirios, y ellos, los troyanos, aspectos afines que nos unen en esa idiosincrasia que todos estamos de acuerdo queremos cambiar, pero claro, yo no, que lo haga el otro primero. Y que, de reconocerlo, nos evitaríamos quizás unos conflictos innecesarios, angustias, pretendidas rabias, incertidumbres y temores, que asoma Hinterlaces como estrategias psicológicas subversivas encubiertas que se quiere provocar enel seno de nuestro pueblo para provocar situaciones explosivas. Guerra avisada no mata soldado. Aquí van:

1.- Nunca estamos conforme.

2.- Criticamos al otro lo que nosotros mismos estamos haciendo.

3.- Escondemos la basurita debajo de la alfombra para que no se vea.

4.- Los revolucionarios queremos que todo cambie menos nosotros. Los opositores quieren conservar lo que tienen destruyéndolo todo.

5.- Somos cómodos y no nos importa pagar el doble con tal de satisfacer nuestras necesidades.

6.- Tendemos a justificar nuestros errores en lugar de reconocerlos.

7.- La franqueza, por ahí fumea. Hablamos pestes del otro pero en su presencia, chiito.

8.- Nos gusta hacernos los locos si algo le pasa al vecino. No creemos en aquella máxima si ves las barbas del vecino arder, pon las tuyas en remojo.

9.- Lo obvio no nos sorprende (que si hacemos cola es porque tenemos dinero). Pero le buscamos la quinta pata al gato (vamos a tumbar a Maduro para que no hayan más colas ni más dinero).

10.- Creemos que el dinero no se acaba. Y lo dilapidamos.

11.- Nos gustan los grandes cambios. ¿Y los pequeños?

12.- Nos encanta irnos por las ramas pero y ¿la raíz?

En fin que como diría un psicoanalista argentino exiliado en Cuba y entrevistado por Casa de las América en aquellos años 80 de la dictadura de Videla. Toda verdadera revolución es una psicoterapia a fuego lento…las explosiones se evitan si miramos adentro.



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Carmen Cecilia Lara

Profesora de comunicación social de la UBV

 sathya954@yahoo.com

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