En la historia política de Venezuela, los nombres de Cilia Flores y Delcy Rodríguez, así tan de repente han pasado casi desde el anonimato en convertirse en primeras figuras nacionales y con una proyección mundial que muchos políticos dedicados de por vida a esa actividad, quisieran.
Sus gestos sus palabras, son seguidas e interpretadas desde todo punto de vista, porque en circunstancia de opresión de sus personas y de su país representan, simbolizan, con su temple, su entereza, la columna vertebral de resistencia sosteniendo su mensaje de libertad sobre la tiranía del extranjero. En un escenario de asedio constante, su papel ha trascendido la gestión pública para convertirse en un testimonio de sacrificio personal y valentía frente a presiones que quebrarían a voluntades con menos corazón.
Cilia Flores o La lealtad como trinchera
Cilia Flores o Cilita como siempre la llamaba Nicolás, aun en los actos más protocolares, un término que expresa la esencia de la pareja, es la que como expresa la famosa frase, mujer, compañera, amiga y amante. Una mujer que no solo acompaña, sino que milita en la causa, discute y aporta, con una visión que le dieron la definición de estratégica. Su trayectoria no se dio solo en momentos adversidad, sino en defensas jurídicas de los años noventa, y esa formación de abogada combatiente ha sido su escudo para proteger la figura presidencial. Es también hablar de la "Primera Combatiente"
El sacrificio de Cilia es, quizás, el más sincero y seguramente el más profundo. Decidir acompañar a Nicolás Maduro en los momentos de mayor violencia de la tiranía extranjera, lo cual se señala que impidió el asesinato del Presidente, requiere una estructura de personalidad y entereza emocional inmensa. Con ese gesto inconmensurable, acompañándolo a la incertidumbre y al infortunio, se convirtió en el soporte fundamental, el ancla en medio de la tormenta, sacrificando la seguridad personal por el compromiso con su compañero de vida.
Su valentía radica en la permanencia; estar allí cuando los riesgos son más altos, manteniendo la serenidad mientras el mundo exterior ejerce una presión asfixiante sobre su entorno familiar y político. Ejemplo para Venezuela, los venezolanos y el mundo. Tendrá que escribirse ese acto con letras de oro en los libros de historia.
Delcy vanguardia diplomática y prudente
Delcy Rodríguez encarna la valentía en la primera línea de fuego y orgullo de los venezolanos. Es la vanguardia audaz, la voz que no tiembla ante los centros de poder mundial., le ha tocado enfrentar a los poderes globales y a sus grandes personalidades opresivas con una lucidez aguda. Su labor en la gestión de un gobierno amenazado a actuar, por 150 barcos de la Armada feudal imperialista de Estados Unidos, ha sido por lo menos, titánica, al navegar un complejo laberinto de sanciones políticas, económicas y buscar soluciones para un país bloqueado. No está de más decir que ha enfrentado también el odio antinacional de los representantes de nuestro Country Club.
La presión sobre Delcy es diaria y muchos quieren que decaiga y se descompagine, pues ella representa la voz de Venezuela herida, para establecer el marco de legalidad que debe respetar la derecha terrorista, y alcanzar niveles de convivencia que permita el avance económico y comercial que necesitamos.
Todo esto hecho con una dignidad de dama, que desarma a sus detractores. Su sacrificio se mide en horas de trabajo inagotables y en la renuncia al descanso para garantizar la operatividad del Estado. Es una estratega que, con capacidad organizativa y facultad de mando, traduce la resistencia política en gestión económica, demostrando que la valentía también es una forma de inteligencia aplicada al bienestar común. Es la inteligencia en combate.
Y ante todas las contradicciones, intereses extranjeros y patrañas derechistas, mantiene su posición, Venezuela de primero.
Lo que une a estas dos mujeres es una mística y un amor por su país y su gente, por el ideal de Bolívar, Chávez, Maduro, con un trabajo que ignora el desánimo. Ambas viven bajo el microscopio de la opinión pública mundial, enfrentando ataques que muchas veces cruzan la frontera de lo político para tocar lo personal. Sin embargo, su respuesta siempre ha sido la misma: mayor unidad, Venezuela de primero, organización, presencia popular.
Vivir bajo una presión de tal magnitud requiere un temple que pocos poseen. No se trata solo de ejercer el poder, sino de sostener la soberanía de una nación sobre sus hombros. La historia recordará a Cilia y a Delcy no solo por sus cargos, sino por su capacidad de permanecer de pie cuando las circunstancias exigían que se rindieran.
Su valentía es, en última instancia, un acto de amor a su país y de lealtad absoluta a sus principios, demostrando que en la Venezuela del siglo XXI, el liderazgo tiene rostro de mujer combativa. Pareciera que en una de esas jugadas la historia nos dijera con voz de mujer, Por Ahora.