De escenarios y disidencia en el proceso bolivariano


Nuevos escenarios políticos de trascendencia se le presentan al proceso bolivariano que requieren de una mayor audacia y de una compenetración con la teoría revolucionaria del socialismo con la finalidad de ir conformando una nueva correlación de fuerzas que permitan la construcción de un nuevo orden en lo social, lo político, lo económico y lo cultural en Venezuela. Uno de estos escenarios lo constituye, sin duda, cierta rebelión o disidencia (aunque sus efectos disminuyan los términos aplicados) dentro del chavismo que, desde hace algún tiempo, especialmente en época electoral, viene disputándole espacios a quienes ejercen control de las estructuras partidistas del MVR y sus aliados. Podría creerse que la misma posee un contenido ideológico que haría posible una revolución en la revolución, pero vistos de cerca sus personeros y circunstancias se comprende que ello no existe, que es una simple disputa por ambiciones políticas y personales insatisfechas y que se repite el viejo esquema del caudillismo y de las oligarquías cuando las bases populares eran marginadas del debate político y se les ataría con discursos demagógicos.

Lo interesante del caso es que el pueblo, en su gran mayoría, observa que esta confrontación entre chavistas no calza con los planteamientos hechos por el Presidente Hugo Chávez en el sentido de avanzar hacia la consolidación de la democracia participativa y la construcción del socialismo del siglo XXI. Al contrario de ello, ven que todo se reduce a un “quítate tú para ponerme yo”, sin que exista un mínimo respeto a las ideas ni siquiera un esfuerzo serio para que la prolongada transición en que se halla el actual proceso revolucionario comience a definirse ideológicamente, estimulando la organización, la participación y el protagonismo populares, de modo consecuente y sincero. Así, todo queda en proclamar quién es más chavista que el otro, pero sin aceptar o entender si son o no realmente revolucionarios y, menos, socialistas; lo cual hace que la correlación de fuerzas entre la revolución y la reacción se mantenga estable, en cierta forma, un poco inclinada hacia esta última, si evaluamos como reaccionaria la conducta de algunos gobernantes, funcionarios públicos y dirigentes que respaldan a Chávez, pero que se mantienen distanciados de sus palabras y comportamiento. Esto mismo hace que sectores opositores abriguen la esperanza en que sólo tienen que explotar el descontento popular generado por esta cohorte chavista ineficaz para socavar el apoyo legitimador ininterrumpido recibido por Chávez del pueblo y retomar el poder perdido. El problema que los frena en sus aspiraciones es la carencia de un proyecto de país que haga atractivos sus cantos de sirena y la credibilidad deteriorada de sus representantes, sobre todo, después de lo que hicieran durante el golpe de Estado de 2002.

A pesar de ello, otro escenario político comienza a tomar forma en el horizonte venezolano. Esta vez le corresponde a individualidades y grupos revolucionarios que están entendiendo que la dispersión, el sectarismo y el aislamiento no producen fruto alguno, que su actuación favorece grandemente a los sectores reformistas que están al frente de la conducción del actual proceso bolivariano y que se amerita iniciar un trabajo sostenido de organización y de formación ideológica entre las masas populares, sin que ello obedezca únicamente a una coyuntura electoral. Es necesario, por tanto, que estas individualidades y grupos revolucionarios busquen la manera práctica de articular esfuerzos que tiendan a ir fortaleciendo los logros hasta ahora alcanzados, de modo que se haga irreversible el proceso revolucionario al irse éstos multiplicando .gracias al empuje creador del pueblo. Sobre todo, la propuesta del socialismo del siglo XXI, ya que son los movimientos de izquierda, no los socialdemócratas o de derecha, quienes podrían nutrir, con mejor propiedad, dicha propuesta. Pero ello no se logrará de manera eficiente si no se construye, a su vez, la unidad revolucionaria, una unidad que surja al calor de las luchas reivindicativas del pueblo y que se planteé seriamente la toma del poder y el cambio estructural de la sociedad venezolana. De lo que se desprende es que, dentro del chavismo heterogéneo actual, pudiera surgir con ímpetu creciente una corriente verdaderamente revolucionaria, con una sólida formación ideológica socialista y una raigambre popular comprobada. Esta corriente revolucionaria es la que reclama cada día el Presidente Chávez, pero que se tarda en asumir frontalmente su compromiso histórico al debatirse entre éste y la adhesión resignada a las propuestas pragmáticas y electoralistas que maneja el reformismo.

En medio de todo esto, persiste la situación que hace transitar al pueblo entre murallas impuestas por la tradición y las instituciones de la democracia representativa y que impiden su crecimiento como sujeto social del cambio revolucionario, a pesar de que se proclama lo contrario, obviando la posibilidad cierta que este mismo pueblo se rebele de modo contundente y aleccionador contra las mismas, exigiendo una mayor y efectiva profundización del proceso revolucionario bolivariano.-



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Homar Garcés


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