Saramago y Jesucristo

“El Evangelio según Jesucristo”, es una de las novelas del escritor portugués José Saramago (1922-2010), Nobel de Literatura 1998, más controversiales y polémicas. Es un libro que ha sido catalogado, por los católicos, como blasfemo, aunque quienes lo critican se olvidan de que el autor no escribió un tratado doctrinario acerca del tema, sino una simple novela. El texto de Saramago busca reescribir la vida de Jesucristo, desde los episodios que son presentados en los evangelios canónicos, fabulando la historia y haciendo énfasis en los primeros años de la vida de Jesús de Nazaret.

Es importante hacer mención que estos evangelios canónicos, corresponden a los escritos neotestamentarios de carácter evangélico, que fueron escritos aproximadamente en el siglo I, y admitidos en el canon, o lista de libros aceptados por las Iglesias Cristianas en general, mucho tiempo después. Abarcan los tres evangelios sinópticos: Marcos, Mateo, y Lucas; y un cuarto, el Evangelio de Juan; estos evangelios se diferencian de los denominados evangelios apócrifos, unas setenta obras, que han llegado de forma completa o fragmentada, y cuya composición no se le atribuye inspiración divina.

La novela describe, si se puede dar una afirmación de este tipo, (aludiendo a lo que expresa sobre este género narrativo Mario Vargas Llosa, “historia de ficción que nada tiene que ver con la realidad”), lo que aprecia Saramago como la historia de Jesús, claro está, desde la licencia literaria de la ficción, tomando pinceladas de algunos detalles y escenarios presentados en los textos de la Biblia reconocidos como “palabra de Dios”. La obra comienza con una alusión a un Jesús en la presencia espiritual de Dios, unido a su nacimiento y anunciado, a través del misterioso personaje de un ángel; Jesús nace en una cueva, y tres pastores, incluido el "ángel", llegan a visitarlo. Jesucristo es anunciado en sueños por el profeta Miqueas, que, en consecuencia, motiva a Herodes a ordenar la matanza de los recién nacidos; José se enteró de aquel plan maléfico, a través de unos soldados en Jerusalén, y huyó a Belén para salvar a su hijo.

Saramago cuenta y fantasea el final de José, cuando Jesús llega a los doce años, siendo crucificado a manos de los romanos, que por error lo confunden con un rebelde zelote; desde la noche de la muerte de su padre Jesús hereda su pesadilla, y aún más, la carga de fe y convicciones que siempre su padre le inculcó. Jesús se acobija en los brazos protectores de María, su madre, y de ella aprende las historias prohibidas para aquellos días de amor y fe; crece al margen de su familia, entre los que ya no pueden vivir en paz por las persecuciones y hace su camino a Jerusalén, donde visita el Templo, de ahí a Belén. Cumple labores de aprendiz de un pastor y enseña a valorar el trabajo propio y a estar satisfecho con lo poco que tiene; finalmente, en la fábula de Saramago, Jesús se reúne con Dios en el desierto, el cual fuerza a Jesús a sacrificar su oveja favorita y le dice que tiene para él un destino; Jesús hace el camino de vuelta a casa a través del mar de Galilea, donde descubre un sorprendente talento para la captura de peces, y conoce y se enamora de María Magdalena; luego continúa de vuelta a casa a Nazaret. Saramago concluye su historia con un Jesús convertido en profeta de Dios, haciendo milagros y predicando una salvación que para el momento que se anuncia no se entiende. Se hizo detener a sí mismo, describe Saramago, en una maniobra para desbaratar el plan de Dios, y trata de destruir su propia credibilidad, intentando morir como hijo de José y no de Dios, diciendo a los sacerdotes: "Soy el hijo del Hombre". Éste es quizás el punto más crítico de la obra, el lugar común donde se expande ese sentimiento “anti-religioso” del autor (quien siempre se calificó de ateo); sin embargo, la novela termina con Jesús crucificado y percatándose de que en realidad no cambió nada en el plan de Dios, que al fin y al cabo se había hecho su voluntad.

En una entrevista en el 2005, Saramago dice: “El problema de la Iglesia es que necesita la muerte para vivir. Sin muerte no podría haber Iglesia porque no habría resurrección. Las religiones cristianas se alimentan de la muerte. La piedra angular sobre la que se asienta el edificio administrativo, teológico, ideológico y represor de la Iglesia se desmoronaría si la muerte dejara de existir. Por eso los obispos en la novela convocan una campaña de oración para que vuelva la muerte. Parece cruel, pero sin la muerte y la resurrección, la religión no podría seguir diciendo que nos portemos bien para vivir la vida eterna en el más allá. Si la vida eterna estuviera acá...” En estas palabras, Saramago muestra el sentido que marcó la esencia de su novela “El Evangelio según Jesucristo”, escrita en 1991; y ya al final de sus días, en una entrevista cedida en octubre del 2009, él muere en junio del 2010, a Ángel Darío Carrero (diario El Nuevo Día), Saramago desnuda su racionalidad confundida con su ficción literaria: “…Mi vida había sido rutina pura. A partir de los años setenta comienzo a escribir. Siento que está todo dicho ahí. Ahora bien, hay que añadir un hecho: soy ateo…” Y profundizando más expresa: “…Me parece absurdo pensar en un Dios que desde la nada ha creado todo. El problema surge a partir del momento en que alguien dijo: Dios existe. Luego tuvieron que dar razones para que quedara demostrado. San Anselmo ha elaborado unas cuantas, pero en verdad son totalmente ingenuas. No demuestran nada…Se necesita tener un altísimo grado de religiosidad para ser un ateo como yo. En el sentido etimológico, la religión es lo que une. Sabemos que estamos ligados al universo. Ahora bien, inferir que detrás de esta relación hay una causa primera me parece una afirmación gratuita sin base científica. A lo mejor hay dos dioses: uno que se llama física y, el otro, química…”

La postura de Saramago fue racionalista hasta la médula; no se trataba de “maldad”, sino de ingenuidad; no se plegaba a la vanidad humana del razonamiento, sino a la “vaguedad” de tanto razonamiento. Por ello, se puede leer “El Evangelio según Jesucristo” de dos maneras: como un legado de un ser temeroso que no consiguió respuestas en vida acerca de la fe y lo espiritual; o el legado de un ser cuyo intenso trayecto de razonamiento le impidió ver en la causa-efecto el principio de la caridad…


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Ramón E. Azócar A.

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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