Polémica sobre: el maldito y cochino dinero

 Recuerdo que un día, conversando varios camaradas sobre política, una señora, sin solicitar o darle derecho de palabra pero segura que goza de libertad de expresión en el gobierno del camarada Chávez, que vive del trabajo que Lenin denominaba “explotación de la economía doméstica”, mientras hacía un café nos dijo lo siguiente: “El rico se come lo que es del pobre”. Esa señora ni siquiera en su mente tiene la menor idea de economía política y si le hubiésemos preguntado si conocía a Marx, tal vez, la respuesta más segura sería: “Por mi barrio no vive ese señor”. Y, avanzando un poco en el interrogatorio, si la hubiéramos consultado sobre plusvalía, quizás, nos hubiese dicho: “No tengo ningún familiar que se llame así”.

 “El rico se come lo que es del pobre”. Mientras los grandes ideólogos del capitalismo vagaban en las tinieblas, el camarada Marx descubrió, nada más y nada menos, lo siguiente: “la plusvalía”. Y ésta significa que el capitalista, al explotar la fuerza de trabajo del obrero, lo hace trabajar una cantidad de tiempo que no le remunera. Pues, eso es lo que produce plusvalía. Eso se lo come el rico aunque pertenece al pobre.

Podrían los señores economistas, políticos e ideólogos de cualquier naturaleza dictarnos una cátedra de economía política donde nos puedan aclarar y convencer sobre las diferencias existentes entre el concepto de Marx sobre plusvalía y el de la señora de que “El rico se come lo que es del pobre”. Nadie dude que esa señora descubrió su concepto, sin tener que leer una sola línea de marxismo, mientras lavaba pisos, lavaba y planchaba ropa ajena, haciendo comida, arreglando cuartos y botando basura por el mísero salario que le paga, por su fuerza de trabajo, lo dueños del hogar donde presta sus servicios doméstico.

En uno de estos días visité a una pareja de camaradas que toda la vida han vivido prestando sus servicios como conserjes en un edificio en Caracas. Diariamente, son visitados por varios camaradas que allí toman café, comen y reciben el calor solidario de esa pareja de camaradas ya viejos y enfermos, pero siempre soñando y luchando por el socialismo. Lo cierto es que hubo una discusión y polémica sobre el capitalismo y su “maldito y cochino” dinero.

Mientras un camarada exponía su concepción sobre ese “maldito y cochino” dinero, la camarada (ya envejecida, enferma de tanto ser explotada como conserje) lanzó al aire, sin que nadie le pidiera opinión, la siguiente perlita en interrogante: “¿Expliquen cómo podemos vivir en este mundo sin ese maldito y cochino dinero?”. Todos los camaradas que estábamos presentes entramos en un tiempo de silencio, porque ninguno, los que más sabían y los que menos sabían de marxismo, podíamos darle una respuesta marxista o comunista que satisficiera su inquietud.

Conozco a la camarada hace décadas. Toda su familia ha sido comunista y luchadora por el socialismo. Jamás han disfrutado de prebendas personales. Sin embargo, aunque la camarada es comunista de los pies a la cabeza y de la cabeza a los pies, sabe que sin el “maldito y cochino” dinero es muy poco lo que se puede hacer en este mundo de capitalismo salvaje. Incluso, el socialismo es imposible construirlo sin ese “maldito y cochino” dinero. El socialismo no puede cancelar el salario a los trabajadores con chapitas o, simplemente, con granos de maíz o de trigo o con falsas promesas en el más allá. Y precisamente, debemos tener conciencia que podremos hablar del triunfo verdadero del socialismo no sólo cuando el Estado sea a medias, cuando haya perdido más de la mitad de su vigencia histórica sino, igualmente, cuando el “maldito y cochino” dinero empiece a dar prueba de la pérdida de su mágico poder. Eso significará, al decir del camarada Trotsky, que “… el socialismo, liberándose de fetiches capitalistas, comenzará a establecer relaciones más limpias, más libres y más dignas entre los hombres”. Agreguemos también, para evitar acusaciones de machismo, entre las mujeres y entre éstas y los hombres.

El socialismo –para construirse- requiere de un sistema monetario estable como el capitalino –para vivir y gobernar- necesita de los esclavos que le produzcan la riqueza. Existen dos palancas esenciales para poder llevar a cabo, de manera exitosa, los planes del socialismo: la política, cosa que debe tomar en cuenta la participación verdadera del pueblo en la dirección de sus asuntos y protegido por un régimen de auténtica democracia política; y lo financiero, caracterizado por un equivalente general que no es otro que una moneda estable. Y ésta es el “maldito y cochino” dinero.

En el capitalismo, todos los planes de trueque entre la población, serán siempre reducidos a una mínima expresión porque el “maldito y cochino” dinero estará contantemente atravesado, como duende martillando cabezas, muy solicitado por los bolsillos de los ofertantes y de los demandantes. Sin embargo, al fin al de la carrera o competencia entre el capitalismo y el socialismo, el trueque (por medios más sofisticados que en el pasado) reinará cuando el reino de la libertad supere con creces al reino de la necesidad.

El comunismo (segunda fase) es antagónico con el monopolio, con los fetiches capitalistas (entre ellos: el “maldito y cochino” dinero), con la explotación a la mano de obra asalariada, pero el socialismo no. Precisamente y en especial, en la transición del capitalismo al socialismo, el Estado debe hacerse propietario de todos los grandes medios de producción y está obligado, cuando lo permitan las circunstancias de orden internacional y nacional, en convertirse en el más poderoso monopolio comercial, productor, bancario, industrial y financiero para poder garantizar la construcción realmente socialista luego de haber pasado eximido el período de transición. Mientras eso no se concrete, tenemos necesariamente que luchar para de oruga convertirnos en crisálida porque de lo contrario jamás llagaríamos al nivel de mariposa. Con ello quiero decir que antes de los medios de producción transformarse en propiedad social debe ser convertida la propiedad privada en propiedad del Estado, es decir, lo que se conoce como estatalización. Y ésta se transformará en socialista en la medida que vaya dejando de ser del Estado para ser social.

Precisamente, gran parte de las crisis que sufre el capitalismo en este tiempo son de carácter financiero por falta del “maldito y cochino” dinero lo mismo que a la ausencia de él se deben las hambrunas que generan muertes por desnutrición y otros graves problemas sociales en el mundo. Y si hablásemos de guerras, el bando que no cuente con el suficiente “maldito y cochino” dinero no verá jamás la luz de la victoria.

La sabiduría de la gente de pueblo que no ha tenido acceso a la educación profesionalizada viene dada por la experiencia de la práctica social. Admiremos y valoremos que sus conceptos son en pocas palabras y no precisamente de científicos pero sabios al fin y al cabo con la exactitud asombrosa de las matemáticas en la política o en la ideología. Por eso es que las masas populares, en períodos de crisis política y en medio de su locura creadora, someten a crítica todas las ideologías que se disputan la supremacía del poder y, por ello, asumen la más revolucionaria de su tiempo. Mientras tanto, es cierto, será muy poco lo que podremos hacer sin el “maldito y cochino” dinero en el capitalismo.



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Freddy Yépez


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