Rupturas y secuencias

Un modelo económico centrado en las personas

Ahora que la alianza de las potencias industrializadas se ha propuesto revitalizar el sistema capitalista por medio de sus guerras de conquista a nivel mundial, sobre todo, al proponerse el control directo de los yacimientos gasíferos y petrolíferos tan necesarios para su estilo de vida, es importante que los diversos movimientos políticos y sociales enfrentados a la hegemonía del capital, tanto en nuestra América como en el resto del planeta, tengan muy presente la necesidad urgente de establecer un modelo económico centrado en las personas y la protección del medio ambiente más que en la ganancia de grandes capitales. Por ello es importante que tales movimientos generen un debate que desnude la perversidad intrínseca del capitalismo, así haya defensores que divulguen la creencia de una autoregeneración del sistema que luego redundaría en el bienestar de toda la sociedad.

En este caso, el actual extremado afán destructor del capitalismo ha reivindicado con creces al socialismo revolucionario como la alternativa para frenar sus desmanes y establecer en su lugar algo totalmente diferente que tenga como su principal base de sustentación el accionar de las comunidades organizadas en unidades socioproductivas autónomas, sumadas a una planificación económica de carácter nacional, de manera que su inserción en el proceso productivo tenga realmente un efecto transformador, tanto en las relaciones de producción como en las relaciones de poder, puesto que tal inserción implica también posesionarse de un papel político activo, participativo y protagónico. Esto, sin embargo, no es suficiente. Hace falta romper con los viejos esquemas de la división del trabajo, así como la propiedad social de los medios de producción donde los trabajadores tengan la oportunidad de tomar decisiones, tanto en su rol de ciudadanos como productores. Sin este último elemento cualquier cambio que se proponga no podría calificarse de socialista o revolucionario. Por consiguiente, éste representaría un cambio trascendental que marcaría el avance y consolidación del socialismo revolucionario en contraposición al capitalismo depredador.

Aún así, es de reconocerse que la construcción de un modelo económico basado en el socialismo revolucionario no resulta nada fácil. Sin embargo, algunas iniciativas -como la propiedad social de los medios de producción- podrían contribuir a ello. Como lo expone Michael Lebowitz en su obra El camino al desarrollo humano, ¿capitalismo o socialismo?, “la propiedad social de los medios de producción es fundamental porque es la única forma de garantizar que nuestra productividad comunal y social sea dirigida hacia el libre desarrollo de todos en lugar de utilizarse para cumplir los objetivos privados de los capitalistas, grupos de personas, o burócratas del Estado”. Lograr este cometido revolucionario envuelve comprender que no se trata de una simple propiedad estatal, como lo anticipan los apologistas del capitalismo en base a la experiencia distorsionada de la URSS, sino trascender el marco tradicional de la democracia representativa, haciéndola participativa y protagónica, un elemento primordial que no puede obviarse a la hora de hablar de socialismo, menos cuando se trata de un nuevo tipo de economía dirigido a satisfacer las necesidades básicas de las mayorías.-
*Maestro ambulante.


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Homar Garcés*


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