(El costo real de una mercancía capitalista)

Conozcamos la Depreciación Burguesa, Parte II [i]

1.-Contabilidad burguesa actual

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Depreciaciones + salarios +materias primas + (alquileres, energéticos, lubricantes, otros) + ganancia = Costo fabril para su venta

2.-Contabilidad burguesa sugerida

Salarios + materias primas + otros) + Ganancias = Costo fabril para su venta

3.-Contabilidad real burguesa sugerida para su adopción universal

 Salarios +plusvalía +materias primas +otros = Costo real para su venta

En la Contabilidad 1 observamos que es costumbre burguesa cargar indebidamente en el precio de venta cada alícuota del valor de las depreciaciones sufridas por algunos medios de producción.

Como venimos denunciando[1], tales desgastes y tal valor de cambio por ese concepto, añadidos al precio de las mercancías, es una estafa que sufre el consumidor porque el comprador nada recibe del valor de uso de las herramientas y maquinarias en general que utilice el fabricante para incrementar la productividad de los asalariados y el rendimiento de su empresa.

La utilidad o el valor de uso comprado que   brinda la mercancía con semejantes instrumentos complementarios de la mano de obra viva es la misma que se obtendría con la mercancía producida por otra empresa que sea menos tecnificada o que sólo emplee mano de obra durante el proceso productivo[2].

Recordemos que la relación entre un valor de uso, cargado de valor trabajo o producido por el trabajo, y su valor de cambio debe ser biunívoca, vale decir, según sea uno cualquiera de esos dos valores, así será el otro. Quede claro que los medios de producción instrumentales, fijos y depreciables, no mejoran la calidad de los valores de uso, y sí la calidad de la mano de obra que los usa, pero esta nueva y mejorada calidad manual se refleja con una mayor productividad  que, lejos de sumar valor de cambio, lo resta.

En esa misma Contabilidad I aparecen   costes de alquileres, lubricantes y energéticos, sobre algunos de los cuales hacemos las mismas observaciones anteriores y condenamos como componentes indebidos del precio de venta. En general, la mayoría de esos medios ni siquiera son costes constantes, aunque sí representan un capital constante necesario por el capitalista para poder explotar con mayor éxito al asalariado.

Dejamos salvo el alquiler de almacenamiento de las materias primas, y   aquellos otros costes constantes necesarios para la conservación de las mercancías semiterminados   durante el proceso de su metamorfosis en nuevos valores de uso.

  Se trata de medios de explotación (no medios de producción) que “sirven” al capitalista para achicar su tiempo de trabajo necesario[3] y alargar el trabajo excedentario, con lo cual, aunque lo niegue, aumenta la plusvalía. Ninguno de esos medios transmitan   utilidad al producto final, ya que, por el contrario, la destruyen cuando ayudan a acrecentar el valor útil de la fuerza de trabajo que, bien miradas las cosas, reduce el valor unitario de cada mercancía. El capitalista añade este capital constante de explotación   para justificar su inversión por ese concepto y cubrir la pérdida que sufre con su desgaste durante el tiempo de uso.

   En fin, las depreciaciones y los energéticos, lubricantes, afines y alquileres podemos considerarlos parcialmente como costes capitales de explotación, como lo son los costes publicitarios, muy diferentes todos ellos a los verdaderos costes de producción.

 

La ingente riqueza que ha acumulado la burguesía empleadora no sólo ha provenido de la explotación de la plusvalía del asalariado en sus fábricas, sino, además, del robo que practica cuando le imputa al precio de venta el valor de las depreciaciones y otros insumos de esos medios mal llamados de producción, y sobre los que aspira generar una renta.

En la contabilidad 2 se sugiere que los capitalistas no carguen las depreciaciones ni otros costes de explotación, y los descuenten de esas   ganancias que ellos suponen provienen del mercado.

En la Contabilidad 3 ofrecemos la base para el cálculo del Producto Interno Bruto con ganancias fabriles y no mercantiles.



[2] Carlos Marx, El Capital, Libro Primero, Cap. VIII. Aquí, Marx dejó pasar esa imprecisión cuando imputó como coste de la mercancía a los “husos” del telar, la “máquina de tejer” y el “yunque”, energéticos, etc. Lo hizo porque así opera la Contabilidad burguesa que estaba describiendo. También con ello buscaba demostrar que esos medios de producción no podían agregar más valor que el de su propio coste de compra            .

[3] Carlos Marx, Obra citada, Cap. I.



[i] Hemos venido creando la serie de entregas virtuales sobre Economía Científica Política, y sobre Economía Vulgar, bajo la envolvente denominación de: “Conozcamos” y afines. Su compilación posterior la llamaré. “Conozcamos El Capital”, un proyecto de literatura económica cuya ejecución se mueve al ritmo y velocidad de los nuevos “conozcamos” que vamos aportando y creando con la praxis correspondiente. Agradecemos a “aporrea.org”, a su excelente y calificado personal, “ductor” y gerencial, toda esa generosa puerta abierta que nos vienen brindando, a mí,   y con ello a todos los lectores virtuales del mundo moderno.

marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M.


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