Revolución Bolivariana y acumulación originaria en la Venezuela petrolera

En el transcurrir de nuestra guerra de independencia se produjeron dos fenómenos históricos que van a tener una significativa importancia durante el periodo de nuestra vida republicana: nos referimos al proceso de transferencia de la propiedad territorial, hecho que ha sido estudiado por la historiografía criolla, y la sustitución de la iglesia como poder ideológico de Estado por la Institución Armada, que desde aquellos años aurorales de la República, devino en la expresión definitiva del poder político en Venezuela hasta el día de hoy. Este  segundo fenómeno no ha sido atacado por nuestros historiadores con la dedicación que merece1. La presencia de militares al frente del Poder Ejecutivo ha sido aplastante durante el siglo XIX y XX. Con el advenimiento de la renta petrolera, sobre el binomio Ejército-Petróleo ha descansado la ecuación política de este país.

El legado histórico de la guerra de independencia y de la Federación se concretó en la preeminencia del militarismo en la vida nacional y la presencia de las clases humildes en la institución armada. Por consiguiente, desde la Independencia, no hemos tenido acá un ejército oligarca o racista,  tal cual lo conocemos en las naciones de Suramérica. Durante el siglo XIX con el fenómeno del Caudillismo, las montoneras militares eran los ejércitos privados de los grandes terratenientes, pero con la centralización del poder impuesta por los andinos, la existencia de ejércitos privados se evaporó. A partir de entonces, apareció una institución armada de carácter nacional que poco a poco fue adquiriendo conciencia institucional. La tríada Jefe-Ejército-Administración impuesta por Juan Vicente Gómez que estabilizó definitivamente el Estado en estas tierras, también sirvió para que nuestro ejército formado por el Gomecismo, se estrenara combatiendo a un sector de nuestras clases dominantes: los latifundistas que intentaron desestabilizar al Gomecismo en sus primeros años y que los historiadores han denominado como la oposición oligárquica a la dictadura gomecista. Al mismo tiempo, el ejército gomecista fue el pivote fundamental en la entronización de las relaciones capitalistas de producción, al servir de apoyo al capital extranjero explotador de nuestros yacimientos petroleros, así como también, a los intereses de la oligarquía mercantil-financiera. El aparecimiento de un Estado inmensamente rico dueño de la renta petrolera y una sociedad económicamente débil, le concedió al Estado venezolano una gran autonomía política, cuestión que se reflejo en la institución armada, y dio inicio al proceso de acumulación originaria de capital en la Venezuela rentista, o sea, a la transferencia sin contrapartida de los proventos petroleros hacia los bolsillos privados para ser convertidos en capital que se valoriza.  La transición marcadamente pacifica de la dictadura hacia la democracia liberal, sin poner en cuestión el proceso de acumulación originaria en este país, estuvo garantizada por este ejército como exponente del poder en Venezuela.

Entre 1945 y 1958, el país se vio favorecido por una inundación de petrodólares, originada por la recuperación económica de la segunda postguerra en los países centrales, así como también, por los efectos rentísticos ocasionados por la Ley Petrolera de 1943. Las estadísticas nacionales  dan cuenta de un proceso económico interno de carácter aluvional que se vivió en la década de los años cincuenta, donde la burguesía imperialista y la oligarquía interna amasaron grandes sumas de plusvalor. El Postgomecismo, el Trienio Adeco  y la Dictadura Perezjimensita impusieron un agresivo capitalismo de estado, dando continuidad al proceso de acumulación originaria, que si bien benefició a las clases dominantes internas, también permitió que un reducido grupo dentro del ejército se apropiaran de astronómicas sumas de dinero, a través del expediente de la corrupción administrativa. No debemos olvidar que la solución de continuidad que los militares dieron al Trienio Adeco se debió a una diferencia sustancial  en cuanto al destino de la renta petrolera; los adecos querían potenciar el Gasto Social y los militares con su visión desarrollista de la economía,  pretendían incrementar exclusivamente la inversión pública en infraestructura. Sin embargo, aun cuando el poder ejecutivo fue monopolizado por el Ejército, no toda la oficialidad fue premiada con los petrodoláres, lo que fue quebrando la unidad monolítica de la institución y preparó el escenario para darle solución de continuidad al perezjimenismo. No obstante, la experiencia desarrollista/keynesiana  del Perezjimenismo, sembró en la oficialidad criolla la idea de que también en el Ejército se podía sembrar el petróleo.

Con el advenimiento de la democracia representativa, fenoménicamente, el poder se vio permeado por los elementos civiles, sin embargo, la preeminencia del Ejército se profundizó más aun en la política venezolana, cuando la institución armada fue el albacea de esta democracia frente a los embates de la extrema derecha nacional e internacional y de la izquierda criolla,  incitada por el éxito de Revolución cubana. Con el Puntofijismo, el Gasto Social llegó a ser la palanca que continuo generando una poderosa clase media, los sectores asalariados vieron crecer su poder adquisitivo, la burguesía siguió su raudo proceso de valorización del capital y el Ejército vio acrecentada su tajada de la renta petrolera, pues, unos de los grandes logros del betancurismo fue incrementar el presupuesto militar y democratizar la corrupción en la alta oficialidad de la institución armada, haciendo participe de la torta rentista a los  componentes de las Fuerzas Armadas: La  infantería, la Armada, La Guardia Nacional  y la Aviación. Los gobiernos de la Cuarta República defendieron el capitalismo de Estado, pues, les garantizaba su  clientela política y favorecían  a la burguesía en la medida que las empresas públicas trasegaban recursos rentísticos hacia las empresas privadas. La acumulación originaria de capital se profundizó durante los años de predominio adeco-copeyano.

A partir de 1976 con la nacionalizaciónas petrolera,  se van a producir en el escenario nacional una serie de eventos politico-económicos que pusieron en cuestión, los fundamentos del capitalismo de estado practicado por gobiernos dictatoriales y democráticos, así como también,  al alcahueteado proceso de acumulación originaria. Tales eventos fueron provocados por la llamada Reacción Conservadora que ocurrió en los países centrales del capitalismo.

 Hacia mediados de la década de los años setenta y como producto de la llamada Crisis Energética, la tasa de ganancia en el capitalismo desarrollado se vino a pique, prendiendo las alarmas en los intelectuales orgánicos del capital avanzado. Los capitanes de empresa y sus ideólogos representados por la Comisión Trilateral o Grupo Bilderberg, llegaron a la determinación de acabar con el Estado Paternalista en todo el orbe capitalista,  buscando abrirle todas las ventajas posibles a la acumulación de capital. La consigna de “más mercado y menos estado” había alcanzado carta de ciudadanía y recibió el apodo de Neoliberalismo. En ese orden de ideas, el capital financiero internacional inició una ofensiva planetaria tendiente a hacer retroceder las conquistas históricas de la clase obrera, así como también, los logros que en materia de comercio internacional habían alcanzado países productores/exportadores  de materias primas tales como los de la OPEP. La privatización de los recursos naturales a nivel mundial y la quiebra de las soberanías nacionales se pusieron en la agenda de las empresas transnacionales, cuestión que se vio favorecida por la caída del Socialismo Real en 1989. Esta receta de política económica que desde aquel año se denominó el Consenso de Washington, se acompañó con toda una avalancha ideológica donde se satanizaba la intervención económica del Estado, se legitimaba la disciplina fiscal y se llamaba a reducir el gasto social hacia las clases más desfavorecidas del desarrollo capitalista. En América Latina, la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, fue el primer gobierno que en este continente le suministros a sus connacionales tan amarga receta, después del cruento golpe de estado que acabó con los sueños de redención social representados por el gobierno de Salvador Allende.

En lo referente a Venezuela, los primeros ecos de la llamada Reacción Conservadora o Neoliberalismo se dejaron oír en el interior de la empresa petrolera recién estatizada. En 1978 Juan Pablo Pérez Alfonso comenzó a denunciar la agenda privada de PDVSA que según su criterio, se estaba divorciando de los objetivos del gobierno socialdemócrata dirigido por Carlos Andrés Pérez; se refería fundamentalmente a la política de la empresa petrolera destinada a minimizar la presencia del Ministerio de Energía y Mina como órgano rector de la política petrolera nacional. En 1983, después del  Viernes Negro, el gobierno de Luis Herrera Campins dispuso de 5000 millones de dólares que PDVSA tenia ahorrado en el exterior, motivo por el cual, la alta gerencia de la petrolera nacional decidió implementar una serie de acciones conducente a salvar –según ella- la compañía de la voracidad fiscal de  estado manirroto y corrupto. Tal política se denomino la APERTURA PETROLERA; lo que no fue más que el inicio de todo movimiento político-económico  tendiente a la privatización del negocio petrolero con la bendición del capital trasnacional y de los gobiernos de los países imperialistas, empeñados en suministrarle a los países tercermundistas la receta neoliberal. Los primeros efectos internos de la Apertura Petrolera  fueron: la revisión del marco jurídico en el que se desenvolvía la cuestión petrolera, para ir privatizando aspectos vitales del negocio y la reducción máxima de la contribución fiscal de PDVSA. Tal política llevó a que de ahora en adelante, el petróleo se sembrara en el petróleo, o sea, en la propia empresa estatal pero en sus filiales que iba adquiriendo en el exterior. Hacia el exterior, además de la internacionalización de la empresa, se puso en práctica una política asentada en los volúmenes de petróleo exportado, en oposición a la política de precios que el país venía implementando, siguiendo las directrices del OPEP. En consecuencia, los resultados de esta estrategia de la Alta Gerencia de PDVSA, no se hicieron esperar: 1) Drástica reducción de la renta petrolera y del ingreso fiscal petrolero; 2)La conducción de la política petrolera estatal pasó del MEN a PDVSA; 3)La mayor parte del ingreso petrolero del país se destino al crecimiento de la empresa petrolera en el exterior; 4) Se dictaron leyes que permitían la participación mayoritaria del capital privado en la industria petrolera(Ley del Gas); 5)La Alta Gerencia inició un ataque bestial contra la OPEP, buscando que el país se saliera de esta organización por considerarla contraria a sus interese privatizadores; 6) PDVSA adquirió en el exterior refinerías y empresas de servicio que no reportaron ni un dólar de ganancia en los años ochenta y noventa del pasado siglo; 7)A través de convenimientos con las universidades nacionales, PDVSA logró que se excluyera la cuestión petrolera de los pensa de estudio tanto de pregrado como de postgrado; 8)PDVSA se convirtió en un estado dentro del estado venezolano con una agenda totalmente divorciada de los intereses nacionales, o sea, de ahora en adelante, la empresa estaría a salvo de los políticos de turno (entiéndase AD y COPEY) y sólo respondería a los interese de la alta meritocracia representada por el movimiento del los gerentes; en otras palabras, el movimiento desnacionalizador del petróleo que comenzó a implementarse desde el primer día de la nacionalización comenzaba a dar sus frutos en firme.

La implementación de la nueva agenda de PDVSA cambiaba radicalmente las reglas del juego político-petrolero que el país se había dado en los últimos sesenta años. En primer lugar porque el Estado se debilitaba económicamente mientras su compañía petrolera engordaba en activos adquiridos en el exterior; la manifestación evidente de la debilidad fiscal del Estado venezolano,  provocado por la alta gerencia petrolera,  fue el famoso Caracazo de 1989. En segundo lugar, la democracia puntofijista entro en barrena al cercenársele su yugular económica, o sea, la renta petrolera y, lo que fue más grave aún, los partidos AD y COPEY, recibieron un castigo político contundente de parte de los votantes, abriéndole el camino a fuerzas políticas emergentes. En tercer lugar, la acumulación originaria se restringía exclusivamente al círculo de PDVSA y sus contratistas nacionales e internacionales. El ejército que venía siendo beneficiario de la acumulación originaria desde los tiempos del Gomecismo, vio que sus proventos petroleros se volvían humo ante la nueva estrategia petrolera de PDVSA. Por ultimo, la lucha de clases que en la Venezuela petrolera estuvo de bajo perfil dado el inmenso poder corruptor del Estado, de repente adquirió nuevos bríos, expresando las clases explotadas su cuestionamiento al orden establecido, mediante la denuncia de la llamada corrupción administrativa.

Al romperse el binomio ejército-petróleo que había dado vida al capitalismo de estado asentado en la renta petrolera, en el ejército venezolano se produjo la reacción a la nueva estrategia de PDVSA. La institución armada era el garante de la reproducción de las relaciones capitalistas de producción en el país y la meritocracia petrolera de un plumazo la dejaba fuera de la repartición del pastel con su política de sembrar el petróleo dentro del petróleo. Fue así como para los años iníciales de la década del ochenta, se constituyó dentro del ejército un movimiento político conocido como el MVR-200, de perfiles nacionalistas que buscaba volver al esquema económico-político  que PDVSA cuestionaba,  pero con algunas modificaciones de fondo, a saber:

1.-Defensa a ultranza de la propiedad nacional sobre los recursos naturales.

2.-Custionamiento a fondo de la clase política del Puntofijismo, por considerarla beneficiaria de la corrupción administrativa y por alcahuetear el proceso de la apertura petrolera.

3.-Defensa de la soberanía nacional fundamentada en el pensamiento bolivariano, como palanca ideopolítica para defender una estrategia petrolera tendiente al incremento de la renta.

4.-Dado el nivel de incremento de la lucha de clases, se buscó soldar una alianza con las clases humildes del país, para darle piso político a la nueva reedición del capitalismo de estado impulsado desde el Ejército. En esto contribuyó mucho la experiencia Perezjimensita que intentó sembrar el petróleo dentro de la institución armada,  pero se divorció de las grandes masas explotadas, lo que se convirtió en una variable fundamental de su caída. Pero además, El Caracazo demostró que sin el concurso popular, la reedición del capitalismo de Estado desde el Ejército era inviable.

5.-Cuestionamiento profundo a la burguesía venezolana por considerarla aliada del imperialismo que intentaba  apoderarse de los recursos naturales del país.

6.-Estatización de la mayor cantidad posible de empresas privadas a fin de revitalizar el capitalismo de estado y de esta manera, hacer que la acumulación originaria volviera beneficiar a la alta oficialidad bolivariana.

7.-Una política exterior independiente de los centros capitalistas desarrollados, aliada a los países del Tercer Mundo y sobre todo, potenciadora de todas aquellas organizaciones internacionales que buscasen la defensa de los recursos naturales,  proveedores de renta del suelo,  tales como la OPEP.

De esta manera, en los inicios de los años ochenta en PDVSA y en el Ejército se constituyeron dos grandes fuerzas políticas que dieron vida a la política nacional de los últimos treinta  años y que buscaban propósitos estratégicos diferenciados. La meritocracia petrolera se afincó en lograr para Venezuela un capitalismo divorciado de la renta petrolera y seguidor de las recetas neoliberales que venían de los centros metropolitanos del capital. Los militares del MVR-200, buscaban un capitalismo de estado afincado en la maximización de la renta petrolera que les permitiera profundizar el proceso de acumulación originaria dentro del ejército, o sea, sembrar el petróleo dentro del Ejército, y a la vez, permitiera una política clientelar que pusiera las clases humildes del país a favor del remozado capitalismo de estado impulsado desde la institución armada.

Vistas así las cosas, para la meritocracia petrolera el enemigo a vencer en las primeras de cambio fue el fuerte capitalismo de estado que se hacia instaurado en Venezuela desde los tiempos del López Contreras, así como también las fuerzas políticas que había medrado de este tipo de capitalismo, o sea AD y COPEY. Desde los grandes medios de comunicación controlados por la burguesía criolla se inicio un despiadado ataque al llamado Estado Paternalista, acusándolo de manirroto, mal administrador, corrupto y castrador de la iniciativa privada. Para los militares del MVR-200 los enemigos eran las llamadas fuerzas vivas del Puntofijismo: partidos políticos, la Iglesia, Fedecámaras, la CTV, la meritocracia petrolera, grandes medios de comunicación, el imperialismo, etc.

Los sucesos de 1989 denominados mediáticamente como El Caracazo y las intentonas de golpe de Estado de 1992, le dieron a esta oficialidad rebelde liderizada por Hugo Chávez el pulso del momento político del país. Captaron no solamente el agotamiento histórico de los llamados partido puntofijista, sino que también, advirtieron que el pueblo andaba en búsqueda de un líder con perfiles de redentor social. El Caracazo evidenció precisamente la gran frustración y rebeldía del pueblo frente al las deficiencias del capitalismo rentista, así como también, la ausencia de un liderazgo que condujera al pueblo hacia las metas anheladas de superación de su miseria. Pero además, la gente nucleada alrededor de Chávez captó que al Puntofijismo podía vencérsele con sus mismas armas electorales y, esto si fue un estacazo mortal para las fuerzas políticas de la democracia representativa.

El nivel crítico de lucha de clases que se manifestó en el país,  a partir de la imposición del recetario neoliberal, impuesto por la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, tuvo como escenario la llamada antipolítica, o sea, el descreimiento del pueblo en la política y los políticos tradicionales,  como canales efectivos para la solución de sus demandas sociales; pero al mismo tiempo, también se hizo evidente,  la carencia de una propuesta anticapitalista válida, pues, el socialismo estaba de capa caída dada las abortadas experiencias chilena y soviética. Ausencia de líderes y  carencia de una nueva utopía libertaria y redentora acompañaron la lucha de clases en la Venezuela de los años ochenta y noventa de la pasada centuria. Tales circunstancias a nuestro entender,  van a provocar un doble apoderamiento político en el movimiento popular que insurgía frente al capitalismo rentista: si bien es cierto que de una parte, el carisma de Chávez penetró en el alma popular, de otra parte, el pueblo se apoderó de su liderazgo para marcar el paso de los hechos políticos del futuro inmediato. El radicalismo popular excedía al radicalismo político propuestos por los oficiales del MVR-200. Posiblemente el fenómeno del Ayatola Jomeini en Irán a la caída del Sha, sea el antecedente más inmediato de este fenómeno político.

El apoderamiento de la figura de Chávez por parte del movimiento popular tuvo efectos electorales catastróficos para el Puntofijismo, pero al mismo tiempo,  convirtió al Comandante en una figura solar que no admitía competencia de ninguna especie, lo que en el desarrollo de la lucha de clases, va a tener efectos contraproducentes para el logro de los objetivos políticos de las clases explotadas del país. El éxito electoral de Chávez en 1998 obedeció a la mengua política del bipartidismo adeco-copeyano,  como producto de la estrategia petrolera de la Meritocracia Petrolera que le cercenó la arteria económica al Estado, llevando la contribución fiscal de PDVSA a límites mínimos desconocidos hasta entonces, lo que decretó la reducción máxima  de la clientela política de esas dos organizaciones políticas.

En los años transcurridos entre 1999 y 2010, con el MVR-200 y sus aliados civiles ya instalados en el poder, algunos analistas políticos ven dos momentos diferenciados en lo que se ha dado en llamar la Revolución Bolivariana: el primero, denominado pre socialista, comprendido entre 1999 y 2007, cuyas características las resumen muy bien Víctor Álvarez al afirmar que:

“…es la política económica bolivariana la que sostiene los procesos de acumulación y reproducción del capital. Incluso, la inversión social de la renta petrolera, a través de las Misiones sociales, contribuyó a activar una válvula de escape para aliviar la conflictividad laboral y a crear mejores condiciones para la acumulación y valorización del capital. Gracias a la inversión social de la rente petrolera, el capital encontró una fuerza de trabajo con mayor grado de instrucción, calificación y servicios gratuitos de educación y salud que complementan y compensan el precario salario que devengan los trabajadores del sector capitalista, liberando así a los patrones de la presión sindical para lograr mayores aumentos salariales y beneficios laborales”2

Pero además de la inversión social materializada en las misiones, la política económica bolivariana de los comprendidos entre 1999 y 2007, se afincó en una agresiva política petrolera potenciadora de los proventos rentísticos y defensoras de los lineamientos estratégicos de la OPEP. Por consiguiente, en estos primeros años el gobierno bolivariano se orientó a la reedición del capitalismo rentístico, donde obviamente el proceso de acumulación de capital se vio favorecido y sobretodo, la acumulación originaria alcanzó niveles desconocidos, dada la corrupción administrativa generalizada, apuntaladora de lo que se ha dado en llamar boliburguesía. En atención a lo expuesto, es fácil deducir que el MVR-200 y luego, su versión civil, o sea, el PSUV, tuvieron como pecado original, la quiebra del Puntofijismo político y le repotenciación de la acumulación originaria petrolera en el Ejército, pero de ningún modo se plantearon llevar a cabo una revolución socialista.

En la medida que el enfrentamiento se fue agudizando entre el movimiento bolivariano y la derecha puntofijista, que dio por resultado jalones emblemáticos como el golpe de estado del 2002 y la huelga petrolera de 2002-2003, al Comandante Chávez se le fue aclarando el panorama ideopolítico y posiblemente influenciado por Fidel Castro, llegó a la conclusión que el combate con las fuerzas del capital nacional e internacional, reclamaba una plataforma teórica que le permitiera descalificar al poderoso enemigo que se les enfrentaba. Fue así como hacia el segundo lustro de la primera década del presente siglo, el Presidente Chávez comenzó a utilizar un lenguaje político que reeditaba categorías marxistas consideradas en desuso como imperialismo, lucha de clases, explotación, socialismo, etc. Esta retórica socialista va a encontrar carta de ciudadanía en el 2007 cuando se sancionó el Primer Plan Socialista de la Nación. Sin embargo, desde aquel año hasta esta fecha, lo que hemos visto en ejecución es un socialismo rentista caracterizado por una política asistencialista y por una agresiva estatización de empresas y tierras privadas. La anhelada propiedad socialista de los medios de producción, o sea, el apoderamiento por parte de la clase trabajadora de los medios de producción sigue siendo una quimera en estos tiempos bolivarianos. Pero lo que es más grave aún, es el propio gobierno bolivariano el actor político que en primera instancia se ha opuesto a marchar por el camino del socialismo redentor.

Esta retorica socialista sostenida por el máximo líder de bolivarianismo actual está preñada de aporía, cuando al mismo tiempo que se sataniza al capitalismo interno representado por FEDECAMARAS y a su aliado el imperialismo internacional, por otra parte, se acepta como política y socialmente saludables el capitalismo ruso, el iraní y el chino. En tal sentido podemos afirmar que en la Venezuela del presenta se enfrenta tres proyectos políticos antagónicos: el proyecto neoliberal defendido por las viejas fuerzas vivas del Puntofijismo e imperialismo; la nueva versión del Capitalismo de Estado impulsado por la oficialidad bolivariana y el proyecto socialista, defendió por una corriente minoritaria dentro del PSUV, así como por grupos e individualidades anticapitalistas sin mayor poder y organización. Los dos primeros proyectos son antagónicos por cuanto la reedición del capitalismo de estado que propone le Revolución Bolivariana,  acarrea para el imperialismo efectos nada deseables para la acumulación de capital a nivel mundial como lo son: el incremento de la renta absoluta en la explotación de los recursos naturales, sobre todo, en tiempos de recesión económica mundial, elevando necesariamente la composición orgánica de capital en el centro del sistema y deprimiendo la tasa media de ganancia en esas mismas latitudes; el surgimiento de corrientes nacionalistas que dado en nivel de lucha de clases desatado por la aplicación del recetario neoliberal, fácilmente pueden derivar hacia posiciones políticas más extremas como la socialista; la erección de bloques económicos regionales, defensores de los interese de las burguesías nacionales tercermundistas que evidentemente restringirán el espacio económico a las empresas multinacionales del imperialismo;  por último, una nueva propuesta de capitalismo de estado presupone una revitalización del llamado Estado de Bienestar que las burguesías imperialistas se propusieron erradicar en todo el globo para reimpulsar el proceso de acumulación de capital con nuevos bríos. EL conflicto con la oligarquía venezolana, deriva de la reorientación que los militares bolivarianos le dieron a la distribución de la renta petrolera, al agresivo programa de estatización de la economía y a la estigmatización que Chávez decretó sobre esta clase social por ser beneficiaria directa, del capitalismo  rentista.

La resistencia que desde el propio gobierno bolivariano se viene oponiendo a la instauración de las llamadas relaciones socialistas de producción obedece entre otras razones a que:

1.-En el MBR-200 y luego  el PSUV, la agenda socialista era inexistente o estuvo defendida por un grupo en franca minoría.

2.-Muchos de los elementos civiles que luego se sumaron al movimiento bolivariano, eran gente comprometida con una salida nacional-revolucionaria que le diera al capitalismo venezolano un rostro humano pero jamás solución de continuidad, y además, furiosos defensores del nacionalismo petrolero. Otros venían de abdicar a un  marxismo mal digerido, ante la avalancha ideológica desatada por los intelectuales orgánicos del neoliberalismo.

3.-En el grupo militar originario las ideas predominantes eran el nacionalismo, el cuestionamiento a la corrupción administrativa, la redistribución de la riqueza petrolera, la soberanía nacional, etc.,  

4.-Para la oficialidad bolivariana,  el Ejército no podía ser comparsa en los procesos de apropiación de la renta petrolera por parte del capital nacional e internacional. Si en ellos se anidadaba el verdadero poder político, entiéndase el argumento de las armas y el monopolio de la violencia, entonces al Ejército le tocaba de ahora en adelante,  cambiar el menudo por la morocota.

5.-En el chavismo no se observa una concepción teórica que explique y operacionalice la transición del capitalismo rentista al socialismo

Estos elementos ideopolíticos de los líderes bolivarianos van a darle piso a la llamada derecha del chavismo que hoy señorea dentro de los aparatos del Estado y que se opone con vehemencia a la retórica socialista del Comandante Chávez. Por consiguiente, las misiones y planes que el Presidente anuncia, naufragan ante la resistencia que opone un gobierno que a diferencia de su líder, no comulga con recetas socialistas y lo que defiende es su interés de apropiarse de la renta  petrolera, vía la estatización maximizada de la economía nacional. En consecuencia, ya en el chavismo se observa una profunda grieta política provocada por la presencia de una derecha que cada vez se inclinará más hacia el altar del capital y que su futuro no puede ser otro que su alianza con las fuerzas capitalistas del Puntofijismo y una izquierda minoritaria en el aparato de Estado que cada vez será más excluida de las grandes decisiones nacionales. La renuencia a la formación e cuadros políticos socialistas opuesta por el mismo PSUV y la renuencia a discutir un Ley del Trabajo de Corte socialista son  síntomas  que anuncian la minusvalía política de esta opción. Ante esta realidad objetiva, es fácil entender la ineficacia del gobierno bolivariano que no solamente no resuelve los problemas sociales heredados sin que crea nuevos problemas sociales, llevando a las grandes masas comprometidas electoralmente con el proyecto bolivariano,  a un descreimiento o desengaño que en el porvenir inmediato pasará la factura al Comandante Chávez. La ineficacia gubernamental ha sido el expediente de la derecha chavista para impedir el avance del socialismo en las masas y para ir horadando centímetro a centímetro la figura carismática de Chávez. La aguda  lucha de clases que también atraviesa  al chavismo es la que explica como en este gobierno se dan directrices francamente emparentadas con el neoliberalismo, tales como prácticas anti obreras, universidades rojas-rojitas que no le pagan a sus profesores y carecen de los más elementales recursos para llevar a cabo una verdadera política de inclusión educativa, la negligencia ante problemas como la inseguridad, la corrupción, los servicios públicos, la languidez o entierro de las misiones, el cementerio de cooperativas, la esterilidad de las leyes habilitantes dadas al Comandante, etc. En otras palabras, lo que la derecha puntofijista y el imperialismo no han logrado contra la mal llamada Revolución Bolivariana, lo está logrando la derecha chavista con su expediente de ineficiencia gubernamental. Durante el periodo 1999-2007, las fisuras entre el Comandante Chávez y su gobierno no afloraron en toda su magnitud, dado que la derecha chavista necesitaba la figura carismática del Jefe Máximo para seguir medrando de los recursos financieros del Estado; pero en la medida que fue acumulando petrodólares, la presencia de un Chávez socialista en el poder, se erige como un contrapeso a los interese coyunturales y estratégicos de la Boliburguesia. El mismo Chávez está atrapado por la derecha de sus organización, debido a que en el priva mas la lealtad de los amigos y colegas que lo rodean que la claridad de un proyecto socialista; de allí que a muchos de sus funcionarios se les premie no por sus meritos alcanzados en la gestión pública, sino por los desatinos y entuertos provocados por su mala gestión. En consecuencia, su gobierno va de enroque en enroque como expediente para aliviar la ineficacia ministerial.

El panorama petrolero internacional que se anuncia con precios incrementados, amenaza a Venezuela con una nueva oleada astronómica de petrodólares, dándole oxigeno al capitalismo de estado defendido por la derecha chavista en su interés de apropiarse de la jugosa renta petrolera por venir. Si por el contrario se produjera u caída brutal delos precios petroleros, entonces asistiremos a los responsos de este proyecto bolivariano.

Para que el proyecto bolivariano avance hacia el socialismo no solamente se necesitan leyes ad hoc, sino también,  una organización política que viabilice tal propuesta. Consideramos que los dirigentes que comulgan con la idea socialista desde ministros, gobernadores, congresantes y alcaldes,  son francamente minoritarios en el PSUV y lo que es aun más grave, carecen de una teoría de la transición hacia el socialismo. Por consiguiente, el Comandante Chávez comienza a resultarle muy molestoso a la derecha bolivariana enquistada en el Estado, dado el nivel de acumulación originaria de capital que ha lograda amasar, por lo que se nos antoja que ante tales circunstancias, las elecciones presidenciales del 2012, se presentan bastante cuesta arriba para la permanencia del máximo líder del chavismo al frente de la primera magistratura. Aun mas, con el incremento de la votación contrarrevolucionaria observada en las elecciones legislativas del 26-09-10, la derecha chavista se ha envalentonado y ha pisado el acelerador de la ineficacia gubernamental,  con la finalidad de obligar al Comandante y a sus grupos de apoyo, a entrar por la ruta del reformismo político, abandonando las pretensiones socialistas, anunciadas desde el 2007, pues, es el reformismo, la propuesta política que según la Boliburguesia, viabiliza la continuidad del capitalismo de Estado fundamentado en el renta petrolera, manteniendo viva la acumulación originaria motorizada por la oficialidad bolivariana y sus invitados al festin. En ese orden de ideas, para quienes defendemos el credo socialista, no nos otro camino que matrimoniarnos definitivamente con la gran masa humilde del país; llevando la discusión de los grandes temas nacionales hasta el más mísero de nuestros barrios y llevando así mismo la universidad en la que creemos, hasta los confines más abandonados del territorio nacional. Empecemos expropiando el conocimiento de los intelectuales orgánicos de la burguesía y de las universidades elitistas, en otras palabras,  empecemos por el apoderamiento del conocimiento por parte de los trabajadores del país y la teoría revolucionaria brotará como monte silvestre.

……………………………

1.-LOPEZ Frank. La fenomenología del poder en Venezuela. Valencia. Universidad de Carabobo. 1999, Cap. IV

2.-ALVAREZ, Víctor. La transición al socialismo de la Revolución Bolivariana. http://www.aporrea.org/ideologia/n 171219.html.11-12-10

trompizvalles@hotmail.com



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Humberto Trompiz Valles

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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