(La relatividad en Marx y Einstein y el falso precio en la cesta petrolera)

Conozcamos el Valor de las Cosas

“El valor de cambio aparece primero como una relación  cuantitativa, como la proporción en que los valores de uso de distintos tipos se intercambian, y esa relación  se modifica constantemente con el tiempo y el lugar. En consecuencia, el valor de cambio  parece algo arbitrario y en todo sentido relativo, un valor de cambio intrínseco , inmanente de la mercancía, parece ser, como dice la escuela, una contradictio in adjecto [un contrasentido]…Una mercancía determinada , un quarter de trigo, por ejemplo,  se cambia en las proporciones más diversas por otros artículos. Pero su valor de cambio permanece inmutable, sea cual fuere la manera en que se lo exprese, en x betún,  y seda, z oro, etc. Por consiguiente debe tener un contenido (absoluto)  de esas diferentes expresiones. … Ese algo que poseen en común no puede ser una propiedad natural cualquiera, geométrica, física, química, etc., de las mercancías. Sus cualidades naturales sólo entran  en consideración en la medida  en que ofrecen una utilidad que las convierte en valores de uso. … En el intercambio, un valor de uso vale, con exactitud, tanto como cualquier otro, siempre que se encuentre en una proporción adecuada. … Como valores de uso , las mercancías son ante todo de diferente calidad, como valores de cambio sólo pueden ser de distinta cantidad.” . Tomado de Carlos Marx, El Capital, Libro Primero, Cap. I, § I.  (Puse los  paréntesis y ennegrillado).   

“La teoría de la relatividad incluye dos teorías (la de la relatividad especial y la de la relatividad general) formuladas por Einstein a principios del siglo XX, que pretendían resolver la incompatibilidad existente entre la mecánica newtoniana y el electromagnetismo.

La primera teoría, publicada en 1905, trata de la física del movimiento de los cuerpos en ausencia de fuerzas gravitatorias, en el que se hacían compatibles las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo con una reformulación de las leyes del movimiento. La segunda, de 1915, es una teoría de la gravedad que reemplaza a la gravedad newtoniana pero coincide numéricamente con ella en campos gravitatorios débiles. La teoría general se reduce a la teoría especial en ausencia de campos gravitatorios.

No fue sino hasta el 7 de marzo de 2010 cuando fueron mostrados públicamente los manuscritos originales de Einstein por parte de la Academia Israelí de Ciencias. El manuscrito tiene 46 páginas de textos y fórmulas matemáticas redactadas a mano, había sido ofrecido por Einstein a la Universidad hebraica de Jerusalén en 1925, con motivo de su inauguración en Palestina, entonces bajo mandato británico.”  Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_la_relatividad

   Ya a comienzos del último  tercio del siglo XIX, la literatura económica revisa  la relatividad del valor de las cosas, de la riqueza material, que se le venía atribuyendo  al valor de cambio. Para 1867 apareció “El Capital”, de Carlos Marx, y fue en esta obra donde se ventiló por primera vez el carácter absoluto o social y común del valor de  las mercancías en tiempo y espacio, y para todos los  modos de producción. Lo hizo a fin de  derribar cualquier vestigio de arbitrariedades en la apreciación y cuantificación de la riqueza y del valor de las cosas.

  Desde luego, no existe un  valor absoluto para las mercancías ni para los bienes ya que las fuerzas productivas no cesan en su movimiento o cambios espacio temporales. Es en este sentido que la relatividad aparente del valor trabajo tiene sentido. Es decir, Marx reserva  un valor relativo para el  valor de cambio en el tiempo y el espacio, que por cierto todavía no ha sido bien aplicado en las relaciones comerciales internacionales. Mucho menos  se aplica al reconocimiento de la transitoriedad del modo de producción capitalista.

   Cierto que en el comercio transnacional se maneja el criterio estadístico del valor de cambio absoluto, igualitario para todos los países involucrados. Es así cómo, por ejemplo,  se tasa el precio del petróleo extraído en el Oriente Medio al igual que el extraído en Venezuela, a partir de una cesta de  precios uniformante o absolutizante en su relación con el dinero (con el dólar), como si todos los países  agregaran el mismo valor trabajo a sus ofertas. Así se niega la verdadera relatividad del valor de cambio, puesto que su vez se niega su valor absoluto.

    Por el contrario, Albert Einstein  introdujo un carácter relativo para el movimiento que se consideraba absoluto, una suerte de extensión  inversa de una  concepción ya introducida, por lo menos en la ciencia de la Economía Política. Curiosamente, su teoría sobre la relatividad del tiempo y del espacio, cualidades inmanentes a la materia, la r. especial y la r. general, han tenido desde su presentación, a comienzos de siglo XX, una enorme acogida e implantación universal, a diferencia del gran rechazo que ha sufrido el carácter “absoluto” y  “relativo”  que descubrió Carlos Marx en materia de justipreciación de las mercancías.

   Marx parte de que el “valor” de los artículos mercadeables es la expresión  del trabajo humano materializado en ellos[1]. Se trata de un valor aparentemente relativo, cuando se comparan cantidades de bienes entre sí,  pero   mal puede tener “valor” alguno un bien  que carezca de valor intrínseco. Este  es el meollo de la cuestión económica marxista.

   En el caso de Einstein, su revolución en la Física tuvo   y sigue teniendo una extraordinaria acogida, y hasta hoy se admite sin discusión el carácter relativo del movimiento, del tiempo y del espacio. El tiempo y el espacio son las cualidades mensurables que tienen en común los diferentes tipos de materia, los diferentes elementos constitutivos del universo hasta ahora conocidos, cualidades que antes se consideraban  como absolutos. Antes de Einstein, el tiempo y el espacio parecían  tener vida propia e independiente. En cambio, la revolución de Marx en Economía Política no ha corrido con la misma suerte, puesto que se sigue negando tanto el carácter absoluto del valor trabajo, como el valor relativo   en tiempo y espacio que la mano de obra deposita en cada bien fabricado.  

   A la materia en general se la conoce bajo dos caracteres, cantidad y calidad. La Dialéctica Científica reserva las categorías de calidad y cantidad para explicarnos el cambio o movimiento de la materia. La prescindencia de una de estas cualidades sólo puede  servir  para fines analíticos. Cuando negamos el carácter absoluto del tiempo o del espacio, como lo hizo Einstein,    reconocemos la variabilidad de dichas cualidades, negada  hasta su llegada.

   Cuando Einstein relativiza las valoraciones espaciales y temporales mediante comparaciones entre   sistemas diferentes, no hace otra cosa que introducir cambios en el movimiento de los objetos   involucrados, ya que mal pueden cotejarse entre sí los objetos que se muevan con una velocidad igual y constante. 

Cuando Marx absolutiza el valor de cambio no hace otra cosa que  descubrir la verdadera relatividad del valor ya que  todos los bienes cuestan esfuerzos, y estos cambian  en cantidad de un bien a otro, por lo que su igualación responde a determinadas proporciones de trabajo.

Para armonizar con  famosa fórmula  E = mc2,  en Economía Política tendríamos la siguiente: V = v + c + pl  , para V = valor de cambio; v = salarios,   c = medios de producción y pl = plusvalor. Sólo así podemos conocer el valor de las cosas.





[1] Carlos Marx, El Capital, Libro Primero, Cap. I, § I, Íntegro.



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Manuel C. Martínez M.


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