Concepto de opinión i delitos de opinión

“La opinión es el hecho de tener

 una cosa por verdadera con la

 conciencia de una insuficiencia

 tanto subjetiva como objetiva de

 ese juicio”.

 Inmanuel Kant

(Crítica de la Razón Pura)

 Este pensamiento tomado de la más célebre e importante de las Críticas kantiana, hace alusión al estado de espíritu que consiste en pensar que una aserción es verdadera, pero admitiendo que nos engañamos tal vez al juzgar lo que es. En otras palabras que, aunque estemos a conciencia seguros de que decimos la verdad, tenemos que admitir que muchas veces nos equivocamos i no estamos tratando con la auténtica verdad de los hechos o acontecimientos. Por eso, el recurrir a la conciencia que es el reservorio de nuestros principios morales –de tradición o costumbres- i éticos, de estudio i reflexión, los hombres o personajes que se estiman cultos, instruidos i ciudadanos civilizados i demócratas, tienen la ineludible responsabilidad de pensar bien lo que se dice i con evidencias i pruebas irrefutables. Esa debe ser principalmente la actitud serena i ponderada de los políticos de oficio o los que incursionan en la vida política de un país civilizado.

 Sin embargo, la opinión pública, se refiere al juicio colectivo que se da sobre un hechos o hechos varios o creencias, en una determinada sociedad i que no implica necesariamente a la conciencia, sino a las razones que tienen los que comparten esta opinión o el rechazo o incertidumbre de los que tienen presente la posibilidad del error. Por eso la importancia de lo que piensa el pueblo que, obviamente es mayoría frente a los intereses particulares o de grupos. Hai por lo tanto oposición entre opinión i saber o pensamiento que cuando se materializa en preceptos, normas o leyes, es el barómetro para establecer la verdad que buscamos en conjunto para felicidad de todos. Por lo tanto, no le estoi dando como en los tiempos griegos un sentido peyorativo a la opinión (doxa), pero si dejar asentado que puede ser falsa opinión (por error humano o voluntario) i lamentablemente en la política de nuestros tiempos, la oposición irracional venezolana, el error de opinión, el falsear los acontecimientos, el mentir a propósito como definía Voltaire a la política, es la regla en el lenguaje diario o cotidiano. Por esto, el comunicado o mensaje que ha difundido “Ciudadanía activa” es un simple papel de protesta sin razonamiento alguno, proclamando que no existen delitos de opinión, puesto que existe libertad para eso; de paso contraviniendo la tesis que siempre esgrimen de la censura o limitación de la libertad de expresión. I paso a referirme a los delitos de opinión.

 Delitos de opinión. Resulta interesante tratar este punto porque, no solamente la gente común pensante, universitaria o no, i especialmente abogados, no todos doctores en derecho, se limitan a trajinar entre los conocimientos que adquirieron en sus estudios de pre grado, tal vez hace muchos años para una gran mayoría, i trabajan sus casos con esquemas ya despasados, porque ni siguieron estudiando ni nunca les interesó, por ejemplo, la filosofía o la lógica, sobre todos los que incursionando en la política (politiquería de partidos, no ciencia política) se leen lo primero que dice un diccionario sobre delitos de opinión i repiten (aunque el comunicado no lo dice) que los delitos de opinión sólo se contemplan en los regímenes autoritarios, pero que no existen en los sistema libres i democráticos; lo cual es un craso error que debería corregirse. Es una verdad chucuta o media verdad que prefiero llamar media mentira, aunque recuerdo los versos de Antonio Machado:

¿Dijiste media verdad?

Dirán que mientes dos veces

Si dices la otra mitad.

 El diccionario agrega, pues, que los delitos de opinión no existen en las democracias, porque la ideas no delinque, i cada uno es dueño de tener (pensar) i expresar las que quieran. Empero como es una media verdad, tienen que agregar más. Entonces sigue (el diccionario de Ossorio) “El delito únicamente surge cuando el sujeto activo no se limita a expresar una opinión, sino que incita a llevar a cabo una idea a la práctica por medios violentos. Una persona puede atacar al régimen político de un Estado y sostener que debe ser sustituido por otro. En ello no hay delito. Éste nace cuando induce a terceros a asaltar el Poder para cambiar el régimen”. (El subrayado es mío)

 Pero hai más todavía. Ese delito de opinión induciendo a la violencia, al daño i al desprestigio de su patria por parte del opinador, encierra o conlleva muchos otros delitos, como el de ir contra la seguridad de la nación, contra la honestidad, contra el honor de un pueblo i su presidente, delitos concurrentes, delitos militares, delitos civiles, delitos de daños, delitos de acción pública, delito continuado, delitos cualificados, delitos de peligro, delito fiscal, delitos complejos, delitos políticos i sobre todo reiterados. En fin, una constelación de delitos, porque la maldad es una red de arrastre de factores negativos, destructivos i mentirosos. El Delito, siguiendo a Jiménez de Asúa i a ese libro tan especial que tiene llamado La ley y el delito, que he leído tanto como un abogado i donde encontré argumentos jurídicos valiosos a para mi defensa personal en una ocasión de atropello en la IV República, i en mi defensa de la Despenalización del Aborto, como lo he venido haciendo desde la Asamblea Nacional Constituyente, cuando me ocupé de la defensa de los Derechos de la Mujer en general i, en especial sobre su propio cuerpo.

 Según Luis Jiménez de Asúa, las definiciones del delito en los Códigos Penales puede variar, pero entiende por tal “el acto típicamente antijurídico, culpable, sometido a veces a condiciones objetivas de penalidad imputable a un hombre y sometido a una sanción penal”  i Soler i Carrara, agregan cosas como además de lo antijurídico, culpabilidad, etc., se da la adecuación a una figura i es la “infracción de una ley del Estado, promulgada para seguridad de los ciudadanos” además de ser “moralmente imputable y políticamente dañoso”.  Sucede muchas veces que, autores que tienen pensamientos influidos de dogmas religiosos, pretender ver las cosas con una visión mui subjetiva, i así, para poner solamente un ejemplo con el cual tropecé una vez, leyendo un pequeño libro de Fundamentación Filosófica del Delito, omitiendo el nombre del autor, que para hablar filosóficamente sobre el problema, el autor se pregunta qué es Filosofía, dice “La Filosofía es teoría de la concepción del universo, la teoría del conocimiento científico y en tanto que reflexión sobre la conducta práctica del espíritu, sobre los valores en el más estricto sentido, es teoría de los valores. Como reflexión del espíritu sobre sí mismo, es un medio para llegar a la concepción del universo i la encuentra dividida en tres disciplinas filosóficas fundamentales” división que responde más a criterios anticuados i no válidos, posiblemente sacado de textos de autores religiosos. Entre otras cosas, se ocupa de Dios i de la Inmortalidad. Me pareció un discípulo de Balmes i ya todas las otras ideas sobre el delito, impregnadas de dogmatismo, anticientífico por excelencia.

 Por estas razones i el concepto de delito que admitimos en la sociedad actual, universal o planetaria, no podríamos admitir que la libertad de expresión de información i de opinión, no pueda tener límites o fronteras racionales i éticas. Los venezolanos hemos escuchado, están grabadas i las examinamos cuantas veces queramos a voluntad, las declaraciones del Dr. Oswaldo Álvarez Paz i del Sr. Guillermo Zuloaga, ofensivas para el pueblo venezolano en general, para el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, para nuestra Fuerza Armada Nacional, nuestra Constitución i Leyes, incitando a la desestabilización, a la rebeldía violenta, la instigación al delito i al desconocimiento de toda autoridad i todo derecho, para que terceros sectores de la vida nacional e internacional, desconozcan al gobierno más legítimo i humanista de nuestra historia, conspiren para traicionar a la patria, apoyen el paramilitarismo e intenten el magnicidio, i esperar una intervención ofensiva del imperio norteamericano en nuestro país. Es una guerra no declarada, pero andando sin detenerse un solo día. Esos señores, han cometido todos los delitos que le ha señalado la Fiscalía i no merecen otra cosa que la condena i reclusión por muchos años. Ya basta del temor a las clases oligarcas que han vejado i arruinado por décadas al pueblo de Simón Bolívar, Rodríguez, Sucre, Urdaneta i Zamora, para señalar pocos entre los grandes de la Patria. Es hora no solamente de terminar con estos delincuentes de cuello blanco i cuentas bancarias repletas, así como tanto politiquero de ocasión i de reconocida mediocridad como abundan en la selva oposicionista. 

robertojjm@hotmail.com


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Roberto Jiménez Maggiolo


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