Hoy seré breve. Justificar que hay que atender con carácter de urgencia el tema educativo en Venezuela parece aberrante por más que evidente. Llevamos años en esto, pasan las generaciones y la cosa empeora. Con las nuevas tecnologías, por ejemplo la inteligencia artificial, la educación se hace más mediocre que nunca. Como diría Mafalda, preocupémonos por el retroceso de la inteligencia natural. Presidenta, si en materia social cumple con lo hasta ahora ofrecido en materia de salud y en las mejoras salariales de nuestra población, vamos bien. Habrá que añadir la cuestión de la democratización real de nuestras instituciones públicas, lo que exige políticas para la mayor transparencia y el libre ejercicio de las libertades responsables. Podríamos decir con un conocido y respetado personaje de nuestra política que "estamos mal pero vamos bien". Sin embargo, en educación "estamos mal y vamos mal". Y este ir mal descansa en gran parte en la omisión del tema, o en simplemente volverlo un lugar tan común que ya damos por natural nuestro desastre. Presidenta, si desea que su tránsito por el gobierno deje huella positiva, no se olvide de la educación. ¡Póngala en primera plana!
Recuerde que la educación es una cuestión extensa y profunda. Hay educación formal e informal. La primera es la escolar en todos sus niveles. La segunda acontece espontáneamente en el día a día. Recuerde que en esta última, la educación informal, los funcionarios y los personajes públicos más visibles, desde la Presidenta, los ministros, los políticos de oposición hasta el grandeliga, el rapero o la actriz X, resultan formadores o deformadores de nuestro ser ciudadano y venezolano. Venimos de una época en la que se nos enseñó como ejemplo el insulto, la burla y el acoso, no pocas veces en medios oficiales. Todavía persisten esos deformadores. Mas, en el caso suyo Presidenta se nota otro tratamiento del discurso y otra actitud. Su llamado a la concordia lo ha evidenciado con gestos valiosos, como pararse a dialogar con grupos estudiantiles que la increpaban demandando causas justas. No se ha visto en usted durante estas primeras de cambio la soberbia enfermiza del poder. Otros funcionarios siguen su paso, pero hay unos cuantos que no. Seguramente no será fácil desplazarlos, pero se requerirá que cambien sus actitudes o que dejen el paso libre a la construcción de un país que se reconozca en sus diversidades. Esperemos que el nuevo ministro encargado de las comunicaciones deconstruya el discurso de la violencia e instituya el de la concordia. Talento no le falta. Y es que la educación informal puede echar por tierra lo que hace la educación formal, la escolar. Lo que se enseña en el aula se desaprende en una cotidianidad cargada por la violencia simbólica, y no sólo simbólica. Ciertamente mucha de esta violencia está en canciones, videojuegos, redes sociales, dentro de la familia, la pareja y los grupos de pares. La tarea de un buen gobierno es no reproducirla con su discurso y sus actuaciones y buscar los correctivos al ejercicio de esta violencia en las prácticas sociales. Presidenta, urge reformas educativas de calado en la educación formal. Concentrarse en la formación de personas críticas por su capacidad de leer con comprensión, de expresarse adecuadamente oralmente y por escrito, de dar razones de sus opiniones (argumentar), de escuchar razones discrepantes, de valorar el trabajo cooperativo en la búsqueda de los problemas que nos aquejan, desde los más inmediatos como el mantenimiento del aseo del sanitario escolar hasta los más complejos como el acoso. La sociedad del pasado inmediato, del presente y del futuro se centra en el conocimiento y, particularmente, en la capacidad de crear conocimiento. Pero, recuerde, conocimiento no es información. Menos es más. Hay que podar mucho en nuestra educación escolar, en todos sus niveles. Hay que impulsar las competencias creativas y la curiosidad propia en nuestros educandos. Son muchos los cambios demandados, imposibles de tratar aquí, imposibles de considerar por una sola persona.
Presidenta, es hora de actuar. Constituya una Comisión Presidencial para que en un breve tiempo discuta los problemas y las soluciones de nuestra educación, problemas que no se solventan con una nueva Ley sino que deben ir a fondo en la cuestión curricular. Para mañana es tarde, ya son demasiados los mañanas que han pasado. Convoque con amplitud a los diferentes actores sociales concernidos con el tema educativo. Convoque más allá de los acostumbrados diputados o políticos de ocasión, quienes seguramente también deben participar. Convoque a nuestros investigadores en el tema educativo, convoque a las organizaciones no gubernamentales comprometidas con el tema. Convoque a nuestras universidades y, especialmente, convoque a los educadores, a los formadores de nuestro futuro. Sin la comprensión y anuencia de nuestros maestros y profesores será imposible cualquier reforma exitosa. Presidenta, es hora de actuar.