La Paz es sólo una cara de la moneda

Al hablar de Paz se tiene, necesariamente como trasfondo, la guerra. Sin una no se puede hablar de la otra. Hablar de Paz es hablar de los escasos períodos vividos por la humanidad, tras acuerdos y negociaciones de “fin de conflagración”  bélica existentes en la historia del hombre.

La historia humana se ha leído desde y a partir del desarrollo de las guerras, representando  la extensa historia, no la pequeña conformada por la Paz. José Saramago (1922-2010), el escritor portugués premio nobel de literatura, decía que las “sagradas escrituras” no era más que la historia de las guerras de la antigüedad.

Tenemos pues que Paz es un término que se constituye a partir de su contrario. Podríamos decir que “La Paz” como entidad y fenómeno del hecho humano no tiene un ser propio que lo constituya. Es un término que representa un estadio que se define como condición de la existencia de otro: ¡La Guerra!

Son muchos los autores y escritores de diversas épocas y geografías  que opinan, en general,  de la guerra en la misma dirección; es decir, se refieren a la Paz a partir de la Guerra. Proudoun (1809-1886) nos dice:”La Paz demuestra y confirma la Guerra” “La Guerra a su vez, es una reivindicación de la Paz.” Antonio Negri (1933-2023)  afirma que: “La Guerra significa la regulación de los poderes constituidos y la forma constituyente del orden nuevo, la Paz es sólo una ilusión. Rousseau (1792-1778) opinaba lo contrario. “El hombre es bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompe”.

Dos autores clásicos que han abordado la cuestión Paz-Guerra, son ellos Carl Von Clausewitz (1780-1831) e Inmanuel Kant (1724-1804) Del primero es la famosa sentencia: “La guerra es la política continuada por otros medios” en su libro “De la Guerra. Sentencia que no hace más que confirmar que la cotidianidad humana es Guerra.

 Del segundo autor es la obra “La paz perpetua”; allí  encontramos en la introducción a la sección segunda, una  caracterización del hombre y su relación con la Guerra:  ”La Paz entre los hombres que viven juntos no es un estado de naturaleza; el estado de naturaleza es más bien la guerra…” Afirmación que hecha por el suelo las ingenuas ideas que la Guerra es producto de “hombres malos”.

Esta caracterización del hombre, en cuyo consenso muchos autores participan, ha planteado la cuestión de ¿Qué es el hombre?”. Interrogante que ha suscitado las más diversas reacciones e interpretaciones a lo largo de la historia y sin embargo hasta hoy existe el vacío de una Antropología Filosófica. En este sentido se ubican las clásicas preguntas Kantianas referidas a La Metafísica: ¿Qué puedo conocer?. Con relación a la Moral: ¿Qué puedo hacer? Frente a la Religión: ¿Qué puedo esperar? y en relación a la antropología: ¿Qué es el hombre?

“Poner la otra mejilla” fue la premisa de Paz más radical planteada en toda la historia. Premisa enarbolada por más de 25 siglos a través del discurso religioso. Sin embargo los mismos fieles a Dios, reunidos en las tres grandes religiones monoteístas,  judíos, cristianos, musulmanes y que adoran al mismo Dios, en su nombre han desarrollado las más cruentas guerras de religión, cuyo furor obligó a filósofos abordar tal fenómeno y entre ellos a John. Locke (1632-1704) a escribir su clásica  “Carta a la Tolerancia”. En la concreto, “Mi Paz os dejo, Mi paz os doy” viene a representar una sentencia religiosa de “buena voluntad” que aún quienes la predican hacen todo lo contrario.

Para el s XX los judíos habitaban en todos los Estados de  Europa; después de tantos años no contaban con un Estado ni una tierra propia. El nazismo, los sectores racistas y demás ideologías, los convirtieron en víctimas del holocausto, de  cuyo saldo se habla de 6 millones de judíos asesinados. Caído el régimen tras la II Guerra Mundial, en 1948 se constituyeron en el Estado de Israel. Hoy a 76 años han despojado a los palestinos de su territorio, están masacrando al pueblo Árabe. Los genocidas son los EE.UU y la Unión Europea, en una especie de  “holocausto judío al revés”, con el aplauso de grandes sectores de la población mundial que son, precisamente, los que hacen y se benefician de la guerra en nombre de la Paz y la Religión.

La guerra hoy es una industria y su infernal maquinaria es de las más grandes productoras de dinero y víctimas humanas. Atrás quedo el hecho del individuo aislado y solitario en torno al cual se ejercía el mal, al que le dirigían grandes discursos morales  y éticos. Hoy el crimen y la guerra son hechas por Instituciones privadas, grandes corporaciones industriales y el Estado. La guerra actual del mundo es una coyuntura al interior del estado de guerra permanente. Occidente y Asía se confrontan por el nuevo reparto del mundo. De un lado EE.UU y la UE; y del otro China y Rusia, como factores resaltantes de la confrontación. 

A pesar de ello podemos decir, “la utopía no ha muerto”. La aspiración al hombre libre y emancipado al modo kantiano no ha desaparecido. El mundo de hoy se confronta en la búsqueda del modelo político que debe regirnos. En ella se depositan las esperanzas que las decisiones sean tomadas por la muchedumbre como seres que  conforman el espacio del ejercicio de la política y la vida pública.

Hannah Arendt sobrevivió al holocausto nazi y vivo refugiada en los EE.UU. Su vida la  dedico a la comprensión del fenómeno humano en un mundo que se conformó a partir del estallido de las bombas nucleares. Para la autora la política es la posibilidad del desarrollo de la nueva utopía: que la muchedumbre pueda ejercer su libertad y voluntad en torno al rumbo que debe tomar la humanidad. La pluralidad es lo que caracteriza al hombre, en consecuencia a la realidad político social histórica; por tanto, el dialogo entre los hombres, como espacio de la política, es la alternativa que puede salvarnos. Allí radica la Paz.

 


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Luis E. Villegas N.


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