Delcy Rodríguez y el chantaje imperial

A un mes del criminal ataque de Estados Unidos contra Venezuela, que incluyó el bombardeo de objetivos militares e infraestructura crítica en Caracas y otras zonas del país y culminó con el secuestro del presidente constitucional y legítimo Nicolás Maduro y la primera dama, Cilia Flores, persisten muchos puntos ciegos y lagunas informativas que dificultan abordar la realidad de lo acontecido sobre el terreno.

No obstante, la actual pausa temporal de la violencia militar punitiva estadunidense no dio paso, como se difunde falsamente a través de la propaganda bélica imperial, a una "paz" tutelada por Washington (no se puede negociar con una pistola en la sien y según la Convención de Viena no es válido ningún convenio alcanzado bajo la amenaza o el uso de la fuerza), por lo que persiste una guerra híbrida signada por las operaciones psicológicas y las campañas de desinformación de la Agencia Central de Inteligencia y el Pentágono, en la que participan las principales plataformas digitales (Instagram, Tik Tok, Facebook y You Tube), chats de mensajería (WhatsApp) y las agencias y los medios hegemónicos (The New York Times, The Guardian, AP, Reuters, etcétera).

Como parte de la guerra total, la guerra psicológica y la guerra cognitiva son instrumentos para ganar la guerra. Por eso, en las horas posteriores al secuestro del presidente Maduro muchas plataformas no discutían ese hecho criminal sino difundían imágenes y audios elaborados con inteligencia artificial (IA), conocidos como deepfakes (contenidos ultrafalsos), como parte de una secuencia operativa de desinformación con un patrón conocido: "shock + saturación + atribución". Según esa fórmula, primero se genera un impacto emocional (shock); después se inunda el espacio con variantes (saturación) para dificultar el rastreo de las fuentes, y finalmente se intenta fijar "relatos" y "culpables" (atribución), incluso si el contenido original ya fue desmentido.

Fue así como tras fracasar uno de los principales objetivos de la agresión armada: producir un cambio de régimen e instalar un gobierno cipayo, las usinas de desinformación y propaganda del imperio lograron sembrar la hipótesis de un complot palaciego, con eje en la presunta "traición" de Delcy Rodríguez, quien asumió el cargo de presidenta encargada siguiendo los procedimientos constitucionales. Al encarnar una especie de "superyo colectivo" productora de significados del proceso chavista, desde ese momento la mandataria se convirtió en blanco de la acción psicológica de EU; un blanco que debe ser controlado o alcanzado para desviarlo de su poder (vía el chantaje, la corrupción o el soborno) o destruido.

Como parte de la guerra multidimencional en curso –de la que no son ajenos el sionismo y el Mossad (la inteligencia israelí) y de la que también forma parte el persistente e ilegal bloqueo naval y petrolero de EU sobre Venezuela–, la coyuntura exhibe la contradicción asimétrica entre el "orden basado en reglas" de corte gangsteril y mafioso del polo imperial versus la renovada diplomacia de paz del gobierno de Delcy Rodríguez. O, de otra manera, la confrontación entre un Estado canalla (o forajido) liderado por Donald Trump –que amparado por el Estado profundo (deep state) transgrede con total impunidad todas las normas del derecho internacional– y un gobierno emergente que, en el marco de un complejo impasse signado por la guerra cognitiva de saturación del enemigo, responde con "la prudencia y la paciencia estratégica" como herramientas tácticas para sortear las amenazas y chantajes permanentes del oponente y ganar tiempo para consolidar la lucha de resistencia del pueblo mayoritario.

Todo ello ocurre en medio de una fragmentación subregional, en la cual, países que hoy condenan la agresión –como Brasil, Chile y Uruguay–, optaron durante años por el silencio, la ambigüedad o la distancia política, renunciando a ejercer una defensa temprana de los principios de autodeterminación, soberanía y solución pacífica de las controversias. Ergo, el debut del Corolario Trump a la Doctrina Monroe no fue accidental. Producto de decisiones cortoplacistas y lecturas ombliguistas, la balcanización política de América Latina creó el escenario ideal para que esa estrategia se aplicara sin costos inmediatos en la propia subregión.

De allí la necesidad de multiplicar en esta hora de exaltación y delirio imperiales, la solidaridad de los pueblos del subcontinente con el proceso bolivariano, extensiva a Cuba, que con Venezuela representan la dignidad de Nuestra América.

Fuente: TeleSUR



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Carlos Fazio

Catedrático y periodista uruguayo residente en México. Docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM)


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