O de la necesidad de liberarnos de las bajas pasiones que nos apresan

Extremos Gritan: “Con mi Guerra no te Metas”

"Si suponemos al hombre como hombre y a su relación con el mundo como una relación humana, sólo se puede cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc… si se quiere ejercer influjo sobre otro hombre, hay que ser un hombre que actúe sobre los otros de modo realmente estimulante e incitante. Cada una de las relaciones con el hombre -y con la naturaleza- ha de ser una exteriorización determinada de la vida individual real que se corresponda con el objeto de la voluntad. Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente, una desgracia"

Karl Marx, Manuscrito económico-filosófico de 1844

"Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar"

Mahatma Gandhi

Ayer publicaba en mi Facebook una breve nota donde manifestaba que había que reducir el conflicto social, que necesitábamos bajar las pasiones, reconocernos y respetarnos a pesar de las profundas diferencias que teníamos. Que a nadie le convenía una guerra civil.

Inmediatamente comencé a recibir insultos y amenazas de algunos amigos opositores. Incluso me culpaban de la muerte de personas en las manifestaciones, a mí, que vivo en la pequeña ciudad de Turmero y no tengo nada que ver con esas marchas, e insistían en señalarme como corresponsable de casos de corrupción de diferentes ministerios en donde ni siquiera he trabajado. Algunos llegaron a plantear que me buscarían cuando cayera el Gobierno para ajusticiarme a mí y a mi familia. No valió la argumentación fraterna que use ni la apelación a las buenas memorias lúdicas. La intención de acabarme se mantuvo. Otros amigos opositores intentaron mediar y defenderme y por poco los meten también en su lista de "asesinatos pendientes". Este nivel de odio, más que generarme rabia me genera una profunda preocupación, pues se ha instalado en muchos venezolanos la idea irracional de que la salida a todos los problemas que tiene el país es eliminar al contrario.

Sin embargo, lo que más me sorprendió es que mientras algunos amigos opositores me insultaban por Chavista, algunos amigos Chavistas comenzaron a insultarme por traidor. Me decían que mi discurso de respeto y llamar al reconocimiento del otro, no confrontaba como el discurso del Gobierno y sino estaba con el Gobierno era su enemigo. También aquí intervinieron algunos camaradas planteando que yo era un revolucionario y solo llamaba a la calma y les dijeron cosas como "están sospechosos", "andan guabineando", "terminen de saltar las talanqueras". Es decir, quien llama a la racionalidad, a no fomentar el odio, a desmantelar el discurso humillante y provocador, a debatir con respeto nuestras profundas diferencias, a solo reivindicar las contradicciones concretas entre proyectos y desplazar las bajas pasiones de los debates, somos automáticamente traidores. El argumento que priva en estas posturas es "estás conmigo o estás en mi contra", muy parecido a los que dijo George Bush luego del ataque a las torres gemelas. Igualmente, lejos de molestarme me hace caer en cuenta que también en el Chavismo hay un sector extremista que milita en el sectarismo y el fanatismo. Y ni de qué hablar de hacer alguna crítica, allí ya soy "agente de la CIA" y "divisionista". Si uno les señala la actitud incorrecta, alegan que obedecen al proyecto de la "La lucha de clases", ignorando que el proyecto histórico que surge de la lucha de clases no tiene nada que ver con el odio y el revanchismo, sino con el amor, el respeto, la conmiseración, la solidaridad y la justicia.

Si en algo coinciden ambos extremos (diferenciando extremismo de radicalidad por supuesto) es en concebir como principio del ejercicio del poder la desaparición del oponente. Si bien los Socialistas luchamos por la extinción de la burguesía como clase que vive del trabajo de los trabajadores, no reivindicamos el exterminio del que nos lleve la contraria. Luego, debemos admitir que estos extremos terminan encontrándose en esta retrasada conclusión. Aquí, fascismo y stalinismo comparten este principio del exterminio del contrario.

Fuera de estos dos extremos, vive, existe una gran masa chavista y opositora de trabajadores, de maestros, de profesionales, de campesinos, de estudiantes, de emprendedores, entre otros, que no quieren sumarse al llamado de exterminio del contrario promulgado por muchos líderes. Reconocen que tienen diferencias, reconocen que hay antagónicas concepciones del mundo, que tenemos gravísimos problemas, pero aún se resisten a sumarse a una confrontación civil porque creen que nuestra Constitución da herramientas para resolver estos conflictos. Al respecto Javier Biardeau dice:

"Hemos venido advirtiendo, hay sectores del chavismo oficial que miran ya con recelo cualquier hecho electoral universal, directo y secreto… No hay que ser ciegos para darse cuenta que hay sectores de la oposición que se niegan a apaciguar el conflicto por canales institucionales… De manera que hay un pacto tácito entre sectores extremistas de lado y lado para mantenernos como rehenes de la guerra de desgaste… El gran derrotado de la guerra de desgaste es el pueblo democrático, con toda su multiplicidad y pluralidad"

Coincidiendo con Biardeau, afirmamos que ésta confrontación de extremos, en donde se mezclan intereses antagónicos con mucho de bajas pasiones, ha generado lo que Gramsci denominó como empate catastrófico para ambas fuerzas, dejando a la gran mayoría del Pueblo huérfano de dirección en medio de la peor crisis económica de Venezuela en décadas. Mientras, las direcciones actuales se debaten entre Elecciones Generales vs Guerra, y Constituyente vs Guerra, la mayoría del Pueblo se debate en qué y cómo hacer para sobrevivir.

Este escenario es profundamente explosivo, y es una irresponsabilidad que, en medio de una sábana llena de pasto seco, se siga fomentado un discurso incendiario, irreflexivo, intolerante, sectario, retador e irrespetuoso. Entendemos que los sectores fascistas lo hagan (que no son la mayoría de los millones de opositores), pero no se puede justificar por parte de los sectores que se hacen llamar democráticos y menos de los Chavistas. En ninguna parte de los clásicos del socialismo se reivindica o se hace apología a la guerra, y mucho menos estando en el poder. La guerra civil solo favorece a las grandes potencias, que entrarán en ese contexto a repartirse la Faja Petrolífera del Orinoco mientras nos matamos en las ciudades principales.

Partiendo de esto afirmamos que la contradicción principal táctica en este momento en el plano económico es el hambre, y en el plano político es la guerra civil. Son estas contradicciones las que se convierten en las amenazas inmediatas para abortar el acumulado de conciencia, organización popular y el marco jurídico constitucional, que conforman la base sólida de la construcción de una sociedad futura libre de injusticias.

Luego, esa sociedad futura que vamos a construir, para lo cual primero debemos estabilizar la economía, parar el hambre y detener la guerra civil, inexorablemente existirá si se edifica absolutamente soberana de cualquier otro imperialismo y unida a la Patria Grande, es decir, si supera la contradicción estratégica principal entre los estados nacionales y los estados transnacionales representantes del gran capital. Entender esta diferencia entre táctica y estrategia nos hará encontrar una hoja de ruta para salir del laberinto actual que produjo el colapso del modelo rentista, el canibalismo económico y político, y la profunda crisis moral, teórica y de dirección que estamos atravesando.

El Chavismo existe y va a seguir existiendo por decenas de años. Igualmente existe la oposición y seguirá existiendo. Jamás lograremos la paz, que es vital para estabilizar la economía, sino llegamos a unos acuerdos mínimos. Jamás reduciremos el odio y la guerra con más odio y más guerra. Esto no significa renunciar a los principios que defendemos. Esto no significa claudicar o traicionar. Hay abundante experiencia histórica exitosa de tácticas defensivas manteniendo los objetivos estratégicos. Al contrario, esto significa reivindicar la democracia, el reconocimiento y respeto del otro, y sobre todo, la soberanía nacional como capacidad de resolver nuestros propios problemas.

Y es que más allá de los antagonismos de los proyectos, que deberán dilucidarse en los años por venir y a nivel del plantea tierra, somos seres humanos, somos madres y padres, hijos, hermanas que existimos, que soñamos, que aspiramos realizarnos como individuos, que nos duele hasta el que no conocemos, que deseamos que se nos respete, que se nos diga la verdad y se nos reconozca como personas con derechos y deberes. Por eso, más allá de las expresiones militantes en las bajas pasiones, del "al Guaire lo que es del Guaire" (https://goo.gl/vL35mo) y del "matemos a todos los Chavistas", hay un Pueblo solidario y amante de la paz con justicia, con una profunda dignidad y rebeldía. Un Pueblo que liberó cinco naciones, un Pueblo espiritual, que se reivindica en los ejemplos de sacrificio, de hermandad y perdón de los múltiples cristos del alma. Todo eso está allí, en la conciencia y la espiritualidad venezolana. Un líder debe recordar y partir de estos valores si quiere construir patria.

Lo más fácil, lo más seguro en este momento, es ceder en principios y sumarse a alguno de los extremos. Lo más difícil en cambio, lo que exige mayor valor y comprende mayores riesgos, es decir la verdad, defender los principios y defender la humanidad, fuera de esos extremos, desnudándolos, negándose a tocar sus tambores de guerra. Por mi parte, me niego a contribuir a este acelerado callejón sin salida. Me niego a tener que odiar para ser aceptado en un extremo u otro. Tengo mis convicciones muy claras desde hace decenas de años y no las voy a alterar. Seguiré dedicándome a la construcción de una sociedad más justa y respetuosa de la vida, pero no me prestaré para que, en nombre de ese proyecto estratégico, se sacrifiquen las grandes reformas democráticas que hemos logrado como Pueblo, para atender los guerrerismos y apetencias grupales de atornillarse o arrebatar el poder (https://goo.gl/dkFTsj), fuera de toda legitimidad popular. Nadie puede estar por encima del Pueblo todo ni de la Constitución. Dentro de la Constitución Todo, fuera de ella nada (https://goo.gl/YsXTpV).

Es momento de los grandes estadistas. Es momento de superar la adolescencia política y poner en un primer orden las prioridades nacionales y de supervivencia del proyecto histórico de justicia. Los líderes políticos tienen la principal responsabilidad y el poder de evitar esta guerra. Deben tener el valor de hacer lo correcto, aun cuando sus seguidores lo cuestionen. Es hora de apagar las llamas, abandonar el discurso incendiario y reconocer y respetar el adversario, a pesar de las profundas y antagónicas diferencias que se puedan tener. Debemos regresar a la constitución y al dialogo amplio con todos los sectores sociales, respetando acuerdos. La guerra no es el camino, es la trampa que debemos evitar. El respeto y reconocimiento, siempre dentro de la constitución, es la vía para entendernos y poder construir una gran patria justa, soberana, productiva, solidaria, segura y democrática para todos.

No olvidemos que somos venezolanos, somos los "compadres", las "comadres", los "hermanos", los "maestros", las "doñitas", los "buenos días mi gente", las "mi vida", los "Dios te bendiga" que conformamos esta extraordinaria tierra mágica que florecerá nuevamente. La historia nos demuestra que tenemos con qué.

 



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Sergio Sánchez

Soñador, ingeniero, agricultor, músico y resiliente. Zurdo de corazón. Militante de las causas justas de la humanidad, crítico y autocrítico. Movimiento Por la Democracia.

 sergiocmb@gmail.com      @SSanchezVz

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