A Emilio Rentería: Ellos no te humillaron, sólo mostraron su bajeza

Te escribo esto no por aprovechar una circunstancia y llamar la atención. En absoluto, lo hago por diversas razones. La primera de ellas, el haber nacido, criado en un ambiente ajeno a esos prejuicios y entre gente de todos los colores, sin que nunca nos hubiésemos percatado de aquello hasta salir afuera. La segunda, ser educador de vocación y profesión, con aquel antecedente y ser como tú, hijo de un país donde pese a lo que se diga, el asunto de los prejuicios raciales son menos marcados que otros.

La guerra de independencia de Venezuela, que se inició bajo la carga racial, esclavista, de los blancos criollos, derivó en una contienda donde los esclavos negros, sus hijos, llegaron a ser figuras importantes, heroicos combatientes, como Pedro Camejo o Negro Primero, por quien esperamos su entrada al Panteón Nacional y el cartagenero Almirante Pedro Padilla, el héroe de la batalla del lago de Maracaibo. Uno de los precursores de la Independencia venezolana, hoy en el Panteón nacional, fue el afrodescendiente José Leonardo Chirinos, aquel líder del movimiento antiesclavista y proindepentista de la sierra coriana.

“Ahí viene Bolívar con sus negros”, decía la derecha, la oligarquía suramericana, con desprecio, al ver llegar al libertador acompañado de sus altos oficiales, héroes de la patria pequeña y de la grande, muchos de ellos negros y mulatos.

Estando en el sur de Bolivia, en el Potosí, en una fiesta de baile, viendo El Libertador que ninguna de las damas oligarcas aceptaba bailar con el general venezolano, de “los negros de Bolívar”, José Laurencio Silva, se colocó en el medio del salón y con ademán cortés y le dijo:

-“¿General Silva, heroico vencedor de innumerables batallas, acepta usted concederme este baile?”. Y bailaron los dos. Luego las damas imitaron el gesto y salieron a bailar con el antes rechazado, quien por cierto era además buen bailarín.

Luego vino aquella larga confrontación que se inició con gran intensidad bajo la bandera puntual de la igualdad, en la cual los afrodescendientes volvieron a destacar y mostrar sus enormes cualidades, lo que siguió arrinconando y sometiendo a su más mínima expresión aquellos negativos sentimientos racistas. Ese acontecimiento fue la Guerra Federal, liderada por “el general de hombres libres”, Ezequiel Zamora, iniciado en Coro, que en buena medida recogió las banderas de José Leonardo.

De manera que en Venezuela, dos grandes acontecimientos, la lucha por la Independencia y la Guerra Federal, se hicieron bajo el signo de la libertad, igualdad, en buena medida contra el racismo.

Por supuesto, la historia posterior recoge una reformación de la población venezolana ajena a su historia anterior y particularmente a aquellos hechos trascendentes, que pudo haber avivado, en cierto nivel, viejos prejuicios y malsanos sentimientos. Pero aun así, no como para que en un campo deportivo u otro sitio, en nuestro país se vean esas manifestaciones primitivas.

Por eso no es habitual, amigo Emilio Rentería, que en nuestro país sucedan esas cosas bochornosas como de las cuales fuiste víctima. Quizás por eso mismo, te sentiste impactado y herido en una cancha chilena. ¡Eso con certeza, lo sabes bien, no sucedería nunca en Venezuela!

También escribo, en solidaridad contigo, porque soy amante del fútbol, un deporte en el cual has brillado, sin duda alguna. Desde que eras muy muchacho, cuando estuviste en el infantil, te he visto jugar, y tú vistoso, agresivo, alegre y tenaz juego de atacante, ha sido de mi agrado; quizás pecaste un tanto de individualismo en un deporte que exige lo contrario. Pero así fue también el maravilloso zurdo Stalin Rivas. Desconozco los motivos por los cuales no has vuelto a estar entre los convocados por la Dirección Técnica a la Selección Nacional, pero siempre he creído que mereces estar allí.

Nuestro país, tú y yo, podemos hacer una larga lista de personajes afrodescendientes de los cuales estamos orgullosos; lista que contendría nombres en todas las áreas, no sólo en el deporte.

No obstante la actitud de la gente que dio muestras de insensatez y mediocridad, pequeñez, perdónala. Como Jesús, podríamos decir: ¡No saben lo que hacen! Tu sagacidad, habilidad para manejar el balón, tu tenacidad, talento y hombría para disputarlo y hasta depositarlo en la red enemiga, los enloquece y hace cometer sandeces. Probablemente se sintieron inferiores a ti, te envidiaron.

Pero no olvidemos que Chile, ese pueblo suramericano es nuestro hermano y justamente el espacio donde nació Pablo Neruda, quien si viviese, conociendo lo que a ti te ha acontecido, sin duda lo hubiese repudiado. Y Pablo Neruda es Chile, como lo es el pueblo Mapuche.

Pero reclama, que reclamen tus amigos, los dirigentes sanos del futbol chileno, los dirigentes del fútbol suramericano y hasta de FIFA, por la bochornosa, vergonzosa, racista y repudiable circunstancia que el dueño del equipo contra el cual jugaste ese día, ante decisión arbitral de suspender el juego, manejó aquello como si nada hubiese acontecido e intentó restarle importancia a manifestaciones que, particularmente el fútbol mundial, intenta desterrar de las canchas.

Hermano, compatriota, hijo, Emilio Rentería, siéntete orgulloso de lo que eres, de cómo eres, de dónde vienes. No te incomodes porque vales mucho como atleta y ser humano, para dejarte derrotar por la pequeñez, ignorancia y hasta la envidia que arrastran personas talentosas como tú.

Ellos Emilio, pese a que crean lo contrario, no te humillaron, sólo mostraron su bajeza.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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