Joaquín Pérez Becerra

Se equivocó, Querido Presidente Chávez. Quienes hemos estado con usted, (y seguimos), en este proyecto bolivariano para Venezuela y América Latina, estamos dolidos. Yo no sé cómo se hace una revolución, es algo que me he preguntado desde los 15 años, cuando ingresé a la gloriosa Juventud Comunista de Venezuela. Hoy, a mis 51 todavía no lo sé, pero sí sé que no se hace entregando revolucionarios. Usted tendrá sus razones pero en este caso no las comparto ni las acepto.

Joaquín Pérez Becerra no es ningún terrorista. Al contrario, es víctima del terrorismo de estado colombiano. Abandonó Colombia, huyendo de la matanza de más de 4 mil militantes de la Unión Patriótica, UP, a principios de los 90. Después del asesinato de su esposa, pidió y le fue concedido asilo político en Suecia, donde fundó otra familia, (hoy tiene esposa e hija), y se dedicó al periodismo y a propiciar una salida pacífica para su querida Colombia, donde está condenado a muerte.

Querido Presidente, nosotros nunca le vamos a caer bien al imperio, y eso nos honra. Tampoco tenemos por qué deberle obediencia a Interpol, ni a la CIA, ni a la DEA, ni a la OEA, ni a las Naciones Unidas, ni a Santos ni a Obama. ¿Por qué no escuchó a sus camaradas más cercanos?. ¿Por qué esa prisa para entregar al compañero?. Esa “eficiencia” nuestra puede parecerse más a la estupidez o a la traición. ¿Cuándo Interpol nos ha traído a algún verdadero terrorista solicitado por nosotros?, mencionemos uno solo, Posada Carriles. Interpol incluso borró de la lista a los criminales del golpe de estado y a los banqueros prófugos que nosotros insistimos en juzgar. No se convierta, Querido Presidente, en policía de la oligarquía colombiana, que usted está destinado a causas más nobles.

De todas maneras, Querido Presidente, no le van a creer. Cuando quieran agredirnos o invadirnos inventarán otras computadoras y otras supuestas pruebas y de nada habrá valido la entrega de valiosos compañeros. No contribuya, Querido Presidente, con más Macarenas. En Colombia no hay justicia. Y la Patria Grande no se construye así.

Yo no conozco personalmente a Pérez Becerra, ni tengo trato personal, familiar o económico, ni sé si pertenece o no a las FARC, ni estoy de acuerdo con los secuestros de las FARC como tampoco lo estoy con los secuestros del gobierno colombiano, que tiene presos a miles de campesinos acusados de guerrilleros, que secuestró en Ecuador a Sonia y a Simón Trinidad, y ahora están en Estados Unidos, cada uno en una celda de 2x2m, sin poder ver el sol, y que no han enloquecido porque leen diariamente a Bolívar y porque ven en usted, Querido Presidente, una esperanza para América Latina y el mundo. Yo no conozco a Pérez Becerra pero no hace falta que lo conozca para saber que es mi hermano y los hermanos se defienden, se protegen; no se entregan.

Le toca disculparse, Querido Presidente. Disculparse con los pueblos del mundo. Diplomacia sin moral es humillación, vejación. No caigamos en legalismos. Diplomacia sin ética es servilismo, decía el Canciller de la Dignidad, Guillermo Toriello en Caracas en 1954. Si no hay dignidad en las relaciones diplomáticas, de nada nos servirán todas las casitas, todas las misiones, todos los aumentos salariales, todos los bicentenarios, todos los esfuerzos por un orden internacional más justo. Usted tiene los números telefónicos. Llame. Exija respeto por la vida y la libertad plena del compañero para que pueda regresar a su nueva patria, ya que la que lo vio nacer no lo merece.

Ah, y una cosa más, Querido Presidente, esto no puede volver a repetirse.


fragui2000@yahoo.com


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