CAP, desde el caracazo, no andaba de parranda

Cuando la aclamación de CAP, a la cual asistieron casi todos los presidentes del continente, era un personaje rutilante. Ganó las elecciones con un aproximado del 53 por ciento de los votos depositados en urnas. Con una ventaja de casi 13 puntos sobre su más cercano perseguidor, “El tigre” Eduardo Fernández, quien se pasó muchas noches, no roncando como hubiese sido procedente, sino insomne, lamentándose por haber inventado aquella ridiculez de presuntamente acostarse cada noche en un rancho de un cerro caraqueño, para vender la falsa idea que “del pueblo venía”.

Mientras Fernández, “se acostaba y amanecía” con sus pijamas caras, de rayas verticales, en alguna humilde casa en empinado cerro, por lo menos eso era lo que los medios que le cercaban vendían a la gente, CAP, con sus chaquetas de cuadro, iba de un lado a otro brincando charcos y fortaleciendo la idea del retorno de la Venezuela saudita, del ta`barato dame dos, dólar a cuatro treinta por montones en casas de cambio, romerías multitudinarias a Miami y ganar dinero a montones sin trabajar o con poco esfuerzo, mucha astucia y buenos contactos.

Cuando hablaron las urnas, dijeron que el pueblo en gran mayoría apostó a un futuro brillante, abundante y lleno de jolgorio con las riendas del país en las manos de CAP. La gran Venezuela, de su primer gobierno, cuando el barril de petróleo llegó a la entonces gigantesca cifra de 76 dólares y derrochó sin medida, junto a la oferta de “Democracia con Energía”, en irónica alusión a la ineficiencias de los gobiernos de Luis Herrera y Jaime Lusinchi, fue el canto de sirena o la flauta mágica que llevó adormilados a millones de venezolanos a las urnas.

Por cierto, “el catire” Petkof, habilidoso y pródigo en eso de trizar la voluntad popular – siempre empeñoso estuvo en dividir la izquierda en cada evento electoral- sacó la miserable cifra del 2 por ciento; casi 51 puntos de ventaja le restregó Pérez en el rostro.

Cuando CAP pronunció su discurso de toma de posesión, en el cual expuso el “paquete” o shock, impuesto por el Fondo Monetario Internacional y ensamblado por Miguelito Rodríguez, el piso comenzó a movérsele y abrírsele la fosa. Creyó su popularidad daba para todo

Un particular invitado, el entonces presidente de Cuba, Fidel Castro, en un rincón del palacio legislativo, entrevistado por la prensa que le asediaba, con discreción, como lo impone la rigurosidad diplomática, percibiendo lo impopular de las medidas anunciadas, quiso como decir, “no le arriendo la ganancia”.

El 27 de febrero, pocos días después de aquel acto inusitado, cuando Pérez saludaba como si fuese un ventilador, estalló un movimiento popular y espontáneo de tanta magnitud que pocas veces se ha visto en Venezuela. El presidente tuvo que apelar a todas las fuerzas represivas disponibles y miles fueron los muertos. Aquel acontecimiento hizo de CAP y sus más cercanos colaboradores unos genocidas. Ese mismo día, el principal responsable, comenzó a morirse políticamente y se sumergió en vida inercial y vegetativa.

Anduvo encerrado en Miraflores, temeroso, desvinculado absolutamente de las masas que antes le aclamaban y fue objeto de varias manifestaciones de rechazo y desconocimiento de las fuerzas militares, sobre todo por los movimientos encabezados por Hugo Chávez y Herman Gruber Odremàn.

Pocos meses después, hasta sus propios compañeros, contribuyeron a sacarle de la presidencia bajo acusaciones de corrupción. Pero para aquellos, lo determinante fue que Pérez, más que un muerto, estaba convertido en fósil. El pueblo festejò aquella decisión.

Esto, un fósil, a nombre del cual algunos operadores políticos producían declaraciones de vez en cuando, era lo que desde tiempo atrás quedaba del “gocho del 88”, allá en Miami.

El reciente anuncio de la muerte física y el estira y encoge de si lo traen a enterrarlo o lo dejan allá hasta que se vaya Chávez, no es más que una pantomima, para desenterrarlo, traerlo del mundo misterioso y oculto de los muertos, donde años lleva, intentar resucitarlo, cual zombi, por unos pocos días, llenarle de indebidos elogios, para ver qué impacto todo eso puede producir.

Es posible que oigamos a algunos de quienes le sacaron de Miraflores o siempre rechazaron por distintas razones, decir en tono dramático “fue un gran estadista y demócrata”. Son cosas de la era de Chávez.

Pero CAP no acaba de morir, desde el caracazo no andaba de parranda.

Lo más sensato es dejarle que descanse en paz, donde los suyos deseen.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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