Por Nicolás, muera la medicina alopática, santigüemos, ensalmemos y volvámonos nómadas

Ya hay "revolucionarios" que están perdiendo la fe, hasta en los "viejos y nuevos mandamientos" y en que Maduro coja las señas que ellos y el pueblo todo le hacen. Hasta parecen haberse dado cuenta que no se trata que alguien le ha puesto mampara y una bullaranga enorme, para que no vea ni escuche los clamores populares, llenos de buena fe, aspiraciones hondas y hasta propuestas muy racionales para que aprenda a enrumbar el país, sino que el tipo está como atado a la idea que la cosa es justo como su círculo, o sus anillos, imponen y hacen. Y por eso, aquellos hasta sospechan que es un secuestrado en palacio. Lo que uno ya bastante cree.

Por eso, cabe pensar, Maduro no está, según lo que están concluyendo, no estaría dispuesto hacer lo debido, como aplicar esas políticas que centenares de venezolanos que, capacitados para ello le proponen y él, no voy a decir que las ignora, no las escucha, sino prefiere seguir como venía para no romper el orden y ritmo que su gobierno trae, salvo que "San Juan baje el deo". Se hace referencia a una figura del evangelista con la mano alzada y el dedo índice apuntando hacia arriba. Dedo que nunca bajará porque las estatuas están atrapadas en un rígido molde.

Y está, Maduro, por demás "carretero", que nada tiene que ver con carretera, por lo de obrero, conductor de autobús del Metro, que fue en sus años mozos el ahora presidente. En mi pueblo, los muchachos llamaban "carretero", no a los caminos sin asfalto, llenos de hoyos, zanjas y lomos, aunque ahora las carreteras y qué asfaltadas, también de todo eso tienen y hasta más, sino a aquellos trompos cuya punta metálica era irregular y por lo que no giraban o "bailaban finito", serenos, como "seda", "seditas" pues, sino dando saltos y tropezones. Un trompo carretero, si estaba hecho de buena madera, se le utilizaba más bien para ponerle de servidor y llevar "quiña", cuando se perdía la partida y darlas si uno era el ganador.

Entonces, alguna gente buena, revolucionarios históricos, hasta formados en escuelas de vanguardia, esperan y hasta desean, que Maduro se ponga "finito", sedita y pierda lo "carretero".

Pero esos revolucionarios ven, con su ojo racional, el único que queda, como el hombre se empecina en coger para un lado, el mismo que traía, cuando debe hacerlo para otro. O para mejor decirlo, ya están convencidos que no hay manera que cambie de rumbo, que se enderece. Pero siguen esperando o más bien deseando que se produzca un milagro, con lo que estarían renunciando a sus viejos principios muy racionales y "científicos" y han optado por pedir a los dioses, hadas madrinas y hasta a "El Silbón", para que deje la ceba que se trae. Están convencidos que no está ganado o está impedido para hacer lo que tanto le recomiendan, pues recoge las propuestas escritas, según que hasta por 25 "expertos", aunque uno sabe que como en todo zaperoco hay más un de un "coleao", quienes de ñapa le respaldan porque con él han ligado su suerte y hace lo mismo que los viejos políticos, les halaga y entrega el pliego al funcionario que tenga más cerca sin siquiera mirarle la cara para no tener que acordarse que eso existe. Para muestra basta un botón, le piden que cambie de gabinete y para fingir les escucha y no se le volteen, saca a los menos importantes y deja a quienes están en los puestos claves y desde años. A otros los enroca, a los enroscados les deja como están para que todo quede como estaba. Pero ante eso, Jesús Farías responde restándole validez y sustentación a esas propuestas, pero se queja y esto parece, un volver al pasado, que a él tampoco le prestan atención. ¡Y ni un caliente!

Pero el otro ojo, que antes no lo era, se ha vuelto creyente de los milagros, hasta de ensalmos, la pava y el mal de ojo. Lo que dice que ellos empezaron, para mal o para bien, a cambiar primero, por algo son revolucionarios. Por eso, esperan que cada uno de nosotros nos olvidemos del médico, las medicinas, hospitales, hasta los alimentos y la escuela formal. Volvamos, según se dice, a las viejas tradiciones de los abuelos de uno, no de un carajito, sino de quien tiene hasta más de ochenta años y curemos las enfermedades con brebajes, sahumerios y santiguando al enfermo. Si te da una infección de orina, no pretendas te apliquen antibióticos específicos, eso es burgués y contra revolucionario, "alopatía occidental"; busca alguien, todavía deben quedar unos cuantos, quién te santigüe. ¿Para qué gastar real en medicinas alopáticas y tratar de prender el motor respectivo que se fundió desde el momento mismo que lo prendieron por primera vez, quizás por "pata floja"? ¡Esa flor ya no retoña!

Es más, voy a proponerle a Nico, para ahorrar unos reales, que cierre las escuelas de medicina y abra bastantes de esas para formar brujos, ensalmadores y santiguadores. Son más baratas y en una escuela de cuadros del partido se pueden reclutar alumnos y hasta maestros por montón; además de allí vienen ensalmados de una vez o protegidos contra el mal de ojo. Es decir vienen armados, sino de la conciencia, por lo menos con su "contra", que es como inmunizados y prestos para inmunizar. No necesitaré decirle cómo hacer porque seguro, de eso bastante sabe y nada le costará hallar asesores y maestros. Él habla con pájaros, canarios y paraulatas.

Volvamos pues a los salmos, al santiguar, golpear suavemente al enfermo con una rama, al mismo tiempo que se mastica tabaco o chimó y se dejan salir volutas de humo mojadas en saliva, mientras la UBCH respectiva o cualquier grupo militante, si se es de la oposición, gira alrededor del enfermo entonando salmos de sanación. ¡Al carajo eso de subir la producción petrolera! Afinquémonos en el rentismo. ¡Muera lo de sembrar y fabricar vainas! Volvámonos recolectores, cazadores y mientras vamos de aquí para allá, tal como nómadas que debemos ser, lo que también nos ahorraría muchas vainas, como no tener que gastar en la Misión Vivienda, luz agua, maestros y escuelas, entonaríamos nuestras letanías para alejar la pava y los malos tiempos, gritando sin cesar ¡Muera el imperialismo y la oligarquía!

Si todo eso promueve, Maduro le daría una muestra a los nuevos Mesías, que estaría cogiendo sus señas. Y eso no va costarle mucho porque quienes le abren huecos, zanjas y ponen troncos en el camino, que no es sólo el imperialismo, al cual él constantemente denuncia, en eso está tan claro que como gallo canta, y lo hacen andar como bailando el zambito, no van hacerle reparo, ni echárselas al hombro, dejarle sólo, sino que saldrán a apoyarle como un solo hombre y con las rodillas enterradas en la tierra por un rato, para luego seguir andando, tal como corresponde a la condición de nómada.

Es más, hagamos nuestra aquella gritería de un pueblo destruido por un terremoto: ¡Al carajo los enfermos que el hospital se cayó! Que si ponen atención es coherente con el nomadismo. ¡Qué muera quien lo quiera y los suyos lo entierren en la marcha! ¿Y acaso no es eso la estampida de venezolanos al exterior?

Eso sí, debe ser Nicolás el primer ensalmado y santiguado para que la pava se le caiga y hasta huya; me refiero a la pava, cuidado con pensar otra cosa.

Se imaginan ustedes lo que eso rebajaría el gasto público. El FMI y sus recetas quedarían en el ridículo. Pues serían éstas unas de las tantas medicinas alopáticas a las que estaríamos renunciando y en este caso con fundamento. Aunque no sé si los precios de toda cuanta vaina uno compra son de la misma receta. De repente es el mismo brujo con distinto amuleto.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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