¡Maduro! ¡Por favor! Observa que mafia del efectivo asesina al venezolano

Esta nota final que abre el artículo todo, fue escrita de última, cuando me sentí como más sosegado. Lo que sigue fue redactado bajo un estado de profunda indignación y decepción. Acababa de llegar del mercado de Puerto La Cruz, donde las cosas se compran "más baratas" que en Barcelona. Es posible haya dicho muchas cosas en desorden y hasta repetidas. No quise examinarlo para no arrepentirme de nada de lo que allí expresé. No quise examinar las formalidades ni el contenido. Preferí que mi estado de ánimo, el de un viejo docente jubilado, casi cercado por la miseria, se expresase de manera original y así llegarle a quienes esto va dirigido. Sobre todo a aquella gente que indirectamente me hace llamados destinados a convencerme a botar el 22 de abril y hasta por quién y me dan razones como que si no atiendo a ellas, estaría haciéndome cómplice del imperialismo y los factores capitalistas, esos mismos que se valen de la inoperancia de un gobierno para aniquilarnos moral y materialmente. Lo que no quiere decir que, dentro del gobierno no estén atrincherados personajes y prácticas que aquellos hagan el trabajo ex profeso y por encargo.

Pareciera que hemos decido aceptar que el pago por vía electrónica, lo que el venezolano llama "punto", es como un crédito a largo plazo. Digo esto porque, en el mercado, entendiendo esto como el espacio limitado donde uno adquiere las cosas necesarias para el vivir, todo tiene dos precios. Uno si pagamos con efectivo y otro, que ha alcanzado el de 100 % más, si lo hacemos por "punto".

Como a los trabajadores del sector privado u oficial, activos o jubilados, nos pagan por vía bancaria y cuando vamos al banco sólo nos dan 10 ó 20 mil bolívares, estamos obligados a pagar las cosas que compramos con un 100 por ciento de recargo. Lo que significa que, aparte de la ya insoportable inflación, por el procedimiento que venimos comentando, nuestro ingreso se ha reducido al cincuenta por ciento.

¿Entonces, le pregunto señor presidente, amigos que tratan de convencernos de la casi obligación de respaldar a este gobierno por estar asediado por el imperialismo y el gran capital, por qué no se toman medidas contra esa práctica criminal que azota a los asalariados? ¿Tomar medidas contra eso es imposible, decir algo, condenarlo y declararlo una práctica ilegal y delictiva no está al alcance del gobierno? ¿Qué es lo que este gobierno puede hacer? ¿Si Maduro ahora, teniendo la ANC y el poder regional repartido como está, no puede hacer nada, cómo creer que si podrá después del 22-4? ¿Acaso a partir de esa fecha y cómo estará el cuadro político, dado como van las cosas, todo se le volverá más manejable? ¿En qué se sustenta tal razonamiento? ¿Tiene eso algún fundamento y sensatez?

¿Si el gobierno, por las razones que sean, no puede evitar esa especulación y agresión infame, entonces porque no ordena que el salario a los trabajadores a quienes se le depositan en los bancos, que son casi todos, le sea entregado en dinero en efectivo?

¿Cómo es posible que esa infame e intolerante práctica, que hace del pago electrónico, en los sitios donde se vende la mercancía que consume la multitud, una forma de venta a crédito o largo plazo y con un recargo del cien por ciento se haga de manera unilateral?

¿Por qué a la mercancía que es el trabajo no se le da igual trato? ¿Por qué si el Estado o un empresario cualquiera no la paga en efectivo sino que la represa en el banco, no se le da el mismo tratamiento? Es decir ¿por qué si el Estado o el empresario no nos pueden entregar todo el dinero de nuestra paga, el depósito bancario no se corresponde con ese aumento legalizado de las demás mercancías del cien por ciento, justamente siendo un pago por "punto"? ¿Por qué no aplicar en esto aquello de lo que es igual para el pavo lo es para la pava?

Claro, la respuesta que darían es obvia, los gobernantes, empresarios, cipayos y tecnócratas. Eso significaría más inflación. Es cierto, pero la inflación siempre debe caer sobre las costillas de los más débiles. Y eso sostiene y practica como "una verdad" del capitalismo y el capital. ¿Y qué papel juega en esto el gobierno revolucionario de Maduro?

Un docente, escojo este ejemplo por razones muy personales, que tiene un ingreso mensual de un millón de bolívares que se le deposita en el banco y sólo puede sacar 10 o 20 mil bolívares diarios, después de hacer una larga cola, aquél se le reduce a la mitad cuando acude a comprar los pocos alimentos para lo que esa miseria alcanza, sin contar con los estragos que por sí sola causa la inflación.

Quienes hacen esa práctica, la relacionada con cualquier transacción comercial, no operan a escondidas, ni siquiera simulando, sino de lo más natural. Como si fuese eso moral y comercialmente válido. Ponen sus respectivas ofertas para que usted escoja, efectivo o "punto", pero como casi nadie carga suficiente efectivo es víctima de la trampa. E insistiremos en decir hasta el cansancio o el fastidio, que las autoridades que esto saben se hacen las locas y cómplices por acción y omisión.

Eso significa que el salario desde el inicio, cuando la nómina de pago de un empresario privado o del Estado entra en los bancos, al trabajador, con la anuencia de éste, lo están estafando descaradamente. Si quien hace esa práctica paga al Estado los impuestos respectivos, vuelve a este doblemente cómplice de ella. El comercio informal o que no paga impuestos, de todos modos cuenta con la complicidad del mismo ente, quien se hace el desentendido. Tanto que hasta en las propias narices de los funcionarios del Estado se atraca de esa manera incesantemente al consumidor. Y hasta ellos mismos podrían ser objeto de tan vil procedimiento.

¿Entonces, señor presidente, si usted se ufana de defender a los trabajadores, porque dice ser uno de ellos, yo también fui niño, por qué deja que a ellos los estafen de manera tan vil? ¿Por qué usted y quienes le acompañan en el gobierno se hacen los desentendidos ante descomunal estafa e injusticia?

Amigos que llaman a atender la contradicción fundamental, lo que no debería ser sentirse obligado a continuar respaldando a quienes desde el gobierno han dado demasiadas muestras de incompetencia, ¿por qué no le exigen a estos que en casos como el que estamos comentando hagan algo por los explotados o asalariados?

¿Cómo creer que un gobernante que ahora mismo tolera cosas como esas, opta por ignorarlas y casi se hace cómplice, después del 22 de abril, de ser reelecto, va a cambiar de actitud? ¿Por qué no comienza ahora mismo? ¿Qué seguridad hay en eso? ¿Votar para reelegir no sería un pago adelantado y hasta en efectivo corriendo el riesgo de no recibir la mercancía? Parece que si, de acuerdo a lo que hemos visto. Sobrarían las excusas.

¿No es demasiado riesgoso comprometer el prestigio de lo que se ha defendido toda la vida respaldando algo que nos conduce al despeñadero? ¿No estaríamos contribuyendo a achicharrar o dispersar las fuerzas verdaderas del cambio?

¿Cómo entender que para atender a la contradicción fundamental uno tenga que hacerse cómplice de la corrupción, ineficiencia, arribismo de mucha gente? ¿Por qué para demostrar coherencia con un discurso soberano, antiimperialista, coherente con los intereses populares y el nacionalismo, debemos sentirnos obligados a alinearnos al lado de quienes no encuentran, dan muestra de poder hacer lo más mínimo para ganarse se le respalde?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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