Las tikeras que dieron triunfo a alcaldes y el bono del niño Jesús

La calidad de las propuestas públicas, dadas en el discurso político e ideológico de un candidato debe tener un llamado a la convivencia armónica y ética entre la población, por esto, las coyunturas para imponer su voluntad en la dirección partidista, nos debe llamar a la reflexión socialista y democrática que, implica un espacio educativo en el que, los ciudadanos tomen conciencia de la situación en que viven para, desde allí, valorar la calidad de cada propuesta que cada candidato hace, con el fin de transformar esa realidad y, hacer factible el mejoramiento de las condiciones de vida de la población, atrapadas, hoy en día, de las garras de la pobreza.

Debemos, pensar en la paz nacional y, no en violencia.

Se debe reparar los daños que, le hemos hecho a la democracia, y repito, ser realista para dejar curtido en nuestro rostro, los surcos de la conciencia política y militante, dejada por Alfredo Maneiro y sus matanceros.

Cada uno de nosotros, es un actor de la sociedad. Nadie, debe reflejar desprecio por sus camaradas en el orden estrictamente cerrado, esto, va más allá de nuestra verdad ideológica, esto, se hace a través de las escuelas políticas dejadas por Chávez y dejadas abandonadas por todo el país por irresponsabilidad y dejadez del mismo Psuv.

Así que, tenemos una conciencia moral, formada desde la niñez y en el hogar. Esos consejos y reprensiones quedaron grabados en nuestra forma de actuar de manera que, aunque la práctica de esas costumbres dependía en mucho de la voluntad de cada persona y de la capacidad para no dejarse contaminar por el ambiente, era un freno para no caer en conductas ilícitas. Y, precisamente, esa conducta busca imponerse en el camino revolucionario.

Si ese freno moral no existe o desapareció por las tentaciones que siempre existen, el derecho o las instituciones que se creen siempre estarán en desventajas para alcanzar sus objetivos. En Derecho lo que no se puede probar no existe y basta que el delincuente se escude en la protección del poder político o de cualquier otro medio, para que la corrupción prolifere. Las instituciones creadas para combatir la corrupción tienen que seguir los procedimientos que requieren tiempo y esfuerzo. Hay que identificar el acto de corrupción, investigarlo para recopilar las pruebas, investigar al corrupto o corruptos involucrados, presentar la denuncia con la información a quien como corresponda y esperar que algo se haga por las instituciones a quien corresponda.

Por todo ello, el populismo nunca debe sobrepasar las líneas del limite establecido y el presidente debe regirse por las normativas legislativas vigentes en nuestra Constitución Bolivariana y las reglamentaciones de la Asamblea Nacional, es un acto de disciplina en sí.

Los delitos relacionados con la corrupción se han multiplicado. Quien administra bienes ajenos, máxime si son del Estado, se cree casi autorizado para apropiárselos. Aprovéchate gaviota que no te verás en otra, piensan. A mí no me den, pónganme donde hay -dicen otros-. Por eso combatir la corrupción solo con medios jurídicos es como acarrear agua en canasto, al final ya no se llevará nada al lugar de destino. ¿Cuánto se ha hecho para depurar la Policía, para erradicar la costumbre adquirida hace años, de aprovechar el uniforme y el arma para enriquecerse ilegalmente? ¿Quién puede asegurar que esa conducta ha sido erradicada o que no aparecerá en el cercano futuro con más fuerza en la medida en que se aumente el número de policías? O las regalías del Estado, de allí el delito de dar tikeras para adquirir ron y bebidas ilícitas.

Ponemos el ejemplo de la Policía por ser el más conocido, pero bien podríamos mencionar a otros sectores de carácter colectivo sin dejar por fuera a los gremios magisteriales. Podemos asegurar que el germen de la corrupción está en la mayoría de los habitantes de Venezuela. A veces se piensa que solo los pobres caen en la tentación de la corrupción por la dureza del medio de donde proceden, pero aquí mismo hemos visto casos de ricos que se suponen no tienen ninguna necesidad, caer en actos de corrupción, nadie está totalmente a salvo de caer en esa tentación si encuentra la oportunidad de hacerlo. Solo los frenos morales que actúan desde el interior, desde la conciencia moral cuando se ha formado a tiempo, puede evitar que ese mal se siga extendiendo. Las normas jurídicas pueden ayudar, pero sin una corrección, poco se llegará a lejos. La potestad dada al gobierno para permitir o dificultar hacer negocios, a través de leyes, reglamentos o decisiones de funcionarios, da pie para que grupos de interés busquen la manera de presionar por políticas favorables a ellos. Al bloquear, o al menos retardar, la entrada de competidores a su mercado, los miembros de ese grupo pueden cobrar un precio más alto por su producto. La jugosa ganancia obtenida a través de ello es llamada renta monopolística.

Los problemas de altos precios en Venezuela tienen mucho que ver con esas estructuras monopólicas. Unos pocos –empresarios, profesionales y empleados de empresas estatales– se aprovechan del sistema para cobrar caro por sus productos, y con ello capturar grandes rentas a su favor.

Ya hace mucho tiempo que las instituciones profundamente arraigadas, creíbles, responsables y eficientes son consideradas cruciales para un bienestar y una prosperidad duraderos en una sociedad. Protegen a los países de una volatilidad frecuente e inquietante, ya sea económica, política o social, y reducen el riesgo de sacudidas costosas. Pero, hoy día, las instituciones políticas y económicas clave están siendo presionadas por una inestabilidad inusual en sus entornos operativos y los efectos de una pérdida acumulada de confianza por parte de sus electorados.

Las implicaciones varían, y existe una probabilidad de adaptación mucho mayor, incluso a través de un proceso relativamente ordenado de destrucción creativa y recreación, entre las entidades privadas en comparación con las públicas. Estas últimas demandan una intensificación de los esfuerzos de reforma, para no representar otro obstáculo para la capacidad de la economía global de ofrecer un crecimiento elevado e inclusivo de forma duradera.

Por eso, me pregunto. Que pasa con las entidades financias, Bicentenario y Venezuela. Es una red de caminos que resulta perjudicial. Ahora, tenemos la regaladera de dinero, que es un derroche del patrimonio nacional y, donde el chavismo es el más perjudicado, eso, sucedió en Parque Valencia, Carabobo.

Sin embargo, en los últimos años, esta caracterización ha sido recusada, ya que el prestigio de las instituciones privadas y públicas con una influencia sistémica.

Indistintamente de lo que decidan hacer los bancos con el margen cambiario, existen varios ámbitos donde el dólar de referencia tiene una influencia directa para calcular cuotas y precios finales. Y los sabios de nuestro proyecto bolivariano, asumieron la decisión de regalar dinero para captar votos, pero, esa realidad es falsa y perjudicial para el Estado Bolivariano de Venezuela.

Con el avance constante de la tecnología, las máquinas ahora pueden realizar algunas de las tareas que hacen los seres humanos, como las relaciones con los clientes. Más de la mitad de los empleos tercerizados podrían perderse en pocos años a menos que se lleve a cabo una recapacitación significativa, según un estudio de Tholons Capital, consultora con sede en Nueva York.

En la India, los robots ahora están remplazando a los trabajadores de los depósitos, por ejemplo.

Los dirigentes de algunas de las mayores empresas de tercerización del mundo se reunirán este mes en Filipinas para elaborar nuevas estrategias que contrarresten el impacto de la automatización, dijo Uligan. Las compañías cada vez más buscan trabajadores con estudios universitarios, experiencia y conocimientos técnicos que puedan ser recapacitados con facilitad,

"El mayor desafío es la gente, carecemos de personas con suficientes conocimientos técnicos y experiencia para atender las necesidades que surgen", declaró Jojo Uligan, presidente de la Asociación de Centros de Contacto de las Filipinas (CCAP, por sus siglas en inglés).

La ineptitud y el desgreño, la inacción y la negligencia, ejercidas por funcionarios con mando y jurisdicción, bajo determinadas circunstancias, adquieren connotaciones punibles de las cuales no se van a salvar, aunque abandonen el barco que hace agua y amenaza con hundirse.

Así que, el gobierno central, nos da trabajo y nosotros, poco acatamos ese jornal Hay que ayudar al ciudadano con trabajo productivo y no regalando dinero y tikeras, es ir a la ruina y el caos. Los alcaldes electos, no tienen ideología, menos militancia, desconocen el mensaje dado años atrás por Maneiro y Douglas Bravo



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Emiro Vera Suárez


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