Diez razones para una derrota

Más allá de la victoria en 17 gobernaciones y en mas del 80 por ciento de las alcaldías del país, el sabor a derrota nos llena la boca a quienes desde el Zulia quedamos de nuevo a merced de la camarilla más corrupta y mediocre que haya transitado el poder por estos lares. Como estos deben ser momentos para la reflexión, he aquí una muy humilde de por qué se perdió en el Zulia, en Caracas, Miranda, Carabobo y Nueva Esparta.

1.-Traición e indisciplina

Sabe el presidente Chávez que los traidores viven en nuestras filas, disfrazados de chavistas, con sus gorras rojas para cubrir escuálidos pensamientos, pervirtiendo procesos, pasando información al enemigo, apoyando financieramente a quienes atacan el proceso, en especial con jugosas cuñas publicitarias, haciendo ver una supuesta eficiencia desde las instituciones públicas y empresas del Estado donde pululan y mandan, engañan y compran conciencias, y contribuyendo al segundo gran mal: una indisciplina que se hace llamar libertad, una libertad que, por ejemplo, significó la derrota en el municipio Jesús Enrique Losada, donde una candidata del MEP sacó los 7 mil votos que le hicieron falta al candidato del PSUV para ganar, y por la baranda se coló el Nuevo Tiempo; o peor aún en Táchira, donde al candidato del PSUV a la gobernación le ganaron por 6 mil votos que a la sazón sacó una señora de un partido llamado PSOEV, que dice ser socialista. Resultado: la momia de Pérez Vivas y su insepulto COPEI al mando de tan importante estado fronterizo.

Esto sin mencionar a Carabobo, donde la dinastía maloliente y burguesa de los Salas llega de nuevo al poder por apenas 26 mil votos, mientras el traidor de Acosta Carles se llevaba para su tumba necesarios 56 mil votos.

2.-Impunidad

Basta ver a Antonio Ledezma, que dilapidó miles de millones como alcalde del municipio Libertador a finales de los 90, o a Capriles Radonsky, cuyas andanzas administrativas y golpistas son conocidas, para asegurar que en este país la justicia no llega tarde, peor aún, no arriba nunca. El inhabilitado políticamente Leopoldo López integrará, por cierto, el gabinete de Ledezma, con lo cual la decisión que le prohíbe administrar dineros públicos queda de facto sin efecto. Viva la amnistía.

3.-El socialismo se quedó en el campo

Los resultados del referendo sobre la reforma constitucional de diciembre 2007 son hoy nuevamente corroborados: en aquellos estados de alta población rural, el discurso del chavismo que devuelve tierras y da créditos cala, más no entra en las populosas ciudades, donde, a excepción de algunas barriadas, el capitalismo y sus consignas individualistas, defensoras de lo privado y aborrecedoras de lo público, se convierte en la cara de perro de la necesidad de supervivencia diaria. Mientras los barrios sucumben y se vuelven intransitables sus calles, los ejecutores de PDVSA siguen pensando en que sería bueno asfaltar allí, y las principales avenidas se mantienen como rostro bonito de la siguiente causa.

4.-Gestiones ineficientes, superficiales y de discurso vacío

Ciertamente Chávez no es el alcalde ni el gobernador de todos los municipios y estados, por lo cual a los gobiernos locales y regionales que tuvieron 4 y hasta 8 años en el poder les pasaron factura. El que se rasque, seguramente ha de picarle.

5.-El antichavismo demencial

Esto no es, por supuesto, una redundancia; aquellos sectores enloquecidos por su odio hacia Chávez logran lo imposible: convertir a débiles mentales y vetustas momias de la Cuarta República en gobernadores y alcaldes. Basta con que Chávez se oponga a, digamos, el jefe de las mafias en el Zulia, el capo Rosales (27 años en cargos públicos, 16 años mandando en el estado), para que hasta quienes lo detestan salgan a elegirlo, demostrando además lo acertado de la siguiente razón.

6.-Valores devaluados (pónganme donde haiga)

El caso de Rosales, electo ahora alcalde de nuevo, habla también de la identificación de un buen porcentaje de la población con una ecuación perversa: soy bruto y no se hablar, pero con un poco de suerte y robando mucho, puedo llegar a ser millonario. Ser corrupto en este país, al parecer, se ha convertido en una distinción de clase. Razón tenía el oráculo de los adecos, Gonzalo Barrios: en este país se roba porque no hay razones para no robar.

7.-Pan y circo

La repartidera de reales de Rosales, amén de becas, créditos y una red de trabajo político mantenida con recursos del erario público, convencen a miles de electores de que el pan de hoy no tiene nada que ver con el hambre de mañana, y mientras fluya el licor y la parranda, el dinero fácil y la dádiva improductiva, todo está bien. Triste realidad de un populismo convertido en forma de vida que embellece a los monstruos políticos que lo alimentan.

8.- Las mayorías no deciden, las capitales mandan

En el Zulia (seguramente en otros estados también), el PSUV puede ganar 15 de los 19 municipios en pugna para las alcaldías, pero un grupito de personas acomodadas en la capital, Maracaibo, deciden por todo el estado. Para muestra, un botón: el heredero de Rosales, Pablo Pérez, le ganó a Di Martino por 119 mil votos, de los cuales 113 mil corresponden a la diferencia que le sacó en el municipio Maracaibo. En una entidad con 4 millones de habitantes y dos millones de votantes, la clase media acomodada y los ricos de la capital deciden sobre quien gobernará a sitios que ni sueñan con conocer. Extraña democracia participativa.

9.- Después de las elecciones

Esta se ha convertido en una premisa de Estado en un país donde afortunadamente –en teoría- hay elecciones todos los años. Así, todas las decisiones son sopesadas en función de sus consecuencias para el acto electoral, por lo cual muchas decisiones difíciles siguen esperando para el año en el cual no haya elecciones. Además, las revoluciones que se limitan a lo electoral, tarde o temprano, sucumben ante los ataques de sus enemigos internos y externos. Menos consulta, más acción del poder comunal.

10.-El trabajo es con la gente

Esta es causa y propuesta. No dejemos para la campaña lo que podemos hacer hoy, olvidémonos de los contratistas y pensemos en las obras que el pueblo necesita. Enseñemos a pensar que para llegar al futuro, el presente no se puede construir con materiales débiles que se derrumbarán con el primer aguacero. De buena manera, hagamos campaña siempre.


(*)Profesor de la UBV-Zulia

boscan2007@gmail.com


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Rafael Boscán Arrieta(*)

Periodista y Docente universitario

 boscan2007@gmail.com      @raboscandanga

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