Dijo recientemente un famoso gobernante de una gran potencia, que en Venezuela algún día habrá elecciones, sin especificar si ese evento se dará pronto o distante en el tiempo. Lo cierto del caso es que esas futuras elecciones son vistas por muchos como el desenlace del turbolento proceso político en que ha estado sumida Venezuela, durante lo que va de este siglo XXI.
También dijo el mencionado gobernante de una gran potencia, que primero hay que arreglar a Venezuela, para encaminarla por el sendero de la democracia y el progreso, y que en estos momentos las fuerzas de oposición no están en capacidad de gobernar a este país.
Por lo visto, este famoso gobernante y sus asesores, desde una óptica de tutelaje, consideran que en Venezuela primero hay que recuperar la industria petrolera y la infraestructura de los servicios públicos, así como mejorar las condiciones de vida de la población en general. De lo contrario, cualquier intento de ir a una confrontación electoral, pudiera derivar en un desastre.
También se imaginan este famoso gobernante y sus asesores, idílicamente, que en Venezuela hay que fomentar una cultura democrática que permee las instituciones, a fin de garantizar una democracia sólida y robusta. Se imaginan que las fuerzas políticas que han estado en pugna durante lo que va de este siglo XXI, y otras que puedan surgir en lo adelante, deben transitar caminos de democratización interna y de formación política y capacidad de gobierno de sus militantes, lejos del hegemonismo y del mesianismo, y lo más importante, lejos de la búsqueda de atajos para alcanzar el poder.
Así las cosas, este famoso gobernante y sus asesores, desde la perspectiva de lo que algunos han dado en llamar la recuperación de Venezuela para el hemisferio occidental, se imaginan a un país democratizado, estable y en condiciones de explotar sus inmensas riquezas petroleras, gasíferas, mineras, de agua, de tierras agrícolas y de biodiversidad. Amanecerá y veremos.