Estimado Fiscal General de la República, mi caso son siete mascotas asesinadas para cometer un hurto

Suelo escribir mis textos de discusión política en tercera persona y uso la primera persona para expresiones cuentísticas y poéticas. Hoy me atreveré a personalizar y a aburrir a mis lectores con detalles de mi rutinaria vida, paso casi obligado para dar expresión a mi propósito, que es llamar la atención de la autoridad sobre un hurto y crueldad animal del cual fui objeto. Esta instancia es el Ministerio Público, organismo de justicia del Estado venezolano bajo la dirección de Tarek William Saad.

Al Fiscal General de la República últimamente lo he visto muy activo en su trabajo, atendiendo casos bastantes disímiles entre sí de nuestro acontecer nacional: maltrato animal, maltrato y abuso infantil, abusos de poder, difamaciones, ataques a la moral pública, etc. Uno de esos casos fue el de una niña violada y asesinada en el sector de Tronconero, Vigirima, municipio Guacara, estado Carabobo, cerca de donde resido ahora.

Es un fiscal bastante activo y contundente, bandera del nuevo Estado venezolano con la revolución bolivariana. Digamos que es una de las figuras de mayor referencia en las redes sociales, especialmente en Twitter, canal que utilizo a diario para mi trabajo. Inclusive propuso reformar el piso legal para despenalizar contenidos en las denuncias online sobre ultraje infantil para una mayor fluidez en las peticiones de justicia, en mi opinión una iniciativa provechosa en tanto la informática y las redes sociales anclan en gran medida el espectro del comportamiento humano presente y, con mayor fuerza, futuro.

A través de la redes sociales, con el apoyo y la inteligencia social, presupongo ha podido dar esos célebres mazazos justicieros: el caso ya mencionado arriba, el caso de una señora rebotando a su bebé como un balón (en Zulia si no me equivoco), el caso en Zulia de una señor que cometió crueldad animal, el caso de un violador que en Los Andes hizo de las suyas y lo capturaron bajándose de un autobús en Caracas al huir, el caso de unos individuos teniendo sexo en medio de la ExpoValencia 2022 y el actual caso en el sector Las Sábilas, estado Lara, de cuatro mujeres montadas sexualmente sobre un niño de cinco años con el fin de subir el video de su actividad a la llamada "Dark Web". Tan convincente record ha generado que le soliciten su intervención hasta en el flagrante caso de la elección de Miss Venezuela, donde, presuntamente, los jurados no tocaron ningún pito en el baile.

Mi caso personal es muy simple y hasta cotidiano (aunque sea penoso decir algo así, políticamente hablando), y, para no aburrir tanto, lo resumo, aclarando que lo subo a la red bajo el preámbulo de este escrito con la intención de formar parte de esos expedientes digamos "felices", atendidos puntualmente por el Ministerio Público, e interesar, claro está, al Fiscal General. En febrero de este año, 2022, salí de mi casa ubicada en Vigirima, estado Carabobo, a las 10:00 pm y regresé a las 12:10 am. En tal lapso de tiempo, ocurrió un hurto de mis enseres domésticos (nevera, frízer, lavadora, cocinas, pantalla de TV, etc.) valorados en 4 mil dólares, aproximadamente, además de dos mil dólares en efectivo, teniendo para ello que envenenar los hampones seis perros de cuido que tenía en el terreno, además de un gato. Del caso se ocupó el CICPC-Mariara y la Fiscalía, lógicamente, quienes realizaron unos procedimientos de captura y tal vez de recuperación, pero, siendo francos, dichos procedimientos satisficieron a los formatos mismos procedimentales y no a la víctima, en este caso yo, quien no recuperó ni una arandela del montón robado.

Ante ello, desde el mes de marzo de este mismo año, unas semanas después del percance, me movilicé a la Fiscalía, Valencia, y se me asignó el expediente MP-1488620-22, fiscalía 11ª, para la revisión de los aspectos del hurto, pero nunca se concretó nada. Algo resignado, probé luego castigar a los hampones por la vía del delito de la crueldad animal y se me asignó en Derechos Humanos el expediente MP-52793-22. Se me atendió cordialmente mientras asistí a la institución semanal o quincenalmente hasta septiembre, cuando se me dijo que no fuese más, que me llamarían. Pero no he sido llamado.

Hasta acá lo dejo porque el resto pudiera interpretarse como un reclamo a la inacción institucional y, como es de creerse, no me anima esa onda. Yo tengo fe en la institución y sé que arrojará resultados su trabajo. Ya se termina el año. Tengo fotos de los cadáveres de los animales. Tengo testimonios de su muerte. Tengo la fosa común donde los deposité. Tengo el deseo, por supuesto, de que, fulgurantemente, como esos casos de las redes sociales, se haga justicia, yo en especial, militante que soy del PSUV, quien celebra la incorporación y ejercicio de esta ley de protección animal a nuestra cotidianidad nacional.

¿Quién soy yo? Nadie. Más que un militante ex miembro de equipos políticos en Caracas por el PSUV, recién mudado a Guacara donde, otra vez, pertenezco a estructuras políticas comunales, soy el ciudadano común que pide desfazer un entuerto, como diría Don Quijote. Doy por perdidos los enseres y, ni modo, las mascotas también, pero ¿debo perder la fe en la justicia de mi país?

Saludos, estimado Fiscal General de la República, Tarek, William Saab.



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Oscar J. Camero

Escritor e investigador. Estudió Literatura en la UCV. Activista de izquierda. Apasionado por la filosofía, fotografía, viajes, ciudad, salud, música llanera y la investigación documental.

 camero500@hotmail.com      @animalpolis

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