Entre la guerra y la pandemia

Las peores calamidades que más pueden afectar una comunidad son las guerras y las epidemias. Las secuelas de ambas son ciudades destruidas, muertos, heridos, mutilados, huérfanos, viudas, desempleo, hambre y fallecimientos a futuro como resultado de tales fatalidades. Durante varios siglos Europa vivió y ha resistido ambas atribulaciones y como secuela de estas nefastas experiencias deberían, sus gobernantes y los pueblos, mostrar cierta sensibilidad social ante problemas similares. Lamentablemente pareciera que el egoísmo y los intereses particulares y de grupos les velan los ojos, les tapan los oídos y les enfundan la boca para no enterarse lo que ocurre más allá de sus narices. De igual manera, el pueblo estadounidense, consecuencia de los numerosos conflictos bélicos propiciados por los gobiernos de turno, ha visto llegar a sus aeropuertos miles de ataúdes cubiertos por la bandera de barras y estrellas, muertos en países lejanos para defender los intereses de las avaras empresas. Actualmente el mundo vive las desgracias de coronavirus, una epidemia que está arrasando parte de la población, aunado a esto, el cierre de numerosas empresas y comercios, consecuencia de la merma de los beneficios económicos. Todo esto apunta a una pérdida de empleos y como resultado, la inestabilidad de la familia debido a la imposibilidad de adquirir los alimentos básicos para mantenerla. Esta adversidad redundará en una crisis de salud, tanto familiar como nacional y mundial.

Venezuela es víctima tanto de la pandemia del coronavirus, como la de una guerra de cuarta generación, caracterizada por la aplicación de sanciones económicas, boicot a la exportación de crudo, principal y casi única fuente para obtener divisas para resolver los problemas de país. Nada diferente a las antiguas prácticas medievales de acosar y sitiar las ciudades amuralladas para matar de hambre y sed a sus pobladores. Venezuela, derivada de esta situación criminal aplicada por los gobiernos de EEUU y la UE, solicitada por el bobolongo Guaidó y la secta terrorista VP, está en un escenario de urgencia dado que la mayoría de la población está impedida de comprar comida debido a la inflación criminal inducida. En la actualidad el imperio y la UE son cómplices de las manipuladas acciones financieras que originan una subida artificial del dólar. Para el momento de escribir este artículo un dólar (1 $ USA), se cotiza a Bs. 1.077. 034. Si tomamos en cuenta que el salario del profesional promedio es de Bs 3.000.000 mensual, resultará que este se convierte en 2,78 $ USA, además, el salario mínimo es aproximadamente 0,40 $ USA. Si a esto se le agrega que un kilo de arroz cuesta 1,20 $ USA y un cartón de huevos 3 $ USA, se comprenderá la crisis que está padeciendo el pueblo venezolano. Aunado a lo anterior, el imperio impide, motivado a las sanciones, que las cajas CLAP lleguen a su destino, lo cual agrava el problema alimenticio del pueblo.

El relato anterior no es un invento y se puede corroborar buscado la cotización dólar por Internet y acudir a cualquier supermercado para estar al corriente de como los comerciantes criminales, dueños de los auto mercados, intentan matar de hambre a los venezolanos, tanto de la clase media (que ya no existe) como los de las clases más necesitadas. Lo que está sucediendo en Venezuela producto de la guerra declarada de EEUU y la UE es sumamente crítica, las actuaciones unilaterales de están creando una situación de caos de consecuencias impredecibles.

Siempre recuerdo las razones de la creación de la ONU en la Conferencia de San Francisco (1945) en la que cincuenta y un países elaboraron y aprobaron la Carta de las Naciones Unidas, cuyos fines son:

Mantener la paz y la seguridad internacional mediante el recurso de la vía pacífica y el diálogo para la resolución de conflictos.

Promover y defender los derechos humanos y fomentar la cooperación internacional.

No sé si tales objetivos me mueven a la hilaridad o a la rabia. Me pregunto ¿Matar de hambre a una población entera es una vía pacífica? Aplicar sanciones de manera unilateral por parte de EEUU y la UE es una extraña forma de dialogar para la resolución de conflictos y mucho más extraño es, que violando el derecho de alimentarse a un pueblo sirva para promover y defender los derechos humanos. ¿Será que todo esto significa "cooperación internacional"?

Por lo anterior se percibe que la situación del pueblo venezolano es sumamente crítica y peligrosa. Si a la guerra de cuarta generación de la que somos víctimas se le suma la epidemia de covid 19 que asola a la humanidad, se tendrá una idea de la magnitud de la crisis de nuestro país. Para el imperio no basta matarnos de hambre, porque por culpa del bloqueo de nuestras cuentas bancarias y ante la imposibilidad de adquirir préstamo en la banca internacional, el país no tiene acceso a las divisas para comprar las medicinas, entre estas las vacunas que podrán solventar la crisis de salud que vive Venezuela y el mundo.

Sirva lo expuesto en este artículo como un llamado a la comunidad internacional para que medie ante el organismo que les compete la pronta solución de esta crisis.

En los párrafos anteriores se nota, por la indiferencia, la hipocresía de la comunidad internacional, que, en vez de contribuir a la solución de un conflicto de sobrevivencia, impone más y nuevas sanciones para coadyuvar a que la crisis alimenticia y de salud en Venezuela se acreciente. Es bueno recordar que el genocidio fue unas de las causas que llevaron a los criminales nazis a cadalso en los juicos de Núremberg (1945), creo que hoy tenemos varios candidatos, entre estos el rubicundo Donald y Juanito Alimaña, para llevarlos a la Corte Internacional de Justicia para que rindan cuenta sobre sus actuaciones que ponen en peligro la vida de millones de personas.

Señores de la comunidad internacional, ya basta, no se puede ser tan hipócrita de ver la situación de un país, que sin ser juzgado un presidente por algún tribunal lo arrastre, junto a un pueblo, a vivir la ignominia de unas sanciones que conducen al exterminio. Con razón expresó Moliere: "La hipocresía es el colmo de todas las maldades". Lee que algo queda.

 



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Enoc Sánchez


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