La crisis tiene solución

 

Hasta esta hora sabemos que toda crisis económica, política, militar, diplomática, social o existencial tiene solución. Siempre hay una manera violenta, pacifica,  consensuada, inmediata, mediata o a largo plazo, de ponerle fin. La realidad es una suma de hechos concretos, en continuo movimiento, multisectorial, con hombres y mujeres identificados como grupo o sector que la interviene, voluntaria e involuntariamente.

La crisis es consecuencia de la relación contradictoria y vinculante entre las fuerzas de la naturaleza y la presencia humana como agente creativo, reproductor y generador de conflictos y riquezas, en un espacio y tiempo determinado, en defensa de ideales supremos o por aberraciones individuales o de clase.

En algún momento el nudo se afloja, aunque sea el más terrible por desanudar. No hay crisis que dure demasiado ni sociedad que la soporte, indefinidamente. Existe un instante donde no vemos con claridad lo que está frente a nuestros ojos, por ejemplo: los minutos que preceden a la salida del sol y los que suceden, al despedirse la luna. Advertimos en gris el camino a seguir, ello significa estar a merced de los peligros impensados, inclusive morir bien porque pisamos en falso, tropezamos con un objeto contundente o caemos al vacío.

Desde hace siglos, años,  varios pensadores, hombres y mujeres con sentido común y conocimiento científico de la Historia, Economía, Política, Educación y Cultura, así como sabios sembrados en el pueblo, han advertido la inmoralidad e ineptitud administrativa en el manejo de la inmensa riqueza no producida que ha ingresado al país. Avisan  con cifras en la mano, claridad de pensamiento y libertad de conciencia más un profundo amor por el país, el despeñadero en el que puede caer la nación, más temprano que tarde.

A riesgo de parecer “exagerado”, la actual crisis estructural comenzó el 12 de octubre de 1492 con los invasores españoles, la cruz y el arcabuz, cometiendo el mayor genocidio contra la Humanidad y el vil despojo de multimillonarios recursos naturales. Desde entonces hasta ahora hemos peregrinado de crisis en crisis, soportando humillaciones, derramando sangre como si fueran quebradas desbordadas, atrapados por la ignorancia en masa, manipulados por reyes, virreyes, nativos serviles y mercenarios traídos en barcos y aviones. Varios imperios, en decadencia y emergente, ayudados por  títeres locales, causaron la pobreza cultural, social, dependencia económica y la perversión política en los Gobiernos de turno, mientras sustraían nuestra riqueza.

Trescientos años después, pasamos veinte años cayéndonos a plomo en nombre de las deseadas pero secuestradas, Soberanía y Libertad. Sin una sólida identidad multicultural ni control absoluto de nuestras fortalezas materiales, logramos izar una bandera e himno como símbolos inequívocos  del sueño por ser y tener República independiente. Salimos de una crisis de dominación imperial directa  para ser  sacudidos por crisis secuenciales y desgarrantes. Cíclicas y poco aprovechadas.

Aparecieron héroes de la Independencia convertidos en terrófagos, esclavos mutados en libertos enflaquecidos por la penuria, servidumbre venida en domésticas de generación en generación y soldadesca investida como burócratas de gobiernos tiránicos, formando montoneras para expandir y proteger la rapiña y vida de los “rapiñeros”.

Apenas inauguramos el siglo XX, un compadre analfabeto, traidor y cruento, le arrebató el mando a quien terminó muriendo en el exterior con el amargo sabor de haber probado la insolencia de tres países europeos plantados frente a las costas venezolanas,  reclamando a cañonazos el pago por deudas pendientes. Los gringos intervinieron y negociaron como siempre, cuidando intereses geopolíticos bajo el slogan “América para los Americanos”.

Apareció el petróleo rompiendo de sopetón el país conuquero, cafetalero, agrícola. Surgieron los gobiernos de cuartel y  democráticamente entreguistas, precursores extraordinarios en el oficio de ser hijuelos del nuevo imperio, el del garrote y la zanahoria. Comienza la “siembra de la pobreza petrolera” con los cordones de miseria y los techos de cartón, abundantes en necesidades básicas y escasísima formación escolar y, al extremo, una clase económica enriqueciéndose desde afuera y dentro del gobierno tutelado por el neo-virrey llamado, Embajador (USA).

Así, entre saltos en el tiempo y asaltos a la administración del erario nacional pasamos a la crisis posterior, la de los diez años de sanguinaria y desarrollista dictadura militar perezjimenista. Los demonios del Capital y la Ignorancia  no cesan de horadar y siguen desatados contra la sociedad como un todo. La dependencia cultural-económica y política crea una falsa conciencia de pueblo. Nace el nuevorriquismo, el pitiyanqui ostentando lo que no produce. Los mayameros con el “dame dos” y los Doce Apóstoles, desfalcando la Venezuela saudita.

La agricultura de puerto y el demagógico discurso de la sustitución de importaciones, dejan colgando la economía  sustentable, productiva, diversificada, expansiva, planificada y rentable. El presunto parque industrial es una fachada de anime y el imaginario colectivo, dominante, baila rock and roll, celebra con champan, consume marihuana colombiana. La crisis es de otro tipo y no se quiere ver, es como el pecado: lleva la penitencia por dentro.

Los juegos de azar y las carreras de caballo incitan a ser “millonarios”, con un ticket en el bolsillo; ciertas mujeres son valoradas por su carne y físico, en concursos de belleza súper publicitados. Aparatos mediáticos privados chantajean y difunden mentiras completas y media verdades. El canal del Estado a los pies del gobierno de turno. Candidatos presidenciales repartiendo cabilla, cemento y zinc y  luego son electos bajo la maldición de las actas mata-votos. Crece una poderosa burocracia cívico-militar, inmoral y fétida. El sistema de Justicia tiene precio y el derecho a la Salud, se cobra por adelantado. La Educación minimizó el sentido de pertenencia y la identidad  cultural. La Frontera es la tierra del olvido. Casi una tercera nación…

Es la “crisis de la sociedad de los cómplices” la que, de a poco, envuelve venenosamente la vida ordinaria del venezolano y venezolana. Cada uno quiere un pedazo de la torta petrolera y todos meten la mano con la ayuda del otro, olvidando de cuajo que en algún momento aparecerá el periodo de las vacas flacas y el establishment se resquebrajará. Nadie escucha las advertencias, los reclamos éticos, del predecible estallido de la cloaca con su desgracia expansiva. Son descalificados como “viudas del desastre”, “voces agoreras”, “comunistas comemierda”, “anticipadores de desgracias”.

Moribundo el siglo del “oro negro”, barato y saliendo a chorros, irrumpe un modelo alterno de gobierno y, presuntamente, según los meteorólogos políticos a la vista, pronostican vientos favorables para cambiar el curso de la historia venezolana. Pareciera el escenario perfecto para repetir que es la época de los “Nuevos hombres. Nuevos ideales. Nuevos procedimientos”. Hay un líder carismático. Ocurrente. Dispuesto a sanar viejas heridas acumuladas en la población de escasos recursos, la misma que es capaz de tumbar gobiernos en un día de huelga general pero ignora que con un poquito de consciencia política puede construir una sociedad de iguales, soberana, protagónica, multiétnica y humanista.

Los pozos petroleros de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, (Zul.), mayoritariamente,  vuelven a generar torrentes de dólares pero el grueso de la población no participa en su producción pero sí, en el derroche. Surgen las Misiones Sociales como “respuesta de emergencia” para minimizar la pobreza extrema, social,  traducida en hambre, desempleo, rancherización, insalubridad, y el resto de los males que nos consolidaba como otro eslabón del tercer mundo pero con el “pequeño detalle” de poseer, la mayor reserva petrolera del planeta.

Se aprueba una nueva Constitución para mirar de cerca el futuro. Cambian la nomenclatura de la República, añadiendo el adjetivo Bolivariana. El imperialismo gringo cree  estar amenazado porque simplemente le ladraron en la cueva; para ellos somos el “patio trasero”, por lo tanto, no hay derecho a reclamar Soberanía e Identidad ni  siquiera entre dientes. Gritos van hasta la Casa Blanca (USA) y gritos rebotan en Miraflores (Ven.).

A Simón Bolívar lo sacan del Panteón con su espada libertaria para que asuste por América Latina, aunque olvidaron que los muertos no hablan y los sustos son como los deseos,  no “empreñan”. Sin embargo, el flujo de petróleo hacia USA no se suspende, los convenios con las trasnacionales son renovados y extendidos. McDonald’s sigue vendiendo la comida chatarra en  la “cajita feliz”. Los banqueros están felices porque han ganado más dinero en comparación a todos los gobiernos juntos de la crucificada 4ta. República. Continúa la elección de la Miss en la “Noche Más Linda”. La embriaguez de dólares y el “espíritu de revolución”, se alían sospechosamente. La crisis está oculta, mutándose.

Hay elecciones cada año, convirtiéndonos en Campeones Mundiales del Voto (CMV). El sector social-político-económico que chupó y sigue chupando de la teta petrolera hasta atestarse, esconde los “verdes” en paraísos fiscales y cuentas en Suiza. Organiza y ejecuta el contraataque, de acuerdo al guión gringo sobre la guerra de cuarta generación (medios de información nacionales e internacionales fabricando falsos positivos más actos de terrorismo). Penetra los cuarteles. El sector productivo (parasitario, es el sinónimo correcto) reduce la escasa producción con la que suelen auto calificarse como modelo de empresa privada latinoamericana. Arremete con guarimbas. Quema gente viva. Promueve escasez de productos básicos. Paraliza el transporte público. Multiplica el contrabando. Coloca quintacolumnas en el Alto Gobierno. Vale decir, no anda de parranda, está conspirando a diestra y siniestra. Se mueve como serpiente en el tremedal, con sobrado financiamiento dolarizado.

Pero los “Nuevos hombres, Nuevos ideales y Nuevos procedimientos” no terminan de convencer en su conjunto ni política menos, económicamente. Los números entre ingresos y egresos dan como resultado, un despilfarro mil millonario. Empresas creadas o expropiadas por el Estado, se transforman en ruinas avergonzantes. Abultan las nóminas  en la administración pública. La corrupción se despliega a sus anchas. Desangran la gallinita de los huevos de oro (Pdvsa). Los Plan de la Patria son un culto a la prosperidad. Los imprimen por miles pero a la hora de “batir el chocolate”, no mejora el nivel ni la calidad de vida del país. Es útil como papel reciclable.

Y cómo hecho doloroso, se produce la desaparición física del creador del sueño bolivariano. Un suspicaz cáncer lo traslada al más allá como presidente invicto y lo asciende al grado de Comandante Supremo para sus seguidores y críticos admiradores. Pero antes de partir nombra un designado, legitimado en elecciones reñidas con el contrincante de marras (2013), y reelecto cinco años después (2018). Entre tirios y troyanos sigue tragando grueso por la extinción del jefe e intenta seguir la orden trasmitida por su protector, no obstante, desde hace dos años la realidad revienta en  pedazos. La hiperinflación “pica y se extiende”, “a paso de vencedores”. Las espurias sanciones económicas de EEUU le ponen el cascabel al gato y, de paso, en el país vecino gana la presidencia de la república, un delfín del genocida y parapolítico, Uribe Vélez.

La crisis hiperinflacionaria deja de encubrirse entre cantos y festejos rojo-rojitos. Los Ministros miniaturizados y portátiles no desenredan el nudo gordiano. Salen y entran como si hubiesen cumplido un trabajo indeseable. Las gobernaciones (en su mayoría) son dirigidas por aduladores, malos gerentes y excelentes portadores de las siglas del partido en la frente. Los Alcaldes, con raras excepciones, brillan por mediocres y negligentes, con absoluta frialdad y codicia. Las Alcabalas fronterizas retienen al platanero que vende los racimos en su viejo Ford del ’80, pero, el pez gordo, el contrabandista que negocia toneladas de alimentos y descomunales bidones de gasolina hacia Colombia pasa por los estratégicos punto de control militar y aduanal, como “pedro por su casa”. Un grupo de oficiales de alto rango, dan la orden y sonríen plácidamente cuando ven jugosos depósitos en bolívares y “verdes”, en cuentas a terceros o cifradas en los paraísos fiscales y en la inefable banca suiza.

Que el costo de los artículos de primera necesidad alcancen hoy precios hiperinflados o el transporte público siga en poder de mafias legalizadas, es como si nos escandalizáramos cuando brota la punta del iceberg. No es la primera vez que el pueblo empobrecido y una parte de la clase media ven menguadas el nivel y calidad de vida. Da la impresión que estuviéramos aguantando una “enfermedad” desconocida o padeciendo hechos inusuales e impredecibles. Como si la crisis (hiperinflacionaria, ética, política y cultural) salió de repente y decidió arrastrar todo lo que se atraviese hasta nadie sabe cuándo.

Ningún río se desborda si se mantienen protegidas, permanentemente, las costas. Los ranchos no se derrumban en el periodo de lluvia ni se convierten en basura y sus habitantes en cadáveres, si son sustituidos a tiempo por viviendas dignas. La delincuencia no se reduce, exclusivamente, a punta de balas y fusilamientos extrajudiciales. La miseria no llega sola. Los ladridos del perro siempre advierten algún tipo de hecho.

Coloquemos varias preguntas sobre la mesa donde la crisis hace estragos. ¿Por qué las Universidades públicas y privadas se lavan las manos cuando la crisis aumenta la presión? ¿Acaso esta crisis la “sacó” un mago desalmado de un sombrero abandonado?  ¿Tienen autoridad moral los sindicatos y colegios profesionales cuando reclaman derechos laborales pero en contrapartida no presentan un plan sectorial audaz, con gerencia proactiva, honesta y sacrificios compartidos para obtener resultados prácticos con beneficios colectivos y no cuotas de poder individual? ¿Puede la comunidad de aquel barrio, edificio o esta urbanización continuar con reclamos repetitivos por un mejor servicio eléctrico mientras dejan encendidos bombillos y electrodomésticos, las 24 horas del día? ¿Qué hace el “insigne” sistema judicial para evitar las sentencias tarifadas, cárceles llenas de procesados y pocos condenados, jueces convertidos en pranes de tribus judiciales?¿Por qué los docentes se limitan a una febril petición de permisos no remunerados, aumentos de bonos, mejoras salariales pero no participan para optimizar la calidad de la educación y condiciones física de las escuelas, liceos y universidades? ¿Cuántos empresarios existen y no dueños de máquinas avejentadas e instaladas en locales subutilizados, con registros mercantiles viciados y trabajadores mal remunerados?¿Por qué le cuesta a la dirigencia del partido de gobierno quitarse la venda y ver la crisis “por la calle del medio”? ¿Sabe el Sr. Presidente Maduro quiénes son los quintacolumnas que lo rodean y hasta cuándo esperará que el pueblo pueda repetir las lecciones aprendidas el  23 de Enero de 1958 o el 27 y 28 de Febrero de 1989? ¿Por qué preferirnos quejarnos compulsivamente antes que organizamos para resolver problemas puntuales de la comunidad, con o sin ayuda del gobierno local, regional o nacional? ¿Comprenderán los partidos de Derecha y la variopinta Izquierda que en esta crisis, todos perdemos por igual? ¿Se puede resolver la crisis con el estómago vacío y los nervios de punta? ¿Es mejor abandonar la patria herida que romper lanzas por un país recuperable?.

El obsceno costo de los productos, bienes y servicios que nos tiene contra la pared, oyendo cómo las tripas delatan el hambre, es proporcional a la tosquedad política, la desmemorización y la complicidad individual y grupal de una sociedad podrida en sus bases, vacía en el alma. Esta es una coyuntura extraordinaria para saltar hacia el futuro con los pies en la tierra. Si esta crisis sistémica no se detiene con el concurso social, despojados de vanidades, con el suficiente coraje y mentalidad abierta para no dejarse vencer por la desesperación, construyendo juntos una visión política revolucionaria (de raíz, con hechos y no discursos), superior a la de esta vanguardia insípida e insensible,  entonces, esperemos sentados la llegada del Mesías, el próximo 31 de febrero...

Cada crisis tiene protagonistas. Unos aparecen “coleados”. Otros nacen al fragor de las duras circunstancias. La mayoría prende “la chispa que enciende la pradera”. Aquí nadie debiera rendirse, huir al extranjero con una maleta llena de ilusiones personales o esperar que la Sra. Desgracia pase por delante, llevando los despojos de la matria que nos parió. La patria está maltrecha, conmocionada, con un cuadro clínico reservado pero, sin embargo, aún respira, ríe y tiene dolientes. No pensemos tanto qué hacer. Empecemos por hacer lo básico: Actuar en pequeño con mano firme y espíritu de grandeza. Un globo se desinfla con el pinchazo de una aguja. Denunciar no basta menos si va oculto el odio, la hipocresía y el fanatismo. Seguir con la manía de pedir y responsabilizar de todo al “papá gobierno”, es muestra de que aún somos “masa” y no pueblo. Venezuela no se hundirá en este fango donde las lamentaciones y la picardía, tomaron la delantera. La historia castiga pero también reivindica.

*Escritor. Periodista. Ex-Diplomático.



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Elmer Niño


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