Los adjetivos exactos sobre Guaidò del Embajador Benedetti

En el lenguaje diplomático hay términos que nunca deben salir de la boca de quien ejerce esta estratégica y delicada responsabilidad política y de Estado. Aunque las palabras no tienen la culpa de ser precisas, contundentes e irrefutables para definir un escenario, un personaje, un sentimiento o una convicción, el peso de la formalidad y las apariencias es para la diplomacia lo mismo que para las religiones, la vestimenta del predicador, aun cuando quien la exhibe sea un miserable pederasta o un fascista encubierto.

Llamar "guevón" y "pendejo" a quien ha sido traidor, corrupto, conspirador y violador de la noble y digna identidad venezolana es, sin duda alguna, la caracterización lingüística "químicamente" mejor elaborada hasta la fecha. El pelele llamado Guaidó, financiado suculentamente por el gobierno norteamericano y sus cipayos en el resto del mundo, dejó de ser un gris diputado suplente, electo en la plancha del partido neofascista llamado Voluntad Popular para convertirse hoy, en una "cosa" sin forma ni fondo que en cualquier momento pateará el propio inventor y la historia lo recordará, como el peor mamarracho de la Derecha, en Venezuela y América Latina.

El embajador Benedetti cometió la "imprudencia" de no tener pelos en la lengua ni guardar la distancia al expresar públicamente, lo que en su pensamiento era y es una verdad de perogrullo. Cuesta una enormidad llamar gorila al perro, gato a la serpiente o costeño a un "cachaco". La impecable e inviolable sensatez diplomática degrada al hombre de libre pensamiento y envuelve en un manto de hipocresía, ese terreno movedizo de cocteles y sonrisas a granel donde las apariencias actúan a sus anchas, el traje oscuro en los incansables actos nocturnos y protocolares más el cantinflerismo verbal, entre otras singularidades congénitas al cargo, no aceptan que una palabra encajada con total certeza y pureza semántica, sea dicha en público o a través de medios convencionales y virtuales.

¿Es Guaidó, un "guevón"? Desde el día en que inició la actividad política- parlamentaria, de la mano del fascista prófugo de la justicia, Leopoldo López, hasta la hora cuando escribo este artículo, los abominables hechos ejecutados por este infeliz personaje son más que suficientes para calificarlo con ese adjetivo coloquial, criollo y absoluto. Sin formación ideológica que le permita explicar una idea elemental menos un fundamento doctrinario para exponer un modelo de sociedad porque apenas posee el lenguaje mínimamente necesario para no tener que comunicarse por señales y gestos. Carece de dignidad, sentido común y respeto a sí mismo.

¿Es pendejo?. Negarlo sería igual a ocultar el sol con un dedo. Solo una persona gris, perdida en el laberinto de las estupideces y las presunciones alucinógenas calza en esa lúcida calificación sociocultural del habla venezolano. Nadie más que un soberano pendejo tiene tanto talento para reunir en sí mismo, las pendejadas más absurdas como igual las más despreciables.

El embajador Benedetti, como buen colombiano por esencia y orgullo patrio, soltó de manera natural, sin cometer ofensa ni denigrar a nadie, lo que es igual a un teorema matemático, es decir, un axioma incuestionable y debe aceptarse sin aviso ni protesto: Guaidó es un inmenso "guevón" y pendejo con un futuro predecible. En Venezuela o en Colombia, pasará unos cuantos años bajos las rejas, por delincuente y asociación para delinquir, entre otros delitos.



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Elmer Niño


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