Por favor, si es el dictador, que pase

Era muy niño la última vez que una dictadura tocó a la puerta de mi casa. Por supuesto, la dictadura no era bien recibida, pues andaba tras los pasos de mi papá para encanarlo por "actividades subversivas". Todavía andaba yo de pantalones cortos cuando un buen día el dictador de la época se encaramó en un avión y partió a otros destinos. En tiempos de dictadura, mi papá, que era dirigente de AD, no podía ser candidato a nada porque no había elecciones, ni partidos políticos y los dirigentes de los mismos estaban presos, escondidos o muertos. Papá terminó preso en la cárcel de Coro.

Esta parte de la historia de mi país me dijo que un dictador es un tipo uniformado, que no permite partidos políticos, ni militantes de oposición en la radio, televisión ni prensa escrita, que cuenta con un sanguinario cuerpo represivo a su servicio personal, y que tiene el apoyo de los Estados Unidos.

En los últimos tiempos, a estas alturas de mi vida, la gran prensa nacional e internacional, dirigentes políticos del mundo, entre ellos muchos expresidentes, así como mandatarios en el poder como el de Colombia, Brasil, Argentina, México, y otros tantos factores, de esos que se han llamado las fuerzas vivas, me han convencido que tengo un dictador en casa. Un tipo que, por supuesto, debe ser malhumorado, y hace las cosas a su real gana. Se trata de un dictador con característ6icas muy particulares, una de ellas es que le cae como una patada en los testículos a muchos organismos internacionales, como la OEA, por ejemplo, donde respetables dictadores como Augusto Pinochet, departieron de lo mejor con el resto de mandatarios de la región y, en especial, con los gringos. Otra particularidad de nuestro dictador, es que los empresarios especulan, se burlan de las leyes, tanto de las impuestas por el dictador como las del mercado, que es otro tipo de dictadura. Y el dictador no actúa.

A partir del 30 de julo, la dictadura empezó a fracturarse o, más bien, a diluirse, sin que nos diéramos cuenta. De un día para otro desaparecieron los plantones, las trancas, las horas cero y cualquier otra manifestación de desorden público, de "Maduro vete ya". Las calles se despejaron y la gente circula libremente. No hubo una mortandad masiva, ni nada parecido. Sólo unas elecciones y el vainero se calmó. Luego nos llegó una convocatoria a otras elecciones. La dictadura llamó a inscribir candidatos. Se dice que se han expresado más de cien aspirantes a gobernadores y unos setenta y tantos partidos que se metieron en la carrera electoral. El común de la gente no entiende cómo es que los opositores al dictador se incluyen en esa competencia electoral, donde la dictadura controla el poder electoral, al Plan República, a los veedores internacionales, a las máquinas, los captahuellas, la tinta, el sellito, el cuaderno electoral, las firmas y cuanta lavativa implique una elección. De todas manneras, uno de los jefes de la llamada MUD anuncia que ganarán las 23 gobernaciones, a pesar de que es el mismo CNE que les hizo trampa el 30 de julio.

Las referencias al dictador quedaron para la prensa internacional y los ex mandatarios que piden hasta la muerte del tirano maluco. En Venezuela entramos felices al carnaval electoral.

Eso sí, los que siguen gozando un puyero con los empresarios especuladores, que con dictadura o sin ella, roban sin problemas. No les molesta que el dictador toque a sus puertas, de inmediato lo mandan a pasar.

 



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Pedro Salima


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