La clase desclasada y el 8D

Tal y como lo vaticiné en mi artículo anterior “la clase media y el síndrome de la gata loca” persistió el antichavismo irracional presente en la clase media desclasada y votaron por la ineficiencia de Ocariz, Eveling, Ledezma y Cochiola por nombrar algunas Alcaldías emblemáticas cuya gestión ha sido poco menos que nefasta.

Varias lecciones nos dejan estas elecciones municipales: Uno se le cayó a la oposición venezolana el discurso de que Nicolás Maduro había ganado gracias a un fraude electoral y que era un presidente “ilegítimo”, tanto que hoy escribe Nelson Bocagrande en El Universal que “quiérase o no, Nicolás Maduro consolida su presidencia tras el resultado electoral del domingo” y además agrega “esa consolidación vale también para afuera de Venezuela y es por eso que aprovechará la cresta de la ola mediática global que lo señala triunfador para darse un baño de popularidad y autoritas” Na’ guará este acérrimo enemigo del proceso bolivariano reconociendo esto, significa un gran triunfo mediático y político que destruye definitivamente la credibilidad de Capriles y la MUD que gritaron y nos acusaron ante la CIDH y el mundo entero de un supuesto fraude electoral.

Se les cayó y descalabró definitivamente la tesis del plesbicito electoral pues finalmente aún con la abstención que afectó a ambos sectores, Nicolás sale favorecido, en imagen, autoridad, legitimidad y consolida su prestigio y credibilidad no sólo frente a la unidad bolivariana que logra consolidarse superando tensiones, diferencias y contradicciones, sino que también frente a la oposición intransigente y disociada su imagen pública y liderazgo, no puede ya obviarse.

Sin embargo, es digno de estudio y análisis el caso de la clase media desclasada en el centro occidente del país y su comportamiento electoral. Y debemos preguntarnos para el presente y futuro inmediato qué hacemos con los 4.500.000 aproximadamente de venezolanos que siguen creyendo que la solución es el capitalismo; cómo recuperamos a estos compatriotas que manipulados nos odian sin razón y siguen creyendo además que Maduro ganó por fraude, o porque Capriles claudicó, o peor aún porque todos los que votamos por Chávez somos simplemente unos débiles mentales, sin inteligencia, mendigos y miserables seres humanos. Siguen ciegos, sordos y mudos frente a la expresión contundente de la mayoría electoral del país.

Cuando analizamos esta situación vemos por ejemplo el caso de Maracaibo, una ciudad echada al olvido por su Alcaldesa que enfrentó a un candidato de la revolución formado, estudiado, preparado, con sensibilidad social y comprometido con su tierra natal y sin embargo esto no fue suficiente para ganarle a la indeficiencia; o el caso emblemático de Valencia, quien votó por quien lo roba, estafa y engaña con su empresa Imeca; o el caso de la Alcaldía Metropolitana quien tiene al frente a un dinosaurio de la política representante de los desmanes de la IV República y sin embrago le gana a un candidato como Ernesto Villegas por poco menos de 8000 votos o sea el 0,4% de la votación. O el patético caso de Sucre donde perdimos por poco menos de 23000 votos todos ellos ubicados en sectores de la clase media que vota en su propia contra: irremediablemente sufren del síndrome de la gata loca y esto es un problema de salud pública.

Muchas preguntas nos surgen para entender este comportamiento de la clase media desclasada; por un lado debemos entender el discurso y cómo funcionan las creencias de esta clase, pues evidentemente el tema de estos sectores no es la gestión: por un lado votan contra el Chavismo por el profundo odio y desprecio que sienten por nosotros y por el otro e inexplicablemente no les importa la suciedad, la falta de transparencia, la ineficiencia y que los esquilmen y roben: sólo los alienta a votar un odio visceral contra el proyecto bolivariano, eso los alimenta y los moviliza.

Sin embargo, en otros lugares del país vale la pena analizar el triunfo de poco más o menos 21 Alcaldías de distintos representantes de partidos aliados al Polo Patriótico que no declinaron en sus aspiraciones; ese es el caso de ganadores por el PCV, Tupamaro entre otros partidos aliados y que se demostró con ello: LIDERAZGO LOCAL, no puede por tanto el PSUV hacerse el sordo mudo frente a este realidad local territorial y geopolítica que representaron estos triunfos de los aliados; no podemos seguir imponiendo a dedo algunos liderazgos y esa es una lección que aprender por parte de los dirigentes del PSUV.

Otro punto que debemos analizar es el triunfo de la derecha debido a divisionismos o protagonismos nuestros que permitió el triunfo en Alcaldías tales como la de Maturín. Ese punto debe estar sobre la mesa del análisis.

Ahora bien vale reconocer el crecimiento dentro de los sectores de clase media por parte de nuestros candidatos y ahí rescato el ejemplo de Ernesto Villegas: sacó 16000 votos más que nuestros candidatos en la Alcaldía Mayor que sin embargo no fueron suficientes para el triunfo, y me explico: mientras Jorge sacó 478000 votos Villegas obtuvo 488000 aproximadamente; en Sucre obtuvo 3000 más que El Potro, en Chacao obtuvo 411 votos mas que Titina; en el Hatillo 1000 votos más que el poeta y Baruta aproximadamente 700 votos más que Winston; este extraño fenómeno es digno de estudiar ya que podemos inferir que pudo el discurso de Villegas conquistar y penetrar a ciertos sectores de esa clase media y vencer la costra ideológica que los recubre y que los hace impermeables a los mensajes bolivarianos: especialmente este caso debe estudiarse con detenimiento.

Qué nos espera entonces ante el triunfo histórico de la revolución venezolana frente a la canalla mediática trasnacional y a los grupos financieros y económicos mundiales: nos queda el reto enorme de recuperar el terreno y la credibilidad resquebrajada frente a estos sectores de clase media que aunque desclasada son importantes, y que una parte de ellos, hoy expresa el hastío de esta dirigencia opositora irresponsable, corrupta e ineficiente y que se expresó en ese caudal de votos de la oposición quienes votaron por nuestros candidatos –a pesar de que no fueron suficientes para ganar-.

Debemos entonces buscar más allá, los liderazgos verdaderos que están en la base y que muchas veces desde el propio partido y de las miserias humanas de algunos egoístas, no les dejan ni asomar la cabeza. Estos líderes que se han ido construyendo y que por su estatura moral, capacidad gerencial y compromiso ético, pueden acompañarlo en esta inmensa tarea que debe enfrentar.

 

Además desde la revolución es forzoso analizar nuestro discurso y nuestra construcción simbólica, entender que los marcos conceptuales de esta clase media desclasada atacada por el síndrome de la gata loca, la idea del “progreso” por ellos manoseado, no es otra cosa que vendernos mediante el uso de técnicas publicitarias el sueño americano, aquel en donde TODOS pueden llegar a ser ricos siempre que se trabaje por ello; sin entender que son simples peones en el ajedrez de las grandes empresas explotadoras de talento.

Desempolvar nuestro discurso para desenmascarar el metamensaje referido al progreso, a la felicidad, a la riqueza fácil y rápida, al consumismo; ese que privilegia el modelo de vida individualista sobre el interés colectivo, que nos aísla como seres humanos y desconoce con ello, el sentido de la humanidad y de la política que no es otra cosa que –la otredad-. Imprescindiblemente recuperar símbolos característicos de este consumismo para desmontar inteligentemente con humor y sarcasmo esa representación simbólica del “sueño americano”: demostrando a su vez que este modelo idealizado por estos compatriotas sólo significa excluir y destruir a grandes mayorías y endeudarse hasta morir para mantener el “status” y peor aún acabar con el planeta.

Necesaria la misión para recuperar a estos compatriotas de su disociación a través de la palabra, el discurso inteligente y las acciones. Nadie puede predicar que el socialismo es mejor sino los convencemos con los hechos de que este proceso dador de vida y reivindicador del ser humano como centro del mundo, también los incluye a ellos: es un problema de salud pública.



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María Alejandra Díaz


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