¿Qué cosa debemos celebrar?

 

Ya el CNE dio el resultado irreversible del proceso electoral realizado el 14 de abril de 2013: el camarada Nicolás Maduro con un  50,77% (7.575.506) y Capriles con un 48,95% (7.302.641). Ya son centenares los artículos de opinión que se han escrito y se han publicado  sobre el resultado electoral. Por no decir todos, casi todos reflejan una profunda preocupación de los articulistas por el destino del Proceso Bolivariano. Pues, ha llegado un momento en que no sólo se deben abrir las puertas y ventanas a las críticas constructivas sino, muy importante, que los que gobiernan en el interior del gran edificio que es Venezuela, abran sus oídos y escuchen con muchísima atención y esmero las críticas, no para almacenarlas sino para tomar de ellas todo cuanto contengan de espíritu constructivo y que contribuyan en la corrección de los errores que algunos o muchos hayan apreciado y algunos o muchos no lo hayan apreciado sobre la verdadera objetividad en que se desenvuelve el país. El Proceso Bolivariano y su Programa socioeconómico, deben ser lo primario, lo fundamental, lo prioritario para todos los seres humanos que ansiamos un destino donde reine justicia, libertad, equidad y solidaridad. Eso es el punto neurálgico del cual debe partir todo análisis y toda crítica constructiva. Cualquier otro destino, no sería sino un lanzamiento de petardos para desfavorecer y no favorecer la tendencia progresiva del Proceso Bolivariano.

         Alguien que haya paseado sus ojos por la lectura de ese extraordinario fenómeno de lucha de clases conocido como la Guerra Federal de 1859-1963, fácilmente puede hacer una analogía con el resultado electoral del 14 de abril de 2013. La Guerra Federal tuvo como conclusión una victoria militar sobre las fuerzas conservadoras y oligárquicas pero, al mismo tiempo, se tradujo en una derrota política para las fuerzas del liberalismo y antioligárquicas. Y en eso, jugó un rol primario el asesinato del general de hombres libres, Ezequiel Zamora. El proceso electoral del 14 de abril de 2013 tuvo, se puede decir sin que en nada hiera los sentimientos del chavismo y de quienes votamos por el camarada Maduro, como síntesis lo siguiente: fue una victoria militar (entendiendo ésta como la obtención de mayor cantidad de votos que el adversario)  pero, al mismo tiempo, fue una derrota política para el Proceso Bolivariano aun cuando siga estando en el poder político. Y en eso, es una verdad, jugó un rol primario la muerte del camarada Chávez.

Si traducimos el 50,66% a la objetividad existente en este momento en el país, significa que decrecimos –redondeando los números- en unos 600 mil votos mientras que el adversario con su 48,95% o casi 49% creció en unos 800 mil votos. Lo sorpresivo y hasta se podría decir incomprensible es que eso haya sucedido en el transcurso de 4 meses. Eso, camaradas, requiere de sentarse –especialmente el Gobierno, la máxima dirección del PSUV y representantes de los partidos y organizaciones políticas que hacen vida activa en el Gran Polo Patriótico- con la cabeza fría y el corazón ardiente para realizar un profundo análisis que precise las causas, razones o motivos que dieron esos resultados electorales el 14 de abril de 2013.

         Haber obtenido un 50,77% contra un 48,95% o casi 49% es, camaradas y nadie se sienta ofendido porque no estamos hablando de cualquier pendejada sino de un Proceso Revolucionario que viene expresando y auspiciando justicia y bienestar al país durante 14 años continuados y además de ofertar el socialismo como régimen de vida que sustituya al capitalismo salvaje, una victoria pírrica como pírrica –lo dijo el camarada Chávez- fue la victoria que obtuvo la Oposición cuando el referéndum en 2007, aunque ambas al fin y al cabo sean victorias. El país, debe reconocerse para poder elaborar políticas acertadas, está dividido casi en dos partes iguales con visiones de mundo –especialmente a nivel intelectual o direccional- diferentes.

 ¿Por qué a nivel intelectual o direccional? La aplastante mayoría del 50,77% que obtuvo el camarada Maduro son personas de clases y sectores sociales desposeídos, obreros, campesinos, amas de casa, marginados, estudiantes, buhoneros y propietarios medios. Y la aplastante mayoría del 48,95% o casi 49% que obtuvo Capriles está igualmente ubicado en esas clases y sectores de donde salieron los votos del camarada Maduro. Es cierto, que la mayoría de los ricos y que de paso es una minoría en el país y la mayoría del sector medio alto votaron por Capriles, pero tampoco es mayoría en el país. Si en Venezuela se aceptase, como válida o se comprobase, la hipótesis de que existen más de siete millones de oligarcas o majunches, estaríamos en presencia de otro planeta donde las flores serían el producto de sembrar moneditas de oro. No, la mayoría de quienes votaron por Capriles es gente de pueblo, con las mismas realidades de quienes mayoritariamente votamos por el camarada Maduro, con los mismos sueños, con las mismas esperanzas pero con estados de fe diferentes, porque un 50,77 comparte la visión de mundo y de país que representa el camarada Maduro y el 48,95 o casi 49% comparte la visión de mundo y de país que representa Capriles. Y esa verdad, camaradas y debemos aceptarlo, nos exige, nos obliga y nos impone el deber de modificar nuestro lenguaje, especialmente, el que vaya dirigido hacia las clases y sectores que siempre han sido los marginados por las políticas de la burguesía y sus expresiones de Gobierno a través de partidos políticos de derecha y que una parte importantísima votó por el camarada Maduro y otra por Capriles. Por esa realidad nosotros, como El Pueblo Avanza que estamos –lo hemos dicho en varias oportunidades- casi de manera incondicional con el Proceso Bolivariano –en general- y antes con el camarada Chávez en vida y ahora con el camarada Maduro –en lo particular-, pensamos que todos los discursos extremos, de un radicalismo que raya en el sectarismo y dogmatismo, le hacen un daño terrible al Gobierno Bolivariano. Por lo menos, así lo creemos, en este momento de la Historia política venezolana. Escuchar o leer, por ejemplo, hoy día que el Gobierno del camarada Maduro debe en el acto, al asumir legítimamente el Gobierno, expropiar a toda la burguesía es, y no nos acusen con términos vacíos o descalificativos de capitalistas o imperialistas, una expresión –sin ofender ni menospreciar la capacidad de nadie- de enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo. Si eso hiciera el camarada Maduro, por lo menos lo creemos nosotros como organización marxista, sin tomar en consideración las condiciones del capitalismo internacional, de la tecnología existente en Venezuela, de la organización social del trabajo, de las fracturaciones en la clase obrera, del nivel técnico de los hombres y mujeres que están con el Proceso, en menos de un año entraríamos en un estado de descomposición comiéndonos los unos a los otros, matándonos los unos a los otros, creando un caos en que el Proceso Bolivariano sería el gran perdedor. Para el Proceso Bolivariano jamás propondremos ir a paso de tortuga pero tampoco a la velocidad del campeón mundial de los cien metros planos. Sin embargo, nosotros estamos conscientes que el socialismo no es posible sin política de expropiación y de nacionalización como también de un Estado que sea el monopolista en la producción, comercialización y distribución, en lo bancario e industrial, es decir, que sea el primer financista en las transformaciones socioeconómicas. Pero, creemos, que todo en su momento en base a circunstancias concretas, tanto de carácter internacional como nacional, que las justifiquen.

Estamos en un momento en que es imprescindible la más profunda reflexión política no sólo del proceso electoral recién concluido sino de un exhaustivo análisis, revisión, meditación, contemplación de cómo se está manejando el Estado, la administración pública, las relaciones entre el Gobierno y las clases y sectores populares, las relaciones con los partidos políticos, las relaciones con los estamentos de la producción e incluso con el sector de mayor peso de la propiedad privada sobre los medios de producción. Nunca ha sido el socialismo una política recta que se ejecuta mecánicamente igual en todos los países donde las fuerzas revolucionarias asumen el poder político. El socialismo, hoy más que nunca, depende de los factores internacionales y, especialmente, económicos,  de la correlación de fuerzas como de estrategias y tácticas acertadas sobre la base de las circunstancias concretas de tiempo y espacio. Todo eso se debe hacer por el bien del destino del pueblo venezolano y hasta del destino de naciones hermanas que tienen y luchan por el mismo sueño que invocó el camarada Chávez y por el cual logró despertar una enorme cantidad de población a nivel nacional y a nivel internacional.

Es imprescindible, camaradas, en este momento distinguir con precisión y mucha objetividad a las clases y sectores del pueblo de aquella clase y sectores que se guían, exclusivamente, por el espíritu de la explotación, de la riqueza privada y de los grandes privilegios sociales y que, muy lamentablemente, arrastran tras de sí –está demostrado en el proceso electoral del 14 de abril- a millones de personas explotadas y en condición de pobreza económica. Pero, al mismo tiempo camaradas, debemos distinguir con precisión y objetividad a los sectores que dentro de la burguesía y del sector medio alto se ven afectados por las políticas económicas que son aplicadas por las naciones imperialistas en la economía de mercado y que terminan  favoreciendo a los más potentados, a los más ricos, a los amos de los monopolios feroces que devoran o se apropian de la riqueza que pertenece a todo un pueblo. Si eso no lo hacemos, corremos muchos riesgos de errar en la elaboración de políticas para ser ejecutadas por el Gobierno Nacional o el Estado, especialmente, en el campo de la producción de alimentos. Venezuela y la visión de socialismo que tiene su Gobierno encabezado por el camarada Maduro, no funcionan como una isla robinsiana o desde el planeta del Principito. No, estamos en el planeta Tierra que, desgraciadamente hasta ahora, continúa siendo dominado por los países imperialistas a través del mercado mundial y de su diplomacia intervencionista en los asuntos internos de otras naciones. En ese medio ambiente nos desenvolvemos y todas las políticas esenciales del Gobierno que preside el camarada Maduro, deben estar enfiladas a crear, cada día, mejores condiciones socioeconómicas del pueblo incluyendo a esa mayoría que votó por el candidato Capriles sin que se pretenda realizar saltos que resultan imposibles en las realidades del mundo actual.

Nosotros, como El Pueblo Avanza, tenemos una serie de críticas constructivas o, mejor dicho, proposiciones que deseamos, en primera instancia antes de cualquier intento de publicarlas, hacerlas del conocimiento del camarada Maduro. Ojalá éste nos brindase la oportunidad de exponérselas personalmente. Pero en caso que eso resultase imposible como imposible nos resultó obtener una audiencia con el camarada Chávez, nosotros estamos en la disposición de hacérselas llegar a través del representante o delegado que seleccione para reunirse con El Pueblo Avanza. En este momento de la Historia venezolana es tan vital la crítica como el saber escucharla. Es, entre elementos esenciales, uno de los ejes para superar escollos y abrir grandes posibilidades de aciertos donde se crea que se están cometiendo desaciertos.

Nosotros, como organización El Pueblo Avanza (EPA) que apoya al Proceso Bolivariano, no salimos a celebrar el triunfo electoral del camarada Maduro aunque no dejamos de reconocer nuestra alegría por continuar ejerciendo el poder político un hombre comprometido con ese Proceso como lo es Nicolás. No lo hicimos por lo apretado de su resultado, lo cual inmediatamente nos condujo a reflexionar, a dialogar en busca de los mejores argumentos, de los criterios más acertados para entender o descubrir las causas, razones o motivos del mismo, ya que nuestro deber es trabajar, hacer esfuerzos, superarnos, ser constantes en la dedicación a fortalecer, consolidar y hacer avanzar, con nuestros granitos de maíz y semillitas de trigo,  el Proceso Bolivariano. En eso estamos, por lo cual solicitamos de aquellos camaradas que no compartan nuestros planteamientos que nos respondan con argumentos, con ideas, con conceptos y criterios que se fundamenten en realidades y no en las subjetividades de nuestros simples deseos. Nunca hemos sido ni seremos enemigos de las críticas constructivas porque, entre otras cosas, somos amantes de la autocrítica.

Le deseamos al camarada Maduro todo un mundo de éxitos en su gestión gubernamental y que el Proceso Bolivariano recobre esa fuerza que por una u otra razón no participó en el proceso electoral del 14 de abril y se gane a una gran porción de pueblo que votó por Capriles. Eso sí será un enorme paso de avance y consolidación del sueño que como ideal legó el camarada Chávez al pueblo venezolano. Por eso creamos, como consigna para la campaña electoral del 14 de abril y la seguimos empuñando: ¡Comandante: con Maduro pa’lante!



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El Pueblo Avanza (EPA)


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