¿Y cómo sabe Usted eso, Diputado?

Es media noche, Loco Peleón anda desesperado después de la traición de su subconsciente en plena Asamblea Nacional. Trata de aflojarse la corbata pero en el trance lo que hace es darle un tirón al extremo menor y casi se ahorca, casi comete auto suicidio, como en el hemiciclo.

No sabe qué hacer, se empina el frasco 18 años pero la rabia es tal que el agüita de maíz más bien se la flambea. Trata de hurgar en los abalorios adecos de su juventud a ver si consigue una instrucción, una conseja, un aprendizaje agazapado que le señale la catarsis para olvidar el ridículo que hizo.

Una mentada de madre se le sale ronca y acentuada. Es por la instantánea chacota que le siguió al cague de jaula ¡Que bolas! Es la primera vez que lo aplauden tanto en la Asamblea y fue porque dijo que el pueblo saldría a votar masivamente por Hugo Chávez. Repite la mentada pero esta vez se le van los gallos. La ira lo consume y él consume whiskey, nada parece aliviar su pena ¿Será verdad que más nunca volveremos? Este pueblo del carajo no sé qué le ve a Chávez, más que amor eso parece frenesí ¡Coño, no! Lo que falta es que se me salga esa vaina también. Las hordas chavistas se transparentan en el parabrisas del carro pero el “honorable” diputado no se arredra, frena y se baja del carro, les lanza el frasco. Pero no hay nadie.

Mira el edificio que tiene enfrente ¡El CEN de AD! Atisba luces en la oficina de Henry, sube desesperado, toca la puerta gritando: ¡Abre Henry que es Alfonzo Marquina, déjame usar el putching ball! Nadie contesta. Adentro se oye a todo volumen “Cuatro cirios” de Federico Baena interpretado por Javier Solís. ¡Abre esa vaina, chico!

Le abren, entra y ve que están Henry y Edgar. Hay ambiente de despecho y botiquín. Javier se lamenta: ¡Ayyy, qué cortejo tan friooo...! Un parsimonioso y taciturno Edgar busca un vaso y lo agrega al par sobre el escritorio. A Loco Peleón se le humedecen los ojos asumiendo que sus ex compañeros de partido ya saben de sus desventuras de curul. Les dice franco: Creo que el destino me trajo aquí como signo de que debo buscar mis raíces, la verdad es que el pelón y el chalequeo me pusieron mal pero les aseguro que este respaldo que ustedes me dan...

Henry lo detiene: ¿De qué me estás hablando tú, mi loco? El aludido piensa que acaba de hacer otro ridículo, pero responde: No vale, tranquilo, estaba pensando en voz alta pero ¿Y ustedes que hacen aquí a esta hora? Henry señala el plasma y lo enciende. De pronto aparece una imagen dual Capri / CAP, saltando charcos. Loco Peleón se derrumba en el sofá y se lanza un trago fondo blanco. Henry continúa: ¡Este lechuguino, este petimetre, ahora anda imitando a nuestro jefecito que Dios lo tenga en su gloria! Esa vaina no se hace, es una falta de respeto hacia el partido del pueblo y a su líder, dice Edgar con la mano en el pecho. El recién llegado comienza a llorar con fuerza. Los dos adecos se sorprenden. Henry, compasivo, se acerca para animarlo. Le da unas palmadas en el hombro pero la acción produce más llanto y de pronto Loco Peleón grita: ¡Coño, eso me pasa por estar analizando todo el día las encuestas!

Epílogo

Ya casi amanece. Entre tumbos el triste trío baja. Henry aun diserta sobre la imitación de Capri: ...y lo peor fue que después que el tipo dio el salto, se cayó y salió el bojote de escoltas a recogerlo. Bien bueno que le pasó esa vaina por safrisco. Marquina inquiere: ¿Y qué le pasó, se aporreó sus partes nobles?

Edgar interviene, correctivo: Bueno, la caída fue de culo.

placidordelgado@gmail.com


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Plácido R. Delgado


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