La Wikimoda no incomoda, por ahora

En este momento Julian Assange es el adalid de muchos internautas, algo así como una rudimentaria versión de carne y hueso de Neo, el elegido de los hermanos Wachowski. Ha logrado convertirse mucho más rápido que Bin Ladem, en el enemigo número uno del Imperio norteamericano, resultando tan “terrorista” como éste al derrumbar virtualmente las ficticias torres de supremacía diplomática yankee. Al menos así nos lo intentan vender los medios de comunicación de la derecha, lo cual de por sí, resulta difícil de creer. Sin embargo, esos mismos medios fueron caja de resonancia de los documentos revelados en dicho sitio web.

Esos medios son capaces de todo y en el caso de Estados Unidos llegan al extremo de que al olfatear que su Presidente intenta hacer algo contrario a los designios del “stablisment” comienzan una despiadada campaña de descrédito en su contra, a sabiendas de que no serán detenidos en su ataque. Es cierto lo que dice el Líder Comandante sobre que Obama decidió vivir, pues sus políticas y estrategias se acoplaron a dichos designios hegemónicos. Una muestra de ello es la caricatura aparecida en el New York Post a principios del año 2009 (http://kikka-roja.blogspot.com/2009/02/polemica-por-caricatura-del-new-york.html) donde unos policías abaten a un chimpancé (hecho real ocurrido en Connecticut, hábilmente aprovechado por el matutino para colar su saña) y dicen que “habrá que buscar a alguien más para que firme el paquete de estímulos”. Lo que parece una crítica sobre una controversial medida económica, tiene una alta carga de racismo y muerte en el hecho claro de llamar mono a Obama y en los balazos en el pecho del animal, los cuales conforman una calavera. El mensaje es claro: si contravienes al poder establecido, atente a las consecuencias así seas nuestro Presidente. Assange es apenas el mensajero y ni siquiera amenaza a Obama; aparentemente amenaza al sistema. Y ese sistema que ahora se desgarra las vestiduras por las filtraciones, es el mismo que supo armar todo un plan para atacar a Irak y Afganisthan, ignorando resoluciones de la ONU y mintiendo descaradamente al planeta. Un imperio abochornado por sus desmanes, es ficción de la buena.

No es totalmente cierto que en Estados Unidos, si un medio atacara al Presidente, lo cerrarían y sus directivos juzgados o llevados a la silla eléctrica. Eso solo pasaría si un medio atacara a la hidra. De allí puede inferirse que es sospechoso que las empresas mediáticas de derecha se hagan eco de las revelaciones Wikileaks. Creo, como dije en otros artículos, que este portal nació con muy buenas intenciones pero ya debe estar infiltrado por el cuerpo de hackers yankee-sionista para convertirlo en una suerte de “computadora prodigiosa de Raúl Reyes” a escala mundial, dándole el imprescindible cariz de veracidad que le otorgarían los orígenes, fundamentos y credibilidad adquirida por Wikileaks en sus comienzos.

No hay nada nuevo bajo el sol digital de este sitio. A lo sumo la “confirmación”  de que lo que sospechamos, sabemos o tenemos como cierto, es real. Ese es el elemento fundamental que opera en nuestras mentes para otorgar o calificar de creíble una información ¿Ahora es más creíble que Washington es falso, hipócrita y chantajista consumado en sus relaciones con otros países, porque así lo confirma Wikileaks? ¿Es ahora verdad certera que quiera aislar a Venezuela por el proceso socialista que lleva a cabo la Revolución Bolivariana, porque así lo señalan documentos develados en Wikileaks? ¿Ahora si son creíbles los falsos positivos perpetrados por Don Varito 82, porque lo “revela” ese portal? En ese particular considero confirmación de esa cruel realidad,  los desgarradores testimonios de las madres de Soacha. Por otro lado, hay más y mejores revelaciones sobre la insolencia y maldad del imperio y sus cipayos, en el verbo del Comandante Fidel Castro.

¿Qué sucederá cuando aparezca en Wikileaks que Venezuela si tiene nexos con “terroristas”, narcotráfico o que pretende fabricar armas de destrucción masiva? ¿Qué grado de disonancia cognitiva operará entonces en la mente de quienes hayan dado credibilidad a la moda Wikileaks? ¿De dónde provendrán entonces los ladridos? Tomemos en cuenta que Washington está tratando de desacreditar al mensajero, no el mensaje.

La coordenada tiempo ha sido hasta ahora, tratándose del imperio, casi lo único que nos permitió establecer la diferencia entre la ficción que genera y su legado de miserias. Solo viviendo nuestras propias realidades seremos capaces de transformar las y deslastrarnos de  la hegemonía norteamericana.



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Plácido Delgado


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