¿Para cuál equipo juega Óscar Arias?

 Parece como muy modosito. En mi pueblo dirían, en un primer momento, que es una de esas buenas personas, porque se le ve que “no es capaz de romper un plato”. Y, detrás de su aparente tristeza gestual, siempre tiene una sonrisa en los labios semiabiertos, lo que hace que se le perciba agradablemente. Además, tiene rasgos de primigenios habitantes, lo que le hace en apariencia humilde, como Evo, quien es mucho más de lo que parece e hizo votos de fidelidad a Tupac Katari y Tupac Amaru y cuidadoso es, de veleidades con quienes llevaron y quieren para su mundo ideas de maldad, desintegración y dominio foráneo. 

 Pero ese mismo pueblo mío, habituado a hablar a gritos y a raudales, sólo cree en aquel perfil que pareciera identificar a Oscar Arias, en algunas circunstancias. Uno nunca sabe de mis paisanos, a ciencia cierta, sus opiniónes al respecto. Porque también suelen decir, de manera muy enfática, como quien está manifestando un deseo sempiterno, “Dios, cuídame del agua mansa que de la brava lo hago yo”.

  Por haber escuchado demasiado frecuentemente las dos versiones, en veces de boca de la misma persona, terminamos por no creer en ninguna. Es más, mi  gente que es habitualmente muy conversadora y poco partidaria de los susurros, creó un refrán el cual más o menos dice, hombre que habla poco y “embozalao”, como masticando con delicadeza las palabras, no es de confianza y puede ser dado a incubar la discordia.

 Hay evidencias que prueban, por aquello de “a confesión de parte relevo de pruebas”, que Oscar Arias, supo que a Zelaya lo llevaban a Costa Rica, desde el despegue del avión presidencial en Tegucigalpa, pues así lo declaró a un grupo de periodistas. Pero, uno no sabe si son cosas de la edad, aunque todavía no está para eso o es parte de una trama indescifrable, antes cuando recibió a Zelaya, informó que le llamaron del aeropuerto para darle la noticia que éste estaba en San José. Lo que según dijo, no dejó de sorprenderle.

  Con su paternal sonrisa, puesta siempre por delante, como para “romper el hielo” o “apagar cualquier fuego”, se disparó un discurso contra el golpismo y por el regreso de Zelaya, que uno que de Pepe Figueres para acá, no se hace muchas ilusiones, se sintió atraído por el personaje. Pese a que, como también dicen mis paisanos, pareciera que “no huele ni hiede”, es un singular aséptico. Además, su fraternal amistad con la gente del mando en la vieja república venezolana, es admirable.

  No obstante, por las cosas que viene diciendo al mundo, demasiado para lo habitual, pero impulsado por la premura de servir fielmente a lo que cree y la necesidad de sus amigos, a quienes uno ahora no logra distinguir, pareciera que no moja pero empapa. Como dice el pueblo de una lluvia nada copiosa pero pertinaz.

  Llama la atención como Arias, tras su mansedumbre e independencia de criterio, en el desarrollo de la política desplegada por la señora Hilary Clinton, o mejor la jefa del Departamento de Estado, quien acaba de decir con satisfacción que el Consejo de Relaciones exteriores (CFR), una institución privada “es la que nos dice lo que deberíamos estar haciendo”, lo que desdice mucho de la independencia y libertad de Obama, pone mucho énfasis en tratar de descalificar al presidente Chávez y otros líderes regionales, diciendo “déjennos a los centroamericanos resolver nuestros problemas”.

  El problema para Arias, es de los centroamericanos. O mejor de él, Zelaya y Micheletti y compañía. Una burda y poco inteligente maniobra de sacar del juego no a Chávez, sino al mundo democrático que observa consternado el vil juego. Pero dice eso, después de celebrar que la Clinton le hubiese delegado. Reclama espacio, holgura para la maniobra y piensa que aislando a Zelaya de muchos de sus amigos, aquello lograría.

   Antes, en la OEA, ante el anuncio de Zelaya de presentarse en Honduras, para intentar catalizar la crisis, el embajador de Costa Rica, no sin vergüenza, por orden de Oscar Arias, opinó que no creía conveniente que el presidente depuesto llevase a cabo sus planes. De esa manera fortalecía a los golpistas y abonaba a favor de la estrategia de darle riendas o largas al asunto.

  Pero las cosas tampoco salieron como Oscar Arias y la Clinton esperaban. En el pueblo hondureño no decayeron los ánimos; tanto que después de 15 días del secuestro y expulsión de Zelaya, depositado justamente en los predios del primero,  continúa el combate y no se ha permitido que golpistas controlen el país.

  Ahora, cuando Zelaya, ha dado un plazo hasta el sábado y anuncia que entrará a Honduras, Oscar Arias, adelanta una propuesta que parece no coincidir con las aspiraciones de aquel. El presidente de Costa Rica, ha anunciado la propuesta de un gobierno de transición y consenso, encabezado por el presidente constitucional y se decrete una amnistía total. Es decir, como gustaría a Micheletti, los gorilas y momios, de dentro y fuera, regresar un Zelaya amarrado, sería el aporte del premio Nobel de la Paz.

   Es decir, con su rostro de milenaria mansedumbre, enigmática sonrisa y apariencia de amigo de sus amigos, Oscar Arias ha puesto a rodar sus dados.

  Dados cargados que caen a favor de sus amigos. Uno siempre, la mayoría de los hondureños de hoy y otros tantos en todo el continente hispano, sabemos bien a favor de quienes, Arias y sus dados, juegan.

 Por mucho que disimule, siempre se le ve el bojote.


damas.eligio@gmail.com



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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