Dos catástrofes en una

Se van acumulando dominós hasta que cae uno y se derrumban los demás. Se va inflando un globo hasta que alguien lo pincha. Son acumulaciones graduales, continuas, hasta que pasa algo que dispara la catástrofe. Por eso definen catástrofe como una discontinuidad, o bifurcación, en un proceso continuo. También lo llaman efecto dominó.

Así está pasando con la derecha. Pero no la derecha de Charles De Gaulle o de Winston Churchill, sino la de Bush, Palin y los chiquilicuatros de aquí. Se basaban en dos principios: el fundamentalismo de mercado y el racismo. Ambos se desbarrancaron en medio de la misma catástrofe de dos caras, porque la financiera precipitó la del racismo.

Ahora andan por ahí huérfanos de ideología. Con razón los articulistas de la derecha andan dando tumbos. Míralos. Ninguno de sus pedantes, que hasta el Setiembre Negro decretaban cómo era la realidad, ahora no se atreven ni a insinuar siquiera qué desastre fue el que ellos mismos causaron. Y mucho menos predecir lo peor que podría venir, sobre todo para ellos. Por primera vez están mudos o sin palabras campanudas, ellos, que fueron siempre tan hablantinosos y yente-vinientes. Alan Greenspan, el sumo pontífice de esa gente, dijo la Blasfemia Mayor: que se había equivocado en confiar en el libre mercado, ¡sea anatema! Y que no sabía cómo salir de esto. Como si el Papa, el mismísimo ex nazi, dijera de repente que se equivocó en confiar en Cristo y que no sabe qué debe hacer el buen cristiano. Imagínate el desamparo emocional en que quedaría el que toda la vida creyó en eso.

Pero para colmo, esa pobre gente basó su zócalo nocional, que en español se dice plan de vida, en que había blancos y negros y que ser blanco era absolutamente mejor que ser negro o simplemente mestizo, arrosquetado, trigueño, moreno, mulato, cuarterón, híbrido, cruzado, medio pelo, tentenelaire, pardo, niche, mono, ¿sigo? No hace falta. Para ellos la única condición aceptable era ser blanco, varón y musiú, preferiblemente hablante de una lengua incomprensible. Lo demás es inferior, hasta las mujeres blancas son sospechosas, como toda descendiente de Eva La Tolondra. Pues, bien, enemigo lector racista, ahora tu jefe máximo es un negro. ¿Cómo vas a hacer?


rhernand@reacciun.ve


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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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