Chávez como nuevo Atila o con cañon del futuro

Durante la campaña por el proyecto de reforma constitucional, contra Chávez, se dijo de todo. La oposición fue abundosa en acusaciones que presentaban al presidente venezolano como una especie de Atila, aquel líder de los pueblos que invadieron a Occidente, en el siglo V de nuestra era, a quienes se les llamó bárbaros, no conforme al significado que ahora le damos a la palabra, sino por extranjeros. Al jefe de los hunos se le atribuyó haber dicho “donde pise mi caballo no crecerá la hierba” y se le llamó el azote de Dios.

Esas frases sirvieron para que a aquel personaje legendario, con el correr de los siglos, se le exhibiese como un destructor e icóno de todo gesto de maldad e incompetencia para crear y construir. Justamente esta es, ni más ni menos, la imagen que al mundo ofrecen del presidente Chávez, la oposición interna y sus adversarios de todos los rincones.

Cuando se discutía el proyecto de reforma constitucional, contra el presidente venezolano se dijeron las cosas más absurdas y se le acusó de propiciar cuanta barbaridad cupo en la febril y malintencionada imaginación de sus enemigos.

Hablaron que en la proposición presidencial se pretendía enajenar la patria potestad de los padres venezolanos sobre sus hijos. Y lo peor del caso es que, increíblemente una enorme porción de ciudadanos, entre quienes abundaban egresados universitarios y gente que se presume de una relativamente alta formación cultural, pareció creerse aquel cuento. Es decir, como que dieron por verdadero que el gobierno quitaría los muchachos a sus progenitores.

Como se creyeron el bodrio según el cual a los ciudadanos se les confiscaría sus propiedades. Pese a que en el artículo 115 propuesto se garantizaba la propiedad hasta sobre ”los medios de producción”, optaron por atender a la mentira opositora según la cual el gobierno se apropiaría de sus carros, casas y hasta enseres.

Y se dijeron tantas cosas como esas, que el debate electoral pareció más una comparsa o una carnestolenda, donde cada quien supo llevar su máscara, sus pistolas de agua, serpentina y papelillo.

Pero pese a los resultados del 2D, donde lo propuesto por Chávez fue derrotado por unos pocos votos, unos treinta o cuarenta mil, o quizás por eso, los opositores y sus aliados de afuera, no paran de asociar a Chávez con Atila. El que hubiese reconocido aquellos resultados tan estrechos, no sirvió para que reconociesen su talante democrático; al contrario continúan persistentemente con su prédica que en Venezuela gobierna un dictador y están suspendidas las libertades públicas, entre ellas la relativa a la libertad de informar.

Es más, Chávez es narcotraficante. Según el gobierno norteamericano, donde se consume vorazmente la droga y el colombiano, país primordial productor y exportador, en Venezuela nada se hace por combatir el negocio, porque el primer mandatario está metido en el mismo. Pero a allí no se quedan; haber dicho en un programa de televisión, más como un cumplido con el presidente Evo Morales y el pueblo originario de Bolivia, que había consumido té de coca, como lo hizo el Papa Juan Pablo II, para poder llegar a la Paz con sosiego y como lo hace la mayoría de la población del altiplano ancestralmente y millones de personas a diario en el conocido refresco gringo, fue suficiente para que se orquestasen en calificarlo de drogadicto.

Y como un Atila moderno, Chávez ha desatado una inexplicable escasez, sobre todo de artículos de consumo masivo, entre éstos aquellos de carácter alimenticio. Aquí nadie esconde alimentos u otros productos, no hay quien acapare; menos quienes inventen mecanismos para sacarlos hacia Colombia y tampoco aquellos que disminuyen el ritmo productivo o se eximen de esfuerzos para este aumentar. Porque en el sector empresarial, en todos sus niveles, no existe aquel interesado en especular, hacer pingües negocios y al mismo tiempo desdibujar la imagen del gobierno, para derrotarle electoralmente o tumbarle. Esto nunca se ha visto y los gringos nada saben. Eso sólo tiene un culpable y Chávez por apellido tiene.

Pero antes que ponerse a conspirar, se conforman con que el gobierno, por ser quien ha desatado la escasez, desmonte todo el plan de la Comisión Administradora de Divisas (CADIVI) para acceder a las mismas; es decir, que les permitan eludir el pago de Impuesto Sobre la Renta (ISR), INCE, IVSS y cuanta obligación se derive de las leyes y, todavía así, recibir con generosidad todos los dólares que requieran. Y si el gobierno, para borrar esa imagen destructiva que, según ellos, le acompaña, pero porque le han inventado al presidente, accede a suspender el control de cambios, sería lo mejor. Entonces ya no sería Atila, aquel jinete conductor de multitudes y de enorme voluntad sino un manso cordero. Y siendo así, en un santiamén, las reservar internacionales nuestras estarían en las cuentas privadas de los amos del valle, en los bancos gringos. Y los anaqueles de los abastos llenos, pero el pueblo no podría adquirirlos.

Pero como eso no habrá de suceder mientras Chávez sea presidente, éste seguirá siendo el Atila que destruye la producción o el mago que egoístamente todo esconde en su sombrero de copa.

La Exxon Mobil, una empresa con muy feo historial, harto conocido por todos, se dio el lujo de demandar a PDVSA que es como decir al gobierno, del cual Chávez es su presidente. De aquí que, de esto se colige, que éste además de los vicios, defectos y mañas antes mencionadas, suma la de maula o tramposo.

Y el rosario sigue. Entre todos los países suramericanos, no es Venezuela el de los que más armas ha comprado. En esa lista está en el quinto lugar. Por encima suyo están, entre otros, como Colombia y Perú, cuyos gobernantes genuflexos viven. Pero el gobierno Bush ha impuesto la visión contraria. Venezuela, en consecuencia Chávez, está armándose hasta los dientes, según la mentira puesta a correr, cuando apenas ha remodelado su armamento. Es decir Chávez, el Atila criollo, es un guerrerista y una grave menaza para el continente.

Y no hace falta que lo digan los gringos, el Departamento del Estado y la CIA, sobran aduladores que desempeñen el rol. Como José Sarney, hoy senador y expresidente brasileño, quien acusa al presidente venezolano de haber desatado una carrera armamentista en Suramérica y hasta que intenta transformar a Venezuela en “un país dictatorial”. Para este personaje, el gobierno americano nada tiene que ver con el asunto y menos con el negocio de las armas. De las bases militares que en el área existen, cuyos propietarios todo el mundo conoce, Sarney nada dice. Y de la doble presencia y hasta ingerencia militar en Colombia, tampoco sabe. Y si lo supiera, diría como alguien del Departamento de Estado, allí están sólo porque fueron invitados, con tarjeta y todo.

Entonces, también, el guerrerista es Chávez. Desea guerrear con Colombia, no la paz. Mientras Uribe, el ejército regular y mercenario USA, se desviven por abrir espacios para que los rehenes que las FARC quieren entregar regresen a sus casas, Chávez cual Atila y su caballo, anda bombardeando selvas, montañas y caminos.

Lo que intentan es preparar el escenario, estado de ánimo para salir de Chávez, a como diere lugar.

Porque en verdad, la prédica de Chávez, por la unidad del área y la paz, “es un cañón de futuro”.

pacadomas1@cantv.net


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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