Rastros del tiempo (CLXXXIV)

La política del "garrote y la zanahoria" en la diplomacia de Estados Unidos

La política del "garrote y la zanahoria" es una metáfora icónica que describe la estrategia dual de Estados Unidos en su política exterior, es una estrategia diplomática y de seguridad nacional estadounidense, empleada para influir en el comportamiento de otros Estados. El "garrote" es la combinación de amenazas coercitivas y la "zanahoria" son los incentivos prometedores de falsas expectativas, para los pueblos intervenidos. Este enfoque busca influir en países periféricos, mediante un equilibrio precario, entre intimidación y beneficios, fomentando obediencia sin confrontación directa, surgida en el contexto imperialista del siglo XX, esta doctrina refleja la praxis imperialista, para consolidar su hegemonía a nivel global. A continuación, veamos el contenido, destinatarios, finalidad, derivación, consecuencias y fundamentos de esta estrategia imperial.

El "garrote" simboliza la fuerza bruta o coerción, representada por amenazas militares, sanciones económicas o intervenciones directas, inspiradas en la frase atribuida a Theodore Roosevelt: "Habla suavemente y lleva un gran garrote". Esta máxima encapsula el intervencionismo del imperialismo norteamericano, donde la diplomacia se sustenta en la capacidad de acción rápida y decisiva, estrategia que busca mantener la hegemonía regional y global, mediante un equilibrio entre la intimidación y la "recompensa".

Por su parte, la "zanahoria" evoca incentivos como préstamos financieros, acceso a mercados, tecnología o reconocimiento diplomático, diseñados para seducir y ganar lealtad inducida. Juntas, estas herramientas forman un sistema de persuasión selectiva, donde el garrote impone límites y la zanahoria ofrece salidas "redentoras"; con el garrote se aplican intervenciones, sanciones económicas y amenazas militares, y con la "zanahoria" se aplican incentivos o beneficios , como el levantamiento de restricciones y sanciones, bloqueos o ayuda financiera, condicionados a cambios políticos específicos, según los mandatos imperialistas.

Los fundamentos de esta política se remontan a la Doctrina Monroe de 1823, que declaraba a Europa fuera de América y establecía a Estados Unidos como guardián regional. Bajo la presidencia de Theodore Roosevelt (1901-1909), se materializó en el Corolario Roosevelt (1904), que justificaba intervenciones preventivas en América Latina, para evitar interferencias europeas, extendiéndose luego a la Guerra Fría, por el temor a la posible expansión del comunismo, como excusa.

En el siglo XXI, esta estrategia se ha ilustrado cómo el paradigma persiste en contextos contemporáneos, produciendo adaptaciones modernas que reaparecen en figuras como Donald Trump, quien ha usado sanciones contra Venezuela, (el garrote), junto a promesas de normalización si se cumplen condiciones, (la zanahoria) para forzar un cambio de gobierno sin Nicolás Maduro, consumándose tal estrategia "el garrote" con la invasión del 3 de enero, y las posibles consecuencia económicas posteriores, que puedan presentarse con el tiempo.

Esta política se dirige principalmente a naciones periféricas o emergentes que representan desafíos a los intereses estadounidenses, como países latinoamericanos, asiáticos o africanos con recursos estratégicos que necesita Estados Unidos. Sus principales beneficiarios son aliados clave, pero su foco inicial es en estados considerados hostiles o indecisos, con tendencia izquierdista o al menos de avanzada social, como Cuba durante la Revolución Cubana (1959 hasta la actualidad), Venezuela bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro, o Irak/Irán, en disputas nucleares. También afecta a migrantes irregulares, como en la frontera México-Estados Unidos, donde se ofrecen visas humanitarias (zanahoria) ante deportaciones masivas (el garrote).

La finalidad primordial es proteger y expandir la influencia política estadounidense, asegurando estabilidad económica, control de rutas comerciales y limitación de rivales ideológicos. No busca conquistas territoriales directas, sino dominio indirecto, mediante alianzas voluntarias o coaccionadas, con la finalidad de conseguir controlar los recursos. Por ejemplo, en América Latina, se aplica para prevenir expansiones soviéticas o chinas, mientras que en economías globales, se usa para forzar reformas laborales o ambientales favorables a Estados Unidos. Esta estrategia responde a la percepción de un mundo multipolar, donde la diplomacia blanda sola falla, y la fuerza es necesaria para mantener el orden, mediante una falsa democracia diseñada para la dominación de los pueblos periféricos y globales. Y cuando hablamos del pueblos, es porque esta estrategia imperial, es al pueblo de a pie que afecta directamente.

Las consecuencias de esta política, han sido profundamente sentidas en modo de "doble sentido", generando tanto, avances, como devastaciones en los pueblos afectados. Por el lado "positivo", ha facilitado inversiones extranjeras y desarrollo económico en algunos casos, como en Corea del Sur ten la posguerra, donde incentivos americanos impulsaron industrialización. Sin embargo, las consecuencias negativas predominan las intervenciones armadas que han causado miles de muertes y desplazamientos, como por ejemplo, en Nicaragua (1909-1933) o Guatemala (1954), estos sólo como ejemplos, entre otros países, agravando desigualdades sociales y corrupción.

En Venezuela, las sanciones prolongadas han provocado crisis sistemática, éxodos masivos de personas, y colapso de los servicios sociales, bloqueo, naval en las aguas caribeñas frente a las costas venezolanas, ataque militar por tropas estadounidenses, bombardeo, a la ciudad de Caracas, secuestro del Presidente Maduro y su esposa Cilia flores y el asesinato de alrededor de un centenar de personas el 3 de enero de 2026, (el garrote) y, la "zanahoria", el ofrecimiento de suspender algunas sanciones que afectan la producción petrolera, para poder explotar el petróleo y el gas, pero con la condición, "incondicional", (valga la redundancia), que son ellos, el gobierno estadounidense, quien se encarga de explotar el gas y el petróleo, se encargará de la venta de los hidrocarburos y serán ellos, también los que administrarán lo recursos económicos derivados del negocio petrolero, pero con jugosos beneficios para el gobierno de Estados Unidos y las cúpulas, transnacionales de las petroleras estadounidenses, los sicarios económico y lobistas tarifados del imperio.

La política del garrote y la zanahoria, se aplica porque Estados Unidos percibe riesgos esenciales en un entorno interdependiente, porque sin coerción, perdería influencia ante China o Rusia; sin incentivos, perdería aliados. Sus fines últimos son la supremacía geopolítica y la difusión de valores capitalistas con disfraz democrático, justificados por la necesidad de "seguridad nacional" y "prosperidad compartida". Históricamente, esta política motivada por el expansionismo territorial y económico, hoy "el garrote y la zanahoria", se adapta a amenazas transnacionales con terrorismo. En síntesis, esta política encapsula el real politik estadounidense, eficaz en logros coyunturales, pero costosos en legitimidad moral, que ha moldeado desde el siglo XX y continúa en el XXI, definiendo relaciones globales, recordándonos que el poder, siempre opera en sombras de amenaza y esperanza: el garrote y la zanahoria.

En el caso de Venezuela, Estados Unidos ha implementado una de las versiones más intensas de esta política en el siglo XXI, utilizando el sector energético como el principal eje de maniobra. El "garrote" se ha manifestado a través de un robusto esquema de sanciones que comenzó con medidas individuales y escaló a sanciones sectoriales masivas bajo la administración de Donald Trump, incluyendo el bloqueo de exportaciones petroleras y el control de activos estatales en el extranjero. Estas acciones buscaban asfixiar económicamente al gobierno de Nicolás Maduro, para forzar una transición política, que aún no la han logrado del todo, a pesar del secuestro del presidente, pero que está en proceso, aún en espera.

Por otro lado, la "zanahoria" ha aparecido en forma de licencias temporales y alivio de sanciones condicionado los avances, en las negociaciones. Recientemente, el gobierno estadounidense ha emitido licencias que permiten a multinacionales como Chevron, Repsol y otras, reanudar operaciones de extracción y procesamiento, de crudo en suelo venezolano. Pero debemos entender que este incentivo funciona como una recompensa, por compromisos transicionales, que se orienten a un cambio de forma de gobernar en Venezuela, demostrando cómo Washington, utiliza el acceso al sistema financiero global, como una herramienta de negociación directa, que sólo busca proteger la economía estadounidense, que se encuentra en bancarrota, y prueba de ello es la devaluación de nuestra moneda nacional (el bolívar), en relación del dólar norteamericano como moneda circulante, impuesta en nuestro país.

Desde la perspectiva de la soberanía, esta política ha sido una injerencia directa en los asuntos internos de los Estados periféricos, utilizando el uso del sistema financiero estadounidense, como arma de presión que obliga a los países a elegir, entre la alineación con los intereses de Washington o el aislamiento económico. Esto ha generado una resiliencia en ciertos gobiernos de la región que, ante el "garrote", buscan alianzas alternativas con potencias como China o Rusia, lo que a largo plazo puede debilitar la efectividad de la estrategia estadounidense.

La política del garrote y la zanahoria, respecto al costo humanitario, existe una correlación directa entre el endurecimiento del "garrote" económico, y el deterioro de los indicadores sociales en los países afectados, siendo el petróleo en el caso de Venezuela, lo que funciona simultáneamente como el objetivo del castigo y la moneda de cambio para el incentivo. Esta estrategia es una evolución moderna del Corolario Roosevelt, adaptada a la interdependencia financiera del siglo XXI. La política del "garrote y la zanahoria", sigue siendo el pilar fundamental de la diplomacia coercitiva de Estados Unidos. Mientras que el "garrote" busca establecer límites y castigar desafíos a la hegemonía, la "zanahoria" ofrece una ruta de reintegración al orden global liderado por Washington.



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Reinaldo Chirinos

Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural. Facilitador del INCES.

 reinaldoc06@gmail.com

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