La calidad moral del imperialismo gringo

Del modo como lo establece un editorial de Diario Red, «EEUU ha llevado a cabo en Venezuela un acto que es, al mismo tiempo, un atentado terrorista, un acto de guerra, un secuestro de un jefe de Estado y un intento de golpe. Independientemente de cualquier otra consideración, esto es un hecho y es el punto en el que tiene que comenzar cualquier análisis mínimamente riguroso del asunto. Lo contrario sería asumir como una suerte de "nueva normalidad" que EEUU puede asesinar personas y secuestrar jefes de Estado en cualquier país del mundo sin otro motivo que la mera voluntad de la Casa Blanca». Eso es parte inherente a la Estrategia de Seguridad Nacional adoptada recientemente por el gobierno estadounidense y que retrata plenamente las acciones y el espíritu del imperialismo gringo de ahora en adelante, con sus amenazas a diestra y siniestra. Tal cosa no sería nada posible si no existiera un vacío de consensos efectivos entre la comunidad mundial y el rompimiento abrupto de las reglas compartidas de lo que fue por mucho tiempo el respeto al derecho internacional. Esto último ha permitido y hasta legitimado que situaciones como el genocidio del pueblo de Palestina o la agresión de la cual fue víctima Venezuela a manos del imperialismo estadounidense, junto con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, se vean como algo normal y sin mucho escándalo. Es preciso llegar a comprender que la guerra es ideológica y es sobre control y ocupación territorial, especialmente donde exista algún recurso natural estratégico, como el petróleo. Estados Unidos vive un declive innegable en su hegemonía global frente al poderío económico, militar y tecnológico de Rusia, China y otras potencias emergentes que le están restando influencia y espacio en diferentes continentes. Esto le hace voltear la mirada hacia el sur, constituido por el grupo de naciones de Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina, tratando de asegurar los diversos recursos naturales estratégicos que poseen, así como sus mercados, restringiendo cualquier interferencia o presencia de potencias extraterritoriales rivales. La reproducción retrógrada de prácticas colonialistas de dominación económica, política, territorial, cultural y militar, con su carga de supremacismo, saqueo y deshumanización, implica un grave retroceso para el desarrollo económico y político de nuestros pueblos, así como la instauración de regímenes vasallos, supeditados a los intereses y los dictados de la Casa Blanca.

Se debe reiterar que la llamada doctrina Monroe no estaba -ni lo está- destinada a defender la soberanía de los pueblos de Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina. Esta es una pieza clave del engranaje imperial estadounidense que comenzó a adquirir forma, primero, oponiéndose a los propósitos integracionistas de Simón Bolívar y su convocatoria del Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826; y luego extendiéndose por toda la región del mar Caribe hasta llegar a condicionar la política internacional durante el último siglo y parte de éste. Mediante su aplicación, a lo que se sumó el llamado Corolario Roosevelt, el imperialismo yanqui terminó por fijar las reglas de un nuevo orden continental en el que Estados Unidos se reservaba para sí el derecho unilateral de ejercer vigilancia, tutela y castigo sobre las naciones ubicadas al sur de sus fronteras. Convertida Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina (por obra y gracia de los diferentes gobiernos de Estados Unidos) en una zona de influencia permanente, sus distintos países han padecido invasiones, bloqueos, golpes de Estado, asesinatos y secuestros de presidentes, imposición de gobiernos títeres o tutelados por Washington y de programas de tipo económico desiguales que terminan por favorecer a las grandes corporaciones trasnacionales gringas, y respaldo abierto a dictaduras militares; además del bombardeo incesante de transculturación fomentado a través de la gran industria del entretenimiento de Hollywood. Si algo llegara a ocurrir en alguno de nuestros países que no convenía a sus intereses económicos o estratégicos, Estados Unidos tomaba la decisión de realizar los respectivos ajustes mediante el desembarco de sus marines, sin que hubiera poder que se lo impidiera, salvo acciones heroicas y asimétricas llevadas a cabo por héroes populares y nacionalistas como el General de Hombres Libres Augusto César Sandino. Demás está decir que la ONU y la OEA han asumido, desde mucho tiempo atrás, el papel servil de brazos administrativos del orden imperial de Estados Unidos y de sus aliados de la OTAN, por lo que sería mínimo o inexistente el grado de confianza en su eficacia para resolver los asuntos que perturban la paz y la estabilidad del mundo.

Citando mi artículo «Realidad y perversidad política del imperialismo yanqui», escrito en 2008: «Para muchos, resulta inverosímil la realidad y la perversidad política del imperialismo yanqui, aunque se observen y se sientan sus efectos en muchas latitudes del planeta. Esto le ha permitido a la CIA y a otros organismos de seguridad estadounidenses el diseño y la implementación de programas de desestabilización e injerencia encubiertas en algunas naciones, sin que se pueda culpar de ello a su gobierno, aunque se descubran sus conexiones y financiamiento de partidos políticos y ONG`s a través de la National Endowment for Democracy (NED), como ocurre en Venezuela. De este modo, en palabras de Thierry Meyssan, "la no violencia, que se admite como buena en sí misma y se asimila a la democracia, da un aspecto presentable a acciones secretas intrínsecamente antidemocráticas". Esto, acompañado de una campaña masiva de desinformación, de captación de "disidentes" y de reconocimiento oficial de personeros de oposición, en medio de amenazas veladas, y no tan veladas, de intervención militar, sea por propia mano o por intermediarios como Colombia. Es así que todo ello se hace con la más absoluta impunidad y con la complicidad ingenua de quienes niegan la realidad y la perversidad política del imperialismo, un vocablo aparentemente desfasado, perteneciente a los círculos marxistas-leninistas. Sin embargo, es necesario desenmascararlo, ya que -tal como lo advierte Petras- "el nuevo imperialismo no sólo esclaviza los cuerpos de sus súbditos sino que, además, trata de inculcar servilismo en sus mentes. La nueva barbarie imperial lo impregna todo de tal manera que necesita estarse negando a cada momento, ser racionalizada y justificada". Frente al mismo, no resta sino oponerle, de forma consciente, la resistencia cultural e histórica de los pueblos que pugnan por liberarse del yugo imperialista al cual se les quiere uncir. Es más ardua, pero es el arma disponible más eficaz». Lo que se perfila en el futuro inmediato -de acuerdo a las palabras y las acciones del gobierno de Estados Unidos- es una reconfiguración bélica del orden global, del mismo modo como ocurrió en el pasado en Europa durante la época napoleónica o durante las dos guerras mundiales. Mientras tanto, Venezuela sufre la humillación imperialista y el saqueo de su petróleo sin despejar la duda respecto al tipo de gobierno que regirá en lo adelante los destinos del país, si este se doblegará por completo a los intereses de Estados Unidos o asumirá una resistencia frente a ello, con las consecuencias que esto representa para toda la población venezolana.



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Homar Garcés


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