Las sospechosas loas imperiales a Delcy Rodríguez

"El elogio del imperio es el beso de Judas para la soberanía de los pueblos".

La geopolítica no conoce las coincidencias, solo las estrategias de largo aliento envueltas en retórica de ocasión. Resulta, cuando menos, un ejercicio de cinismo académico observar cómo los mismos voceros que durante años lideraron la asfixia económica contra Venezuela, hoy ensayan un guion de "reconocimiento" y "elogio" hacia la figura de Delcy Rodríguez.

Las recientes declaraciones de Donald Trump, calificándola como una "persona estupenda" con quien se puede trabajar, seguidas por el tono inusualmente pragmático de Marco Rubio, no son gestos de cortesía diplomática. Son, en realidad, las herramientas de una operación de ingeniería política que busca fracturar la unidad del Estado venezolano bajo la premisa de un "chavismo sin Maduro".

Desde la perspectiva del Derecho Internacional Público y la defensa de nuestra Soberanía Nacional, estas loas imperiales deben leerse como una táctica de tutelaje velado. Al proyectar una imagen de Delcy Rodríguez como una interlocutora "razonable" o "dispuesta", Washington intenta enviar un mensaje de control hacia las bases del poder en Caracas.

El objetivo es claro: inyectar la sospecha de que existe una "transición pactada" donde la soberanía ya no reside en el pueblo ni en el hilo constitucional, sino en el beneplácito de Mar-a-Lago.

Trump y Rubio no han cambiado su visión extractivista sobre nuestros recursos; simplemente han cambiado de método. Al "validar" a la Presidenta encargada, buscan despojar al proceso bolivariano de su esencia antiimperialista para convertirlo en una administración gerencial bajo vigilancia.

El imperio intenta dividir al liderazgo revolucionario entre "cooperadores" y "obstáculos", pretendiendo que la estabilidad de la nación dependa de qué tan bien se sigan las instrucciones de la Oficina Oval para "hacer a Venezuela grande de nuevo", según la propia verborrea trumpista.

Lo que el eje Washington-Miami intenta presentar como un éxito de su diplomacia de presión es, en el fondo, un reconocimiento tácito de su fracaso en la política de "cambio de régimen" violento. Sin embargo, este giro hacia el elogio es quizás más peligroso que la amenaza directa.

El lenguaje de "haremos lo que ustedes necesiten", atribuido de forma interesada a la vicepresidenta por la narrativa estadounidense, busca generar una percepción de Estado vasallo.

Al afirmar que "están trabajando con ella", Trump intenta apropiarse de la legitimidad institucional venezolana, tratando de convertir a una figura clave del chavismo en una suerte de "puente" que, según sus cálculos, terminará por entregar las llaves de la industria petrolera.

La historia nos enseña que cuando el norte elogia a un líder del sur, suele ser porque cree haber encontrado una grieta por donde filtrar su hegemonía. La "lealtad" de la que hablan Rubio y Trump no es hacia la Constitución venezolana, sino hacia sus propios intereses energéticos y geoeconómicos.

El gobierno venezolano, y especialmente la Presidenta encargada, enfrentan el desafío de desmontar esta narrativa de tutelaje. Venezuela no es un protectorado, y la soberanía no se negocia en llamadas "productivas" bajo la sombra de la captura de otros líderes.

El pueblo debe entender que estas sospechosas loas son, en realidad, el último intento de Washington por ganar por la vía de la intriga lo que no pudo conseguir por la vía de la invasión o el golpe de Estado.

La soberanía se defiende con la autodeterminación, no con la validación de quienes ven en nuestra patria solo un negocio de "esteroides" petroleros.



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Oscar Bravo

Un venezolano antiimperialista. Politólogo.

 bravisimo929@gmail.com      @bravisimo929

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