La trampa de activos como estrategia de coexistencia coercitiva en 2026 en la arquitetura del estado metabólico

La realidad geopolítica que circunda a la República Bolivariana de Venezuela en este primer trimestre de 2026 exige una disección que trascienda la fenomenología del conflicto para adentrarse en la reconfiguración estructural del poder. El secuestro del Presidente Nicolás Maduro Moros, ejecutado el pasado 3 de enero, no constituye un colapso sistémico, sino que ha operado como el catalizador de una mutación institucional hacia lo que definimos como un Realismo Soberano de Gestión. Bajo la conducción estratégica de la Presidenta (E) Delcy Rodríguez, el Estado no ha retrocedido hacia la capitulación, sino que ha avanzado hacia una fase de cohabitación coercitiva, donde la preservación de la vida —mandato supremo de nuestra Constitución— se garantiza mediante la captura de las contradicciones materiales del capital transnacional en la era del tecnofeudalismo global.

Desde una perspectiva historiográfica de larga duración, la administración de Donald Trump enfrenta una crisis de hegemonía que ha intentado mitigar mediante su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de noviembre de 2025. Este documento establece un "control total del hemisferio" para romper la dependencia de las cadenas de suministro euroasiáticas en la carrera por la Inteligencia Artificial (IA). En este tablero, surge la "Nueva Divergencia": la brecha entre las potencias que poseen el algoritmo y aquellas que poseen la base mineral. El imperio ha identificado en el subsuelo venezolano los cimientos físicos de su supervivencia tecnológica. La necesidad imperiosa de níquel, cobre, bauxita, coltán (tantalio/niobio), torio y tierras raras para sostener la infraestructura digital y de defensa estadounidense ha forzado a Washington a una negociación pragmática que, en la práctica, es un reconocimiento de la irreversibilidad de la Revolución.

Esta gestión de la Presidenta (E) Delcy Rodríguez no representa una concesión, sino una legitimación pragmática de facto. Al verse obligadas a operar bajo las leyes y el control territorial del Estado venezolano, las corporaciones transnacionales se convierten en piezas de una "conectografía" soberana. Venezuela ha transmutado su riqueza geológica en un escudo de paz: el imperio se ve forzado a proteger la estabilidad de la República para asegurar su propio suministro de materiales semiconductores. Esta "soberanía de flujos" utiliza la inversión extranjera como una trampa de activos: una vez que el capital imperial compromete infraestructura fija en el Escudo de Guayana, dichos activos se transforman en rehenes económicos. El Estado Bolivariano retiene el control sobre el interruptor de la "Cuarta Revolución Industrial" estadounidense, invirtiendo la dirección histórica de la doctrina de dominación.

El Estado ha respondido al secuestro de su figura central mediante una colectivización del mando bajo la firme dirección de la Presidenta (E), logrando una eficiencia administrativa sin precedentes. La reestructuración ejecutada a través del Decreto N° 5.248 y la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática opera como una arquitectura de contención dual: blinda los activos estratégicos contra las pretensiones de "acceso directo" de la NSS de 2025 y neutraliza la volatilidad de la ultraderecha radical al reintegrarla compulsivamente al marco jurídico de la Constitución. Esta transición hacia un "Estado Metabólico" permite que la agresión externa sea digerida y transformada en energía para la estabilidad interna. La soberanía hoy se define por la capacidad de gestionar el flujo y la información mediante una tecnopolítica que garantiza que la unión cívico-militar permanezca cohesionada y en control total del territorio.

Venezuela en 2026 prefigura un nuevo modelo de supervivencia para el Sur Global: la soberanía en el multilateralismo mercantil. La historia registrará este periodo como el momento en que una nación asediada obligó a la potencia hegemónica a financiar su propia estabilidad para no perecer junto con ella en la carrera por la IA. La soberanía ya no se escribe solo en la retórica de la independencia, sino en la capacidad técnica de hacer que la existencia de la Revolución sea una condición sine qua non para la viabilidad tecnológica del sistema-mundo. En este equilibrio de necesidades, la República reafirma su destino histórico como dueña de su territorio y arquitecta de una paz que es el fruto de una superioridad intelectual y política sobre la barbarie.

La historia de las revoluciones no es una línea recta, sino una dialéctica de repliegues tácticos y avances fulminantes; entender que un retroceso momentáneo en el tablero es, en realidad, una emboscada estratégica, es la diferencia entre el mártir y el vencedor. Mientras el Poder Político permanezca incólume, la Moral se mantenga como acero en la estructura y el monopolio de la Coerción responda a un solo mando, no habrá ausencia que signifique derrota ni acuerdo que implique entrega. Quienes custodian el fuego sagrado saben que la verdadera lealtad no es el grito desesperado, sino la paciencia del que controla el tiempo y la necesidad del enemigo para asegurar el retorno de lo sagrado. El mando no se ha perdido; se ha blindado en la sombra para que la Patria no sea una idea, sino una realidad irreversible.



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Kelly J. Pottella G.

Miembro de la Red Nacional de Escritor@s Socialistas de Venezuela. Promotora cultural. Pertenece al periódico comunitario Enlazando la Diversidad. Estudiante de sociología. Vocera del Consejo Presidencial del Gobierno Popular de Cultura por Dtto Capital.

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