¿Por qué Estados Unidos gira rumbo al sur?

Es lógico preguntarse: ¿por qué Estados Unidos redirige su estrategia energética hacia el sur del hemisferio, teniendo en la actualidad producciones récord de petróleo en Norteamérica?

Durante muchas décadas Oklahoma y Texas se conectaban directamente con Venezuela por sus grandes reservas. Petroleras como Standard Oil (hoy dividida en ExxonMobil, Chevron, e incluso BP), Conoco y Gulf, etc., operaron en el país; Chevron y Shell aún lo hacen. En materia de servicios petroleros, Schlumberger realizaba sus primeros registros eléctricos en 1929 en el Campo zuliano La Rosa y otras como Halliburton, Baker-Hughes y Weatherford innovaron soluciones tecnológicas pioneramente en Venezuela para luego ser comercializadas con éxito a nivel mundial, hasta que llegaron las sanciones.

El sistema fue engranándose poco a poco entre pozos, tuberías, refinerías y puertos de embarque en Venezuela, en su periferia que incluía Islas del Caribe, en el sistema refinador desde Texas hasta Luisiana (PADD 3) y en la costa este (PADD 1) de los Estados Unidos. Las nacionalizaciones petroleras, como fenómeno mundial, redibujaron el tablero energético, pero el negocio petrolero siguió reacomodándose entre empresas nacionales petroleras (NOC) y empresas privadas internacionales (IOC) según la estructura tejida por tantos años entre venezolanos y norteamericanos donde se crearon negocios duraderos a largo plazo que garantizaron los retornos de las grandes inversiones. Estos lazos energéticos, que concatenan Estados Unidos y Venezuela, son estructurales, no importa lo que pase con la superestructura.

Para demostrar el grado de conexión entre Estados Unidos y Venezuela, Chet Thompson, presidente y director ejecutivo de la Asociación de Fabricantes Estadounidenses de Combustible y Petroquímica (AFPM por sus siglas en inglés que representan al 95% del sector refinación norteamericano) en cartas dirigidas al presidente de los Estados Unidos en julio de 2017(*), instaba a "considerar cuidadosamente el impacto que las sanciones tendrán sobre las empresas y consumidores de Estados Unidos" porque "el crudo venezolano desempeña un papel importante en el ecosistema de la industria de refinación estadounidense". En estas cartas Thompson alertaba que las refinerías de la costa del Golfo y la costa este de los Estados Unidos habían sido diseñadas para procesar el crudo pesado venezolano y que los posibles sustitutos como el crudo de Canadá, México o el Medio Oriente representaban opciones más costosas o inadecuadas por mayores tiempos de transporte que por las sanciones que seguro "perjudiquen a empresas y consumidores estadounidense mientras que no resolverían los verdaderos problemas en Venezuela". Sus advertencias iban más allá: "En el caso de sanciones unilaterales, el crudo venezolano que actualmente se exporta a los Estados Unidos podría simplemente desviarse a otras naciones receptoras, muy probablemente competidores comerciales en Asia."

Ahora cabe preguntarse, ¿Es el petróleo venezolano "sucio" o "basura", tal como se ha publicado muchas veces?

En los tiempos en que estudiaba en la Universidad de Oklahoma, la Maestría de Ingeniería de Petróleo, recuerdo al profesor Dr. Roy Knapp hacer una reflexión muy particular: "el petróleo pesado es el mejor petróleo de todos porque a partir de él puedes obtener todos los derivados del petróleo y no así en sentido contrario desde el petróleo liviano o el gas natural". Dicho argumento puede ser discutible por analistas expertos, sobre todo desde el punto de vista meramente económico, pero no tanto desde el punto de vista técnico dado que las tecnologías de craqueo catalítico (romper las cadenas largas del hidrocarburo pesado) e hidrogenación (saturar la molécula con hidrógeno) quizás han demostrado ser suficientemente eficientes en los llamados mejoradores para producir crudos "hechos a la medida" para los grandes complejos de refinación y petroquímica norteamericanos y generar una amplia gama de derivados petroleros cuyo origen es precisamente petróleo extrapesado.

Es un tanto necia la pregunta, pero muy importante: si este petróleo es una basura, entonces, ¿para qué desplegar y utilizar cruelmente tantos recursos militares en el Caribe y luego anunciar un acuerdo de 12 cifras entre Estados Unidos y Venezuela?

Lo cierto es que la cesta de crudos venezolana dispone de una heterogeneidad de crudos de especialidad, como crudos parafínicos (para producir lubricantes), nafténicos (para producir asfaltos y aceites refrigerantes), agrios extrapesados (para producir coque, azufre, metales pesados y combustibles marinos), entre otros, de amplia gama de gravedades API, muy apetecibles para las refinerías. Metafóricamente hablando, las refinerías en los Estados Unidos están abarrotadas de nafta (golosinas dulces) y carentes de la "insulina" que ofrece el crudo pesado y extrapesado en una dieta para un "paciente diabético". Creo que es el momento de también voltear la pirámide alimenticia de la dieta de hidrocarburos y poner al petróleo pesado en el sitio que le corresponde.

Para entender la importancia estratégica del petróleo pesado, en el último reporte de la EIA, el territorio continental de Estados Unidos, por su amplia producción de esquistos, produce un 90% de crudos livianos y ultralivianos y de este porcentaje el 60% son crudos ultralivianos, muchos de ellos son, de manera simplificada, hexanos que deben ser contenidos en recipientes a presión para evitar que se evaporen pero que pueden ser muy útiles cómo aditivos, mas no para alimentar la gran carga de generación de potencia a base de fueloil para la industria pesada de los Estados Unidos que proviene precisamente del petróleo pesado y extrapesado. Los petróleos livianos tampoco son tan útiles para producir la variedad de productos requeridos por la industria como grasas, lubricantes, asfaltos, aceites refrigerantes, combustibles marinos, azufre, coque, etc.

Todo esto sin contar con el factor distancia y seguridad energética: un tanquero desde el Golfo Pérsico tarda al menos 45 días en llegar a Houston mientras un tanquero desde Puerto La Cruz o el Lago de Maracaibo tarda entre 4 y 5 días, y en un mundo convulsionado, EE.UU. no puede permitir líneas de suministro vulnerables que atraviesen zonas de conflicto como el Estrecho de Ormuz o Canal de Suez. De decidirse por desestabilizar el Medio Oriente para afectar a su gran competidor comercial, China, se requiere, irremediablemente, un puerto seguro donde pueda abastecerse de este "elixir sagrado" venezolano. Esta ansiedad estratégica se incrementa, más aún, cuando China y Canadá (primer proveedor de petróleo pesado de Estados Unidos en la actualidad) han comenzado a tejer una gran alianza energética.

(*)1.https://legacy-assets.eenews.net/open_files/assets/2017/07/07/document_pm_03.pdf
2. https://www.afpm.org/sites/default/files/issue_resources/venezuela-sanctions.pdf



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