Cuando el fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe

“Había mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico y autoritario, había impuesto un manto de opresión a su pueblo durante demasiados años, hundiendo en la miseria a millones de venezolanos, cuando no los obligaba al exilio. Pero hay una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de instaurar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, poder o continente. Es inviolable y sagrada.

 Renunciar hoy a este principio por Venezuela, por cualquier Estado, equivaldría a aceptar nuestra propia servidumbre mañana. Esto sería un peligro mortal, sobre todo cuando el siglo XXI ya presencia importantes convulsiones geopolíticas que proyectan una sombra sobre permanente de guerra y caos sobre la humanidad.

Ante esta situación, solo podemos esperar que el pueblo venezolano tenga voz lo antes posible. Son ellos quienes deben tener el poder de definir, soberana y libremente, el futuro que desean forjar como nación "

Marine Le Pen en X.

 

Inmortalizada por el historiador Tucídides encontramos en la Guerra del Peloponeso el episodio Atenas contra la isla de Melos (416 a.C.)

Melos fue una pequeña isla egea colonizada por espartanos pero que no participaba de la guerra que desde hacía 15 años ocurría entre la Liga de Delos (encabezada por Atenas) y la Liga del Peloponeso (encabezada por Esparta).

Atenas, necesitada de recursos y decidida a demostrar su hegemonía decide que la neutralidad de Melos en la guerra era inaceptable y envía una flota y un ejército para exigirle que se someta.

Antes de llevar a cabo sus propósitos fueron enviados emisarios para persuadir a los Magistrados de Melos. Así los atenienses les exponen el argumento central de su planteamiento “el fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe”. Ofrecen la opción de rendirse y pagar tributos o estar dispuestos a ser destruidos en batalla.

Los melios argumentando que su neutralidad no amenaza a Atenas y apelando a la justicia y a la esperanza en la ayuda de los dioses o de Esparta, exponen que su sometimiento sería una deshonra.

Al rechazar el ultimátum ateniense, confiando en sus murallas, en la ayuda divina o espartana que nunca llegó, después de un feroz asedio la isla terminó cayendo. Las consecuencias fueron brutales y devastadoras para los melios: ejecución de todos los hombres adultos de la ciudad, esclavización de todas las mujeres y niños y la colonización de la isla con 500 atenienses.

En estos días del inicio del año 2026 en América Latina se vuelve a constatar como el imperio estadounidense vuelve a hacer vigente el principio ateniense “el fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe”, aplicado a la isla de Melos hace 2.441 años. No es la primera ni la única vez que lo han hecho, aunque si la más grotesca, la más atroz y las más descarada y desgarradora de todas.

Pero la ironía trágica para los atenienses, retomando la guerra de Atenas contra Melos, es que transcurridos 12 años de la devastación de Melos, Atenas fue derrotada por Esparta y sufrió un destino similar al de los melios, aunque indudablemente menos trágico.

Secuestrar al Presidente de un país soberano, después de haber entrado en su capital, bombardeándola indiscriminadamente y asesinando brutalmente al personal encargado de su custodia, apoyándose en el ejército más poderoso de estos tiempos, para asegurarse el control absoluto de la riqueza petrolera, parece remontarnos a las prácticas políticas y a las relaciones que ocurrían entre las sociedades de la antigüedad.

 


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Carlos Luna Arvelo


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