El costo por 1.200.000 millones $ de la hostilidad de Estados Unidos contra Venezuela

La intervención de Estados Unidos en Venezuela, tratando de romper el estado e imponer grupos de personas proclives a sus intereses no ha sido gratis. Ha tenido un impacto financiero, comercial que sido real y profundo. Y lo más irónico de todo, auto infligido. Aunque en Washington, la narrativa oficial suele centrarse en el "daño al régimen" o lo que sufre Maduro y Cabello, y en la promoción de una lista enorme de políticos perdedores que solo traen y traerán derrota e infortunio a Estados Unidos.

Esto se refleja en los datos macroeconómicos y los balances comerciales que validan cualquier cálculo económico que se haga en este cierre de 2025 tomando como base 2020. Datos que exponen que Estados Unidos ha pagado un precio altísimo, de billones de dólares, en frentes específicos. El balance económico de la relación entre Estados Unidos y Venezuela al cierre de este año revela una erosión patrimonial que trasciende la retórica política triunfalista de ese gobierno.

Al revisar esos últimos seis años de la agresiva política sancionatoria y de hostilidad comercial, se refleja que el costo de oportunidad para la economía estadounidense ha escalado a niveles sistémicos. Ya deberían parar. Con base a un flujo comercial que rondaba 40.000 millones de dólares año, sustentado principalmente por el intercambio energético, lo inmobiliarios y la exportación de bienes de capital de Florida y la Costa del Golfo la pérdida directa acumulada en este sexenio llega a 240.000 millones de dólares. Matemáticas simples.

Sin embargo, este monto es la parte superficial del daño. Para obtener la magnitud real del impacto, es imperativo aplicar el multiplicador macroeconómico de 5, que mide la velocidad de circulación del dinero y el encadenamiento de valor en los sectores de logística, servicios financieros y manufactura. Es un factor que se utiliza para medir cómo una inversión inicial genera un aumento mayor y en cadena, en el ingreso total. Bajo este modelo técnico, la actividad económica total que ha dejado de percibirse en los Estados Unidos por cerrar el comercio con Venezuela, alcanza la cifra de 1,2 billones de dólares en los 6 últimos años.

Como un billón equivale a un millón de millones, la cifra de 1,2 billones de dólares se escribe así, $ 1.200.000.000.000. No es una simple pérdida, ha sido un daño estructural para la economía, y sigue creciendo porque la política equivocada contra Venezuela la siguen aplicando. Y ninguna persona común puede imaginarse esta cifra y los políticos de Estados Unidos no van a explicársela a su población.

Esta contracción de 1,2 billones de dólares no es una cifra abstracta ni estadística; es un déficit real que afecta la solvencia de sectores estratégicos en el sur de los Estados Unidos. El mercado inmobiliario de Florida, que durante décadas tuvo en el capital venezolano a su "primer comprador" con transacciones mayoritariamente liquidadas en efectivo, ha perdido un motor de liquidez inmediata que no ha sido reemplazado con la misma eficiencia por otros mercados.

Y el complejo refinador del Golfo de México ha tenido que asumir costos operativos extraordinarios para sustituir el crudo pesado venezolano, para el cual fue diseñado, por suministros geográficamente remotos y más costosos. Al sumar el lucro cesante en los puertos de Miami y Jacksonville, donde el flujo de maquinaria y repuestos hacia Venezuela se ha reducido a mínimos históricos, el resultado es una pérdida en la dinámica económica que impacta en el Producto Interno Bruto regional.

El análisis de estos seis años demuestra que la política de presión máxima que ha operado bajo un esquema de yo gano tu pierdes, en la práctica, ha derivado en una pérdida neta para EEUU. Además, mientras el capital estadounidense se retiraba forzosamente, el vacío comercial de 1,2 billones de dólares fue ocupado por competidores extra regionales que ahora dominan nichos de mercado antes exclusivos para EE.UU. Este desplazamiento representa un daño a largo plazo para la seguridad comercial de los Estados Unidos.

En conclusión, el balance de este sexenio confirma una falla en la gestión de los intereses nacionales, pues se priorizó una narrativa de asfixia política sobre la estabilidad de un mercado vital para el país. Los datos obligan a reconocer que la desconexión con el socio comercial más cercano no solo no logró los objetivos políticos planteados, sino que dejó una factura financiera que compromete la competitividad de las industrias involucradas. Al final de esta revisión, queda claro que, bajo el actual esquema de sanciones, Estados Unidos validó una premisa costosa en la búsqueda de una victoria política sobre Venezuela, que es, ´ganando también se pierde´.

Pero hay más, así como Trump llegó vociferando que iba a acabar con las guerras interminables que arruinaban al país, mantuvo una política demócrata errónea interminable, sustentada además en el accionar de políticos externos subdesarrollados y fracasados, que ha aumentado el daño financiero generado por Obama, desde el 2015.

Por ello esta política exterior de los Estados Unidos hacia Venezuela, ha derivado en una de las mayores catástrofes financieras de la historia moderna, una cuya factura final solo se paga en Washington y Florida. Al cierre de este 2025, tras once años de estrategia suicida se revela una cifra astronómica, utilizando el método del multiplicador económico, que explica por qué la crisis es insondable. No se trata simplemente de una cifra estática en un balance de daños; es el cierre de un flujo vital que sostenía el dinamismo del hemisferio, pues América Central, el Caribe y el Sur, sintió crudamente el impacto.

Si ahora tomamos como base el intercambio comercial anual de 40.000 millones de dólares, la pérdida directa acumulada en 11 años asciende a 440.000 millones de dólares. Y para captar la verdadera magnitud del desastre también, debemos aplicar el multiplicador económico de cinco. Este factor representa la realidad de cómo cada dólar que deja de circular afectó en cascada al consumo, la inversión, el ahorro y el empleo de buena parte de Estados Unidos. El impacto total de la riqueza evaporada escala a la horripilante cifra de 2,2 billones de dólares. 2.200.000.000.000 $ dólares de economía destruida.

Este "plomo en el ala", que comenzó como una herramienta de presión, terminó convirtiéndose en un suicidio financiero para EEUU y un desastre para los países del Caribe, Centro y sur América inmediatos. Daño generalizado con inconsciencia. Es el Balance USA 2025.



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Oscar Rodríguez E


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