Se esfumaron cien años de soledad

Mario Vargas Llosa y su inNobel premio

Sobre este buen representante de la burguesía mundial en su regocijo actual de ilustrísimo afamado, hay mucho pasatiempo que hilvanar para cobijarlo de amarguras crudas sin vapor de pueblo, ni de conciencia alguna que le vigorice la euforia que desata un desembargo de caprichos de la componenda oculta y que desacredita un premio, que se ha convertido en una mala praxis en la tempestad de entrometidos que hoy lo tienen enredado brutalmente en la hermandad de los agravios que recorre sin pasión el orbe de sus intereses comunes y lo ocultan dentro del enanismo político en que se ha enredado en contra de los pueblos del mundo que buscan su liberación y se distancian de naciones opresoras en lo socio-económico-cultural y se afianzan en mantenerse reacios a la globalización del neoliberalismo capitalista y sus aliados para no caer en los tratados de libre comercio que se ofrecen como placebos de bondad y cooperación, lo que juega con la verdadera intención de intervención como quedará demostrado al correr de los años.

Este escritor peruano que vació y engañó en años pasados en su borrachera izquierdista, la ebullición de letras que conformadas en palabras impregnadas de ideas que iban y venían a su antojo llenando párrafos encubiertos de nostalgias y hechos vivenciales u ocultos de piedad personal de máximo contagio en lo real excitante en la narrativa que distrae momentos y esperanzas por alcanzar o lograr algo como drama y, en esa fortaleza de intenciones navegó hasta que el sol se le ocultó y perdió el panorama de transformaciones y se inclinó por lo brutal por la consagración del poderoso sobre el desvalido, vendiendo la impudicia que lo ahogaba y, fácilmente se hizo suplidor de mentiras y, testaferro sumiso a la orden de la dinastía burguesa más odiosa y despótica de la tierra que hoy lo tiene saboreando un premio Nobel que mueve a tristeza comprimida y, que será aclamado en su momento como el más miserable escritor latinoamericano que se hizo de la nacionalidad española y como vasallo al fin de ilustre americano califa la talla de los políticos patoteros más insulsos de España y como catedrático racial de la América incipiente, juega como un fatuo de la irracionalidad.

En su largo peregrinaje de ufano vanguardista de los métodos retrógrados dentro del capitalismo salvaje que lo absorbe, el escritor Vargas Llosa, se distrae tratando de humillar de alguna forma a los líderes latinoamericanos en su conjunto, pero se afinca más con el presidente Chávez, el presidente Evo Morales, el presidente Correa y con Fidel Castro. Su odio es tal con los presidentes aludidos que su discurso en el recibimiento del premio versará sobre ellos y cuyo título es fácil de adivinar como abre boca de consuelo: América Latina –dirá, Vargas Llosa- sin el capitalismo es arena movediza y los que la gobiernan son “indios” de tapa rabos tercer mundista de la llanura inculta de los pobres sin alma que yo, como talentoso indefinido: los consuelo con mi verbo excepcional que la emancipación imperial me ha dado para recrear al mundo con mis letras que ahora gira a mis pies y ellos, morirán persiguiendo La Cruz de Mayo del atraso. Aplausos retraídos sembrarán el día por los presentes y la hojarasca de la rabia infernal ensombrecerá la ciudad de áfonos curiosos.

Corren los ríos de la vida y en cada palpitar la miseria humana se desplaza y, los que fueron ya no son. Dejaron de ser y por más que se atormente el espacio, el tiempo se diluye llevándose consigo lo que los hombres corrompieron con sus ligerezas y, entonces sonará el clarín de la libertad para esclavos y expoliadores de la dignidad humana y, morirá el servil literalmente afamado de desvergüenza -razón más que suficiente para que Jean-Paul Sartre remueva el arado de su pensamiento de la negativa al premio Nobel y vuelva a dormir en paz.

Al escritor MVLl, lo perdí de vista hace años e imagino que después que se pasó al consorcio de la derecha no ha producido algo que valga la pena comentar en el contexto de la literatura mundial y como político debe seguir siendo el mismo arrastrado de sus comienzos, desleal a todo lo que huela a bienestar del pueblo, a justicia social y amante de España como madre patria de la Colonia y sus movimientos de desplazado mundial deben su atracción por el norte y el billete su fin como trovador de engaños facinerosos del buen vivir. Y, así quieren este mundo bien convulsionado y, bien maltratado por el capitalismo extremo a su orden.



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Esteban Rojas


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