Más rico que un vendepatria

Es la frase que cierra el texto de la contraportada del libro de Gino González que tengo en las manos: “Las brújulas sin rumbo pescando crímenes al fondo de la inocencia”, en el cual publica un manojo de poesías que escribió con un estilo muy personal y profundo: El estilo de Gino González. Es el segundo libro de este autor que tengo el privilegio de leer, pues ya vi “El Evangelio según los Perros” y tengo su disco “La tenencia de la tierra”.

“¿Usted quiere tener más real que un vendepatria? Reproduzca y venda esos discos y esos libros”, dice, refiriéndose a toda su obra literaria y musical, que el artista, generalmente, publica y graba por su propio esfuerzo.

Aprovechando la autorización plena que da el autor, mucho sabré agradecer a los quemadores y fusiladores de obras que no pelen este boche, que estas obras pueden ser reproducidas libremente sin decomiso posible porque son libres. Y soy interesada. Quiero tener todos los discos y los libros de Gino y no tengo en dónde encontrarlos, porque las ediciones del autor siempre se agotan.

No es necesario dar un discurso profundísimo ni tener un camión de condecoraciones colgadas en la pared para expresarse de la manera más original y más clara acerca de los Derechos de Autor. Gino escribe, compone y canta para la gente y, una vez que ha recuperado lo gastado en los libros y discos, regala los demás. “Te lo regalo, no necesito plata ahorita”, es la frase conque deja bien asentado que para él la literatura (y el canto), no son un negocio sino una expresión cultural, algo que él crea para entregárselo a quien quiera recibirlo.

En la referencia al vendepatria, Gino deja ver que está consciente de la realidad actual, de cómo mucha gente, por dinero, vende lo más sagrado, y deja también claro que no está de acuerdo con eso. Lo deja claro con hechos, no palabras.

Y no teme que “le roben” las obras, que es el “coco” conque los ideólogos de las corporaciones transnacionales engañan a los autores para que defiendan un status quo que sólo favorece a los grandes capitalistas, en tanto mantiene proletarizados a las autoras y los autores de la cultura, que, como dice el librito, han de vender su fuerza creadora para poder dar a conocer sus obras, porque no tienen medios de producción.

Es la posición socialista de un llanero que, por el hecho de ser un poeta de profundidades y un cantante de verso fácil y voz que llega hondo, no ha dejado de ser humilde y sencillo, orgulloso de la fabla llanera, callado pero observador cuando le conviene, pero conversador cuando tiene algo importante que decir. Es el Cantaclaro de estos días; revolucionario, como debe ser.

Si usted quiere leer algo de verdad bueno, lea los libros de Gino González, que no son comerciales sino profundamente literarios, y si quiere pasar un buen rato, en el cual usted cierre los ojos y se imagine la brisa mañanera del llano, el Sol que se levanta poco a poco por el oriente, a una vaca mordisqueando el pasto tierno y un becerro más allá, tranquilo porque ya comió, mientras la cola de la res espanta las moscas, inconsciente de que los seres humanos la ven sólo como alimento... Si quiere oír unas canciones sabrosas, profundas y revolucionarias, oiga el canto de Gino González.

Y si quiere una filosofía socialista acerca de los derechos culturales, una expresión literaria acerca de a qué le sabe a este autor la propiedad intelectual, si quiere saber lo que es el socialismo, escuche a Gino, y viva de manera sencilla. Que estos son los ladrillos fundamentales de la construcción de la Patria Buena de que hablaba Alí, donde la gente no tiene precio, donde las cosas son de quien las necesita, donde la libertad es un derecho natural y donde el trabajo no es vergüenza.


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Andrea Coa


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