La disputa por las vacunas

La Organización Mundial de la Salud viene lanzando certeros alertas sobre el candente y recurrente tema de la mercantilización de las vacunas contra el Covid-19 a nivel mundial. Preocupación que enciende el debate por la evidente distribución inequitativa de las mismas.

Recordemos que en condiciones normales, la vacunación es un tema de máxima prioridad para los gobiernos de todo el orbe. Como señala el informe de la Organización Mundial de la Salud, Vacunas e inmunización: situación mundial (Tercera edición), "La inmunización es una de las intervenciones sanitarias más potentes y eficaces en relación con el costo. Previene enfermedades debilitantes y discapacidades y salva millones de vidas cada año"; allí explican que las vacunas "estimulan el propio sistema inmunitario del cuerpo para proteger a la persona contra infecciones o enfermedades posteriores". Es una barrera de protección para mantener a las personas, comunidades y regiones geográficas a salvo de enfermedades de distinto tipo.

La fabricación industrial de los medicamentos, y en especial el de las vacunas, está concentrado en un "pequeño número de fabricantes multinacionales radicados en países industrializados". Estas grandes empresas generan cada año milmillonarias ganancias para sus codiciosos accionistas, cuya base de dominio radica en que todo el proceso de investigación, desarrollo, producción y distribución queda "resguardado" por una patente de propiedad industrial que le permite explotar comercialmente un producto sin tener que competir en calidad o precios con otras empresas del sector, constituyéndose en un monopolio con recurrente abuso de la posición de dominio, usura y sobreprecios. Incluso el otorgamiento de licencias para producir sus medicamentos en terceros laboratorios genera ingentes ingresos por el solo derecho de otorgar dicho permiso. En medio de la pandemia del Covid-19 resaltan en la palestra los nombres de algunas de estas megacorporaciones como Johnson & Johnson, Pfizer, Moderna y AstraZeneca.

En manos de estas compañías y de un pequeño grupo de países, recae el tema de decidir el acceso y asignación equitativa de los pequeños lotes de vacunas que se han estado produciendo en todo el mundo. Como lo que caracteriza a los países desarrollados es la falta de ética y la inmoralidad, no nos sorprende la alarma enviada por el director general de la OMS, Tedros Adhanom, al señalar que la brecha en el proceso de distribución de las vacunas contra el Covid-19 "crece cada día y que se está volviendo más grotesca". Denunciando así el aumento de la disparidad entre las cifras de personas vacunadas de los países desarrollados con respecto a los países con mayores limitaciones logísticas y financieras. Destaca que "Los países que ahora están vacunando a personas más jóvenes y sanas con bajo riesgo de enfermedad lo están haciendo a costa de la vida de los trabajadores de la salud, las personas mayores y otros grupos en riesgo en otros países", los cuales no han logrado adquirir lotes de vacunas suficientes para cubrir siquiera al personal de trabajadores de primera línea. Las cifras mostraban que de "455 millones de dosis de vacunas… 56% de las dosis han sido aplicadas en países de altos ingresos en los que residen 16% de los habitantes del mundo". Los organismos responsables del sector salud calculan que tan solo "diez países en el planeta acapararon el 75% de las vacunas, al menos hasta el pasado febrero". Así es la magnitud del problema. La gran mayoría de los países están sin recursos o no cuentan con suficientes capacidades operativas. Otros están resolviendo con el apoyo y solidaridad de países como Rusia o China, con sus vacunas Sputnik V y Sinopharm. Los países de América Latina están accediendo también al mecanismo COVAX, que espera distribuir por lo menos 280 millones de vacunas en la región.

Mientras tanto varias voces acusan a los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido y algunos países de la Unión Europea por el llamado "nacionalismo de las vacunas", ya que han obstaculizado los procesos de exportación a terceros países. Otros gobiernos han firmado contratos secretos de exclusividad pagando sobreprecios a las corporaciones farmacéuticas con el fin de acceder de primero a un mayor número de vacunas. Se ha revelado que el "lento ritmo de vacunación" en países de la Unión Europea se debe a que los Estados han tenido que competir entre ellos para comprar las vacunas, por lo que no han podido garantizar la cobertura del programa de vacunación en los sectores priorizados.

Para evitar este nefasto proceso de mercantilización y rapiña en el acceso, comercialización y distribución de las vacunas, el pasado 24 de febrero, el Comité Internacional de Bioética de la UNESCO solicitó que "las vacunas sean tratadas como un bien público mundial para garantizar que están disponibles de manera equitativa en todos los países, y no solo para aquellos que pujan más por estas vacunas". El Comité envió tres mensajes claves: las "industrias farmacéuticas tienen la responsabilidad de compartir la propiedad intelectual adquirida con el apoyo del gobierno para permitir que los fabricantes de todos los países proporcionen acceso a las vacunas para todos, lo que debe considerarse un bien público mundial"; "el beneficio de la vacuna para el mayor número de personas no puede considerarse el único criterio ético. También deben tenerse en cuenta la igualdad, la equidad, la protección contra la vulnerabilidad, la reciprocidad y el interés superior de los niños", y "las estrategias de vacunación deben basarse en un modelo no obligatorio, no punitivo, fundamentado en la información y la educación, incluido el diálogo con las personas que puedan tener dudas sobre la vacunación o ser hostiles a la misma". La directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, señaló que "Sin solidaridad, estamos lejos de lograr este objetivo, y más de 130 países aún no han recibido una dosis única y los más vulnerables, hasta ahora, no están protegidos".

Hasta el papa Francisco elevó sus plegarias por el tema de la vacunación y señaló que las vacunas "Son una herramienta esencial en esta lucha. Por lo tanto, en el espíritu de un internacionalismo de las vacunas, insto a toda la comunidad internacional a un compromiso común para superar los retrasos en su distribución y para promover su reparto, especialmente en los países más pobres".

Todos coinciden en que la vacunación masiva de los trabajadores de primera línea del sector salud y de los grupos priorizados (adultos mayores, maestros, cuerpos de seguridad y protección civil, etc.) son el único camino para reducir los contagios y la mortalidad en todo el planeta. Este es un desafío que debe llamar a la solidaridad y a la unión de todos los líderes y gobiernos a nivel mundial.



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Richard Canán

Sociólogo.

 @richardcanan

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