Guaidó, el apocado

Cabeza abajo, rabo entre las piernas. Con la rabia brotándole de los poros y los ojos llorosos como niño sin helado. Así de furioso y enajenado anda el espurio Guaidó, una marioneta infeliz que ahora asume su nuevo estatus de apocado (RAE: Apocado, "De poco ánimo o espíritu. Vil o de baja condición").

Solo era cuestión de tiempo para que los promotores de la falacia del gobierno imaginario se encontraran con la cruda realidad del fraude que representa Juan Guaidó y su maléfico combo. Estos inescrupulosos y apátridas personajes no son más que unos mercenarios de la política, que han hecho del supuesto gobierno de transición una inmensa caja chica para el saqueo y la ratería de una pequeña facción de la extrema derecha criolla que no tiene representación ni fuerza popular alguna.

La presencia en Caracas de la delegación estadounidense de alto nivel de la administración del presidente Joe Biden, reconoce de facto al Gobierno Bolivariano quien ha conservado el poder político por la vía del voto, a pesar del bloqueo económico, los intentos de magnicidio y golpes de Estado. La facción dirigida por Guaidó y la cúpula de Voluntad Popular han fracasado en cada uno de sus mantras y quizás por eso, desde la Casa Blanca, les perdieron la paciencia y la confianza a estos irresponsables personajes.

De la fauna internacional, Guaidó solo contó con el respaldo (mascullando su odio visceral y putrefacto) del senador Marco Rubio, que ilusamente declaró que "Estados Unidos no necesita una sola gota de petróleo de Maduro, podemos producir más que suficiente aquí si Biden lo permitiera". Pero la realidad es otra. Estados Unidos en un barril sin fondo que consume frenéticamente el equivalente de más de 9 millones de barriles diarios de gasolina. Es demasiado dependiente a la movilización del transporte vehicular y los camiones de carga. El aumento de la gasolina en las estaciones de servicio ha crecido sin parar (hasta 4,36$ el galón, el más alto desde 2.008), al igual que en Europa, donde ya presagian una larga temporada de precios altos y desabastecimiento.

El apocado Guaidó va como alma en pena, como ángel caído y devaluado repitiendo frases que ya nadie escucha. Su antigua tribuna ya no confía en él, está totalmente pauperizado. Aunque usted no lo crea sigue en su arenga diaria repitiendo el supuesto llamado a una enésima convocatoria "para exigir fecha y condiciones para elecciones presidenciales lo antes posible" parece un disco rayado. Sus gritos de "unidad, unidad", rebotan en el vacío. Ya no suma, solo resta. Nadie cree en esta triste marioneta que ahora sí cree conveniente "retomar el proceso de negociación en México", luego de sabotear todos las conversaciones previas. Es un grandísimo farsante.

El apocado Guaidó pasará sus días tras las rejas como un triste y patético criminal. El mayor estafador en la historia política de nuestra patria.



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Richard Canán

Sociólogo.

 @richardcanan

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