La transculturación del estado venezolano Mérida

Durante mis cientos de años de vida en el planeta Tierra, no había sido testigo de un proceso de transculturación tan agresivo, como el que yo estoy experimentando en el estado venezolano Mérida, donde el desarraigo cultural del pueblo merideño, ha ocasionado un resquicio en su fría identidad andina.

Si tuviéramos que definir a la identidad andina venezolana con una palabra, no hay duda que fe es la mejor palabra, que podemos utilizar para definirla.

Una fe que viaja por los milagros de Isnotú en Trujillo, que recorre las leyendas de San Cristóbal en Táchira, y que llega rezando el rosario hasta el municipio Libertador del estado Mérida, donde la fe cristiana siempre ha sido la mayor devoción del pueblo merideño, que expresa su fe dentro y fuera de su Catedral.

Durante el siglo XX, el estado venezolano Mérida pudo resistir la fuerte ola turística extranjera, que aunque siempre puso en peligro el valor cultural autóctono del mal llamado "gocho", y que aunque siempre introdujo el mestizaje cultural en las rentables temporadas de vacaciones, la fuerte ola turística nunca jamás pudo destruir a la fe cristiana de los habitantes merideños.

Mientras soportaban a los maracuchos gaiteros montados en el teleférico, y mientras soportaban las tonterías caraqueñas de los sifrinos en la Sierra Nevada, pues los merideños siempre manifestaban públicamente sus valores cristianos, y no se avergonzaban de realizar sus saludables Paraduras de enero, de recrear la Navidad con sus luminosos pesebres en diciembre, y de recordar la pasión y muerte de Jesús, con sus pasionales viacrucis en las carmelitas descalzas.

Aunque en términos ecológicos, el estado Mérida tocó el fondo del precipicio a finales del siglo XX, tras usar sus manos gochas para extinguir por siempre la vida de su legendario Cóndor Andino, que fue el principal símbolo ambiental de la biodiversidad merideña, pues en términos religiosos, el estado Mérida siguió siendo fiel a Dios durante el siglo XX, con velitas, con oraciones y con rosarios.

Pero tras la llegada del siglo XXI, el estado venezolano Mérida no pudo evitar que la mediocridad de un Mundo ahogado en el capitalismo y en el consumismo, terminara destruyendo la tradicional cultura cristiana del pueblo merideño, que poco a poco fue prostituyendo al Niño Jesús para conseguir más dólares americanos, que poco a poco fue desnudando a la Virgen de las Nieves para conseguir más fríos pesos colombianos, y que poco a poco se fue olvidando del revolucionario perro Nevado de Mucuchíes, el cual fue cambiado por un cobarde Mickey Mouse bailando en la plaza Bolívar durante la Semana Santa.

Yo observé al cobarde y estadounidense muñeco de Mickey Mouse, bailando en la plaza Bolívar del venezolano estado Mérida durante la Semana Santa del año 2017, porque yo siempre escribo con veracidad, con propiedad y con pundonor.

Sí mis queridos hermanos lectores, debemos reconocer que culturalmente, el estado venezolano Mérida perdió la brújula y tocó el fondo de la botella en el siglo XXI, se cayó por el peor barranco de Jají, se hundió en la vida como el titánico Titanic, se pudrió como una fresa con crema de leche podrida, se perdió como un abismo perdido en la nada, se rompió como el pico de un espejo roto.

El estado venezolano Mérida vive un violento proceso de transculturación durante el siglo XXI, entendiendo que la transculturación es la recepción por un pueblo o grupo social, de formas de culturas procedentes de otros pueblos o grupos sociales, que sustituyen parcial o completamente a las propias.

El estado venezolano Mérida vendió el bizcochuelo de Cristo para comprar la hamburguesa del Tío Sam, vendió a su oso frontino para comprar al Kung Fu Panda, vendió a su Santo Niño de La Cuchilla para comprar el escudo del Capitán América, vendió a las Heroínas para comprar a Shakira, vendió sus vitaminas para comprar una Pepsi bien fría, vendió su dignidad por basura.

Casas coloniales convertidas en centros comerciales, y reliquias cristianas andinas convertidas en ropa fashion para damas, caballeros y niños gochos.

En las calles merideñas solo se escucha el sonido del vallenato, el sonido del reguetón, el sonido de las rancheras mexicanas y el ruidoso sonido de plagas de motos llenas de industrialismo, que van dejando montañotas de basura desde Mukumbarí, pasando por Bailadores y llegando hasta el parque Beethoven.

En las calles merideñas se vende el pan canilla solo en dólares americanos, porque los bolívares soberanos de la pensión de la abuelita, ya no sirven ni para sacarse las mugres de los pies merideños, que huelen a la vil transculturación.

Y no hay nada más triste en la vida andina venezolana, que ver a un viejito gocho merideño, quien sin dinero en sus bolsillos decide entrar en la panadería de la esquina, y decide preguntar en voz alta: ¿En cuánto está el dólar?

El viejito gocho merideño no tiene ni dólares para pagar el pan, ni tampoco tiene bolívares para comprar el pan, pero el viejito gocho preguntará en cuánto está el dólar, porque la transculturación merideña hizo que la gente buena perdiera la inocencia de antaño, y ahora los viejitos gochos preguntan las mismas tonterías capitalistas, que ellos escuchan todos los días en las calles merideñas, porque ahora los viejitos gochos quieren morir al cambio del día.

Mérida solo piensa en transferencias bancarias, Mérida solo piensa en el pago móvil, Mérida solo piensa en Zelle, Mérida solo piensa en el suicidio cultural.

Cuando Mérida sale a las calles merideñas, ella sale casi desnuda en sensuales pantaletas, para que los jóvenes merideños la preñen con solo mirarla, ella dice muchas vulgaridades mientras fuma cigarrillos en la estación Barinitas, ella grita palabras groseras no solo el miércoles de cenizas, sino también cada día miércoles que huele como a estiércol de Mérida.

Culturalmente, Mérida está involucionando y perdiendo su identidad andina en Venezuela.

Nuestra gochita Mérida perdió la pizca de inocencia andina, perdió el atol, perdió a las cinco águilas blancas, perdió el hechizo de sus nevadas, perdió su olor a incienso, perdió su fe cristiana, perdió su clásica frase "Dios se lo pague".

Las frases no pueden liberarnos del yugo de la transculturación, pero las frases siempre pueden esclavizarnos a vivir presos en la mediocridad social.

En el estado venezolano Mérida abunda la mediocridad gubernamental, abunda la mediocridad social del pueblo, abunda la mediocridad cristiana del prójimo.

El cuento gocho no me lo echó un chivito de los páramos, el cuento gocho no me lo echó una vaca lechera de La Azulita, y el cuento gocho tampoco me lo echó un monito de los Chorros de Milla, porque yo mismo puedo contemplar la álgida realidad que se vive en las perrunas calles merideñas, y hoy puedo asegurar que el estado venezolano Mérida vive en la mediocridad gubernamental, vive en la mediocridad social y vive en la mediocridad cristiana.

Como decimos los venezolanos, para muestra un botón.

Yo creo que todos hemos visto en las calles venezolanas y en los medios de comunicación de masas, la famosa y legendaria campaña de marketing llamada "Yo amo NY", la cual sustituye la palabra "amo" por un rojizo corazón, que realmente nos permite vislumbrar la frase "Yo amo Nueva York", en clara referencia a la famosa ciudad norteamericana ubicada en Estados Unidos.

En camisetas, blusas, gorras, sombreros, tatuajes, chaquetas, chapitas, llaveros, manteles, cuadernos, carcasas de teléfonos, mochilas, etiquetas, paredes, relojes y hasta en calzoncillos, todos nosotros hemos visto la amorosa frase "Yo amo NY" en la vestimenta que usa la gente, en comerciales de televisión, en periódicos, en películas, en revistas, en anuncios de la Internet y en telenovelas.

La frase "Yo amo NY" es parte de la cultura pop yanqui del mundo moderno, y por desgracia, es un símbolo internacional usado para demostrar el nocivo proceso de transculturación que sufre un país, una ciudad o una comunidad.

Hermanos y hermanas, yo quiero compartir una experiencia personal que me ha permitido dilucidar cuán mortífera es la transculturación, y que me ha permitido demostrar que la transculturación, es capaz de arrebatar la fe cristiana de la gente de un pueblo, permitiendo que se reniegue de la propia fe y se cometa apostasía.

En términos religiosos, apostasía significa renegar y renunciar a la fe.

El pasado viernes 5 de marzo del año 2021, yo estuve paseando por el popular Mirador Domingo Peña, ubicado en el casco central del municipio Libertador del estado Mérida de Venezuela, siendo un lugar de mucha afluencia merideña tanto de día como de noche, debido a que por esa zona pasa el veloz trolebús gocho, y también se usa como parada de autobuses del transporte público.

El bonito mirador Domingo Peña, que se encuentra ubicado en un sector merideño llamado Paseo La Feria, es una muestra del gran daño que causa la contaminación ambiental en las ciudades urbanizadas venezolanas, porque mientras turistas y coterráneos se maravillan mirando el hermoso paisaje lleno de montañas merideñas, pues al mismo tiempo, el insoportable smog causado por el humo de tantos autobuses que se estacionan alrededor del mirador, termina generando un constante foco de polución debido a los gases tóxicos que desprenden los autobuses, por lo que el precio a pagar para poder admirar a las colosales montañas andinas, será sufrir ataques de alergias y enfermedades respiratorias tras inhalar tanto atropello ambiental, que pasa todos los días en las calles merideñas, pero que se queda por siempre en nuestro organismo humano.

En el mencionado mirador Domingo Peña y por un lapso de casi cinco años, una hermosa placa conmemorativa se encontraba adherida al pedestal patriótico, ubicado dentro de la infraestructura del mirador de la capital merideña.

La hermosa placa conmemorativa, que brillaba con la luz del fuerte sol merideño en el mirador Domingo Peña, fue instaurada el 31 de octubre del año 2017 por la Confraternidad de Pastores de Mérida, debido a que se celebraban los 500 años de la Reforma Cristiana, y porque también se cumplían los 459 años de la fundación de la Ciudad de Mérida, siendo el motivo por el cual la mencionada Confraternidad recordó el pasaje bíblico que lleva el Escudo de la ciudad merideña, grabándolo en la placa y que se basa en la cita bíblica del Evangelio de Mateo capítulo 5 versículo 14, donde Jesús hizo la siguiente declaración:

"Vosotros sois la luz del Mundo, una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder"

Si bien la placa conmemorativa puesta en el mirador Domingo Peña, reflejaba con buena base bíblica el carácter cristiano del pueblo merideño, y aunque la placa cristiana supo juntar exitosamente el valor del cristianismo y el valor del patriotismo para la sociedad merideña, pues lamentablemente, la bella placa cristiana siempre fue menospreciada y olvidada por el pueblo supuestamente "cristiano" de Mérida, que jamás se detuvo a leer el contenido de la placa, que jamás recordó su inspirador pasaje bíblico, y que convirtió a la placa cristiana en un simple adorno del mirador, totalmente inadvertido, impopular y aburrido.

Pero tras caminar por el mirador Domingo Peña en marzo del 2021, yo pude observar unas gigantescas piezas "arquitectónicas" de brillantes colores, que fueron puestas alrededor del pedestal donde se encontraba la placa conmemorativa cristiana, y que por desgracia, las piezas obstaculizaron casi por completo el contenido escrito y grabado en la placa cristiana, impidiendo que los merideños pudieran leer la cita bíblica de Mateo 5:14 grabada sobre la placa, y evidenciando claramente la apostasía cometida en el estado Mérida.

Tras presenciar la apostasía cristiana, de inmediato yo fui hasta la casilla de atención ciudadana ubicada frente a la pieza arquitectónica anticristiana, y les pregunté a los encargados de atender amistosamente al público, si las piezas fueron puestas por la alcaldía o por la gobernación, pero los encargados me dijeron que la pieza anticristiana, había sido puesta por el "protector de Mérida".

Yo les pregunté a los encargados de la casilla de atención ciudadana, si cuando hablaban del protector de Mérida se referían al alcalde o al gobernador, pero los encargados insistieron en decirme que las piezas anticristianas no fueron colocadas ni por el alcalde ni por el gobernador, sino por el protector de Mérida.

Los encargados de la casilla de atención ciudadana, me dijeron que el protector de Mérida era un político del gobierno revolucionario, por lo que yo asumí que la pieza anticristiana, entonces fue puesta por el socialismo del siglo XXI.

Yo pensaba que el protector de Mérida era Nuestro Señor Jesucristo, o la Santísima Trinidad o la Virgen de las Nieves, pero ahora me doy cuenta que la apostasía del estado Mérida, es muy grave y altamente anticristiana.

La politiquería merideña demostró su apostasía, su ateísmo y su transculturación, cuando decidió bloquear el mensaje cristiano de la bíblica placa colocada en el mirador Domingo Peña, y también el socialismo merideño demostró su apostasía, cuando decidió asentar sobre el pedestal patriótico del mirador, unas gigantescas letras de colores que bien juntadas, forman la tonta y mundana frase "Yo amo Mérida".

La palabra "amo" fue sustituida por un gigantesco corazón rojo, imitando a la famosa frase que dice "Yo amo Nueva York", lo cual nos demuestra como el socialismo merideño cayó en la transculturación que tanto destruye a la colectividad venezolana, e incluso, el corrupto socialismo merideño vició a la cultura cristiana merideña, y solo para ganar más votos de la muchedumbre gocha en las elecciones de cualquier mundano domingo electoral, el socialismo merideño cometió una trágica apostasía en el mirador Domingo Peña.

Es tan absurdo como muy lamentable, que el socialismo venezolano en el estado Mérida, apoye la transculturación del pueblo merideño, incentivando el uso de las expresiones artísticas que glorifican a la moda mundana del Imperio yanqui, y que destruyen el carácter soberano y bolivariano de la revolución venezolana.

Pero queridos hermanos lectores, nosotros debemos preguntarnos cuál fue la respuesta del pueblo merideño, tras ver que bloquearon la placa cristiana con el mensaje cristiano, solo para poner una pieza mundana con un mensaje mundano.

¿Acaso los merideños se indignaron y protestaron, porque el socialismo merideño censuró el mensaje cristiano de la placa cristiana?

¿Acaso los merideños quemaron el maldito corazón de la maldita pieza arquitectónica yanqui?

¿Acaso los merideños están recolectando firmas en las calles, para exigirle al gobierno que respete a la santísima Palabra de Dios?

¿Acaso los merideños repudiaron la trágica apostasía cristiana cometida en el Mirador Domingo Peña?

No, los merideños y las merideñas no repudiaron la trágica apostasía cristiana, cometida por el socialismo en el Mirador Domingo Peña del municipio Libertador.

Por el contrario, los merideños y las merideñas están encantados y encantadas por la belleza arquitectónica de la famosa frase "Yo amo Mérida", y tan solo durante los quince minutos que estuve de pie en el Mirador Domingo Peña, pues más de 20 compatriotas merideños posaron como estrellas hollywoodenses, se besaron como sucios animales callejeros, y se tomaron muchísimas fotografías frente al famoso y rojizo corazón de la transculturación merideña, lo cual nos demuestra que el socialismo merideño conoce muy bien el pan y el circo gocho.

Miles de merideños están concurriendo masivamente al mirador Domingo Peña, para que sus rostros sean fotografiados frente al gigantesco corazón arquitectónico que enaltece a la frase "Yo amo Mérida", y esos miles de merideños también están compartiendo el fotográfico veneno de la transculturación en todas las redes sociales extranjeras, donde la misma foto, la misma sonrisa, la misma pose, la misma estupidez, y la misma miseria espiritual se comparte en Facebook, en Instagram, en WhatsApp, en Youtube y en Twitter.

Cuando estaba puesta únicamente la placa cristiana en el mirador Domingo Peña, nadie se tomaba ninguna foto frente a la placa de Dios, nadie leía las palabras bíblicas que dijo Jesús en Mateo 5:14 y nadie compartía el mensaje cristiano en las redes sociales, pero ahora que el socialismo merideño puso una gigantesca pieza arquitectónica con la mundana frase "Yo amo Mérida", pues ahora todos los merideños jóvenes y adultos hacen colas frente al famoso corazón antipatriótico, y hasta tienen que ser pacientes y esperar un rato, mientras cada gochito lleno de transculturación en su cerebro, se toma su tiempo para lucir muy sonriente y chévere, en frente del altar del mundanismo merideño.

Lo mundano es popular, unas gigantescas piezas de colores que de inmediato llaman la atención de la gentuza, un gigantesco corazón rojo que simboliza el tonto amor de la imaginación ciudadana, y muchísimos teléfonos celulares usados como cámaras fotográficas que retratan la egolatría del capitalismo.

Lo cristiano es impopular, una pequeña placa que obliga a leer y a razonar el contenido de lo que se lee, una cita bíblica que nadie comprende porque nadie lee la Biblia, y un mensaje cristiano olvidado entre las fuertes ventiscas andinas.

Lo más chocante del pan y circo merideño, es que entre los orificios de las piezas arquitectónicas montadas en el mirador Domingo Peña, todavía se pueden distinguir algunas letras del mensaje cristiano de la placa instaurada por la Confraternidad de Pastores de Mérida, siendo un hecho punible que para el buen cristiano, genera bastante molestia por la falta de respeto que se comete en contra de Cristo, y que sin lugar a dudas, nos demuestra la apostasía bien compartida entre el socialismo merideño que construyó el rojizo corazón del pecado, y el pueblo merideño que todos los días consume y se traga el corazón del pecado, por amor al cochino mundanismo, por amor a la eterna ignorancia, y por amor a la montañosa herejía de la colectividad merideña venezolana.

De hecho, sobre el pedestal del mirador Domingo Peña, donde el socialismo merideño puso las gigantescas letras "Yo amo Mérida", hay afiladitas astas en las cuales se pudieran izar los símbolos patrios regionales y nacionales, pero durante mi permanencia por cinco años en Mérida, yo jamás he visto izadas ni la bandera nacional venezolana ni la bandera regional merideña en el mirador Domingo Peña, lo cual también demuestra la indiferencia patriótica de los gobiernos merideños que van y vienen sin la sangre bolivariana en sus venas, y que probablemente tampoco saben quién fue el renombrado Domingo Peña.

Si el socialismo merideño hubiera sido un poquito cristiano, podía haber colocado todas las coloridas piezas en el mirador, sin bloquear el contenido bíblico de la placa, e incluso, podía haber colocado una cruz de madera sobre la pieza del corazón, lo cual hubiera permitido la sana coexistencia del contenido mundano y del contenido cristiano en el mirador Domingo Peña, pero por desgracia, el socialismo merideño fue mundanamente egoísta y expulsó a Jesús del mirador.

Mérida está reflejando la luz de las cosas del Mundo, pero Mérida no está reflejando la luz de Jesús en el Mundo.

Mérida no está asentada sobre un monte cristiano, porque Mérida está asentada bajo un monte mundano.

Mérida no puede esconder su salvaje transculturación, porque Mérida anhela vivir en Nueva York.

Hermanos venezolanos, la transculturación en Mérida es sencillamente brutal, y quienes más están sufriendo el cáncer, son las abuelitas y abuelitos andinos, que no fueron educados para vivir sin educación cristiana, y que cuando intentan desesperadamente recuperar la fe rezando el Padre Nuestro, siempre pasan una y otra vez las violentas motocicletas por las calles de la parroquia El Sagrario, que con sus infernales ruidos callejeros te matan el credo, te matan la fe, te van matando lentamente el deseo andino de seguir vivo en un frío infierno gocho.

La transculturación es la consecuencia del desarraigo cultural de una ciudad, que tras perder su sentido de pertenencia y tras olvidar su propia idiosincrasia, termina aceptando los modos de vida foráneos que sustituyen a los modos de vida nativos, siendo difícil recuperar el legado cultural perdido por su gente.

Los jóvenes merideños venezolanos no saben qué es la minerva. Aunque sus abuelos siempre hablaban de la minerva, esos ancianos y ancianas ya murieron, y por desgracia, las nuevas generaciones de merideños desconocen el gran significado de la minerva, por lo que la puerta está abierta para la llegada de más transculturación, y debemos entender que cuando hablamos de la minerva, no nos referimos ni a la gocha ramera de la Tercera, ni a un aparato de ortopedia, ni a la canción de la banda de rock Deftones, porque la verdadera minerva es parte de la cultura cristiana merideña, que cada día se visualiza más y más borrosa.

La población merideña se olvidó y no recuerda que el jueves, es el día de la exposición del santísimo sacramento en la iglesia, porque la población merideña solo recuerda que el jueves, es el día de la feria de verduras en el supermercado Garzón, lo cual nos demuestra la pérdida de valores cristianos por parte del pueblo merideño, y seguro que la señora minerva hará su cola de tres horas en Garzón, para comprar barato el repollo gocho, la papa gocha y el tomate gocho.

Con dólares y con dolores de cabeza, los merideños se olvidaron de Cristo, por lo que nos preguntamos:

¿Qué hacemos con la infernal transculturación del estado venezolano Mérida?

¿Será que la toleramos, la vomitamos o la escribimos?

¿Quién nos explicará el significado holístico de la minerva?

El supuesto protector de Mérida, realmente desprotegió al pueblo merideño, cuando decidió bloquear el mensaje cristiano de la placa cristiana en el mirador Domingo Peña, por lo que el protector de Mérida alejó a los merideños del amor de Dios, y no creemos que Dios perdone a los apóstatas, que alejan a las ovejas del santo redil cristiano, y que alejan a las ovejas del sagrado rebaño de Cristo.

Mis queridos hermanos merideños, no debemos despertar la ira de Dios haciendo cosas malas, que despertarán el poder de su justicia en Mérida, porque hay terremotos que ocurren por causas naturales de la Tierra, pero también hay terremotos que ocurren como castigo divino por la desobediencia de un pueblo andino tan venezolano como cristiano, que irrespetó la Palabra de Dios con un rojizo corazón mundano, y que olvidó arrodillarse ante la gran luz del redentor.

Yo sigo denunciando toda la transculturación que está envenenando al estado venezolano Mérida, y que está matando a la fe cristiana de miles de compatriotas andinos, pero mientras en la Catedral de Mérida sigan pidiendo más y más dólares para comprar un simple bombillo, en vez de usar ese dinero para alimentar a los vagabundos que deambulan frente a la plaza Bolívar, pues será imposible que la perversión moral merideña cambie en el futuro por resistir.

"Yo amo Mérida" es una pieza arquitectónica que vulnera a la idiosincrasia andina venezolana, y que arremete en contra de la soberanía de la cultura merideña, porque aunque los turistas se irán de Mérida sin saber qué significa Mukumbarí, esos turistas sí se irán de Mérida con su neoyorquina fotografía en frente del rojizo corazón, que les hará recordar la frase "Yo amo Nueva York".

Antes de despedirme, yo quiero aclarar que soy cristiano laico, no pertenezco a ninguna iglesia cristiana venezolana, yo no meto las manos en el fuego ni por Lutero ni por Lucifer, pero de verdad que fue muy indignante apreciar la apostasía, que cometió el socialismo merideño en contra del cristianismo.

Yo escribí el presente artículo durante el tiempo cuaresmal del año 2021, lo cual me genera mayor indignación por la trágica apostasía de la gente merideña.

Oremos mis hermanos, para que los corazones venezolanos que disfrutan las frivolidades de las tendencias gringas, no se sigan robando la fe del buen corazón cristiano merideño, que hoy más que nunca debe reconciliarse con el agua viva.

Si deseas visualizar las imágenes que claramente demuestran la transculturación, que viene sufriendo el estado andino venezolano Mérida, pues te invito a revisar las fotografías y el video que yo comparto en el siguiente hipervínculo:

https://merida2020.blogspot.com/

En las imágenes que compartí en el hipervínculo, hay una fotografía que considero histórica para nuestro país, y que fue tomada el 12 de octubre del 2020 en el mirador Domingo Peña, donde vemos a tres hermanos orando por Venezuela, con la bandera nacional extendida y sostenida por los tres compatriotas, en frente de la placa conmemorativa cristiana, por lo que si observan esa imagen patriótica y luego observan la ridiculez del corazón de amor mundano que bloqueó a la placa, seguro que ustedes entenderán la terrible transculturación que sufre el estado Mérida, y que nadie quiere reconocer.

Gracias a todos por leer el artículo.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, LUZ. Ekologia.com.ve es su cibermedio ecológico en la Web.

 carlosfermin123@hotmail.com      @ecocidios

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