PRELUDIO
Al costado de sí mismo, absorto y taciturno, el leve azar en la extravagante realidad.
Devora segundos la imprecisión, persistente y riesgosa, infranqueable de la incesante curvatura. ¿De cuánta enormidad se habla por cada enjambre de soles?
La brújula alcanza la orilla escondida del islote flotante en la desmemoria del astrolabio en el desfiladero. ¿Será tal vez la coyuntura del desconfiado? El que duda y jamás se detiene en la travesía, canta, no olvida ni está solo. ¡Vive! ¿Si el hombre participa de la posesión vital, no conserva su presencia cuando desnuda la ritual palabra de los ilusos?
No es cualquier temporada histórica la del despojo. Alarma el graznido del ave aterradora, ojos de acero bajo la luna preñada por el pueblo que renace y germina. Sonámbula aterriza en la playa. Inaccesible su entraña nocturna rasga el techo. Desvía el crepúsculo a la altura del valor y retumba la interrogante de la máscara sombría. Danza entre la flecha del tiempo su viaje hasta el confín del ser y desdibuja la voz del mundo en el retorno de la claridad.
¿En qué radica la divergencia de la memoria y la imaginación? ¿Si el futuro no llega significa que dejará de acudir? Cierta imagen procura la cautela del eco mítico de las musas, una ficción metafórica confinada al remoto ideal, mientras la cadencia del río de la inmensidad acaricia el cuerpo y la certeza del gozo de las mozas.
Ilumina hacia el sur la ráfaga del amanecer y su naturaleza desafiante deleita los rostros de la ciudad. Su estilo proclama la lucidez del preludio y el presentimiento palpita en el corazón de los pájaros, en la encrucijada de la hoguera salvaje donde la ceniza arde. Pese a ello, cuando abandono todo, menos a mí, el día corre por la calle, la incomprensible y misteriosa silueta del perfil sobre el último escalón festeja el sol.
CONTINUIDAD
El viaje deleita en las olas del pensamiento
En el soleado litoral de la conciencia
Del saber que despierta al compás de la respiración
Su ondular distrae al caballo de la sombra del árbol
Agita la cola y al sol ahuyenta a los verdes insectos.
El universo vislumbra la piel de la inmensidad en la voz
Del solitario cuando el tiempo abruma su delirio.
Uno y otro componen el insondable lenguaje
El pliegue del instante en el secreto refugio
La residencia del hombre de silencio gentil.
La juventud es el instante de la existencia
Cuando se vive la inmortalidad
Y permanece si el espíritu
Es siempre joven y resiste las edades
Florece perpetua en el enigma del presente
Y desata el porvenir más allá de los genes
La percepción del ahora en la obra creativa
Y la sensible animación de la incesante realidad.
En el horizonte del verdadero camino titila la luz
A un lado la tortuosa vereda, la inercia
Y la sed, por allí no se debe transitar
Son de la oscuridad y el olvido
Que conducen al vacío abismo
Del arrepentido y el sonámbulo
En las tinieblas del desgarrado planeta.
JORNADA
La añoranza alienta el conocimiento del oficio.
La intensa sinestesia de la sensibilidad en el existir cotidiano se autoconstruye con el espesor de la lejanía, extensiones públicas, guaridas, estructuras del panal y ámbitos del mundo material.
El cauce del río remonta la mar del rumor imaginario. Más lejos, del descanso habitual y del desamparo, acontece la erudición y el saber. El símbolo luminoso del claro de la mente en la pradera donde germina la melodía, fusiona un torbellino de voces y audaces ideas.
El amor y el antiamor, el ahora y el después, al instante retorna en la sinergia de las chispas del cuerpo. El que no es y es, el lobo, se oculta en la floresta de la luna y descubre la prudencia en el vértigo del salto al inframundo.
El ingenioso clarividente, el arquitecto del tiempo y del no tiempo, con la integridad del poeta de la flor y el canto, in xóchilt, in cuícalt, en la asamblea de los trovadores, diserta sobre el sugestivo amorío: el método para seducir a la hembra universal, la que afectuosa fascina al distraído caballero de la historia que guillotinó a los dioses en la urbe de la luz.
La felicidad de la pasión danza en la primavera de la mujer. El frenesí erótico conjura el hastío y la desolación. Sin bridas, sobre el tálamo la princesa, la reina y la diosa, desnuda mariposa flamea sus alas sonrosadas.
El místico siembra el relámpago del contemplativo en la hoguera. Y el diálogo extático acontece en lo real alucinante.
Recorre las aristas del diamante, la sinrazón, el límite de los escépticos y se fragmenta la alegoría del vuelo en el reflejo sutil. El inmutable creador silencia en la frontera de la vigilia del sol blanco en el océano de la dulzura del asceta.
Todo cambia en la travesía del ensueño. Se diluye la imagen sorprendida del entendimiento, la lucidez y la ciudad vibrante, aletarga el trasluz de la palabra del otro y los demás. Así, atesora la alteridad de sí.
Despliega la sonora voz el rostro en el antifaz de la entraña del torbellino y el personaje per-suena a modo de persona y personalidad. Así, la visión oblicua de la niebla expande los sentidos. Gesticula en la orilla de la inmensidad el híbrido universo y el verso emigra.
El asombro reitera el presagio de la metáfora en la arcana estación del siconauta, el navegante del continente ultramarino en el distante mundo plural, el desterrado del designio y el sensato retiro en la remota cima.
CONCIENCIA
En el ascenso hacia la cumbre
de la cordillera de la existencia,
quedaron abandonados
ineficaces y triviales egos
a la orilla del altivo sendero.
Sólo permaneció el auténtico
y lúcido Ego de la Conciencia,
feliz, solidario y humilde.
Entiende el mensaje de la Naturaleza
en la melodía de la inmensidad
en la brisa que al cuerpo acaricia
en el trino del averío agitando las alas
de los hermanos animales el brillo en sus ojos
el canto de la chicharra entre la lluvia y el verano
la luminosidad centelleante del cocuyo y el gusano luminoso
el asombro de la fantástica mariposa azul tornasol
la tonalidad de frutas y flores.
En la resistencia de la persona sencilla
descifra la visible y animada realidad,
intuye el pálpito intangible
del apacible discurrir interno,
el trasmundo de la ensoñación
y el umbral al Ser Humano.
ENTEREZA
Un sinnúmero de desiertos
atraviesa el hombre
en su existencia
y el más espinoso
el último es
pleno de soledad
desaliento
dolor
y desgaste
Pero si vive cada día
a profundidad
y admite la fortaleza que prodiga
el sendero de la naturaleza
mientras reconoce la ilusión
del pensamiento y las emociones
encaja la conciencia
con el cuerpo
la mente y el espíritu
percibe la melodía del universo
y florece al ritmo de hijos
y nietos ascendiendo
entonces el viaje
por aquélla desolación
estaría hermanada a la euforia
y la prudencia del sabio.
arjevach@gmail.com