Al mirar el reloj, el gendarme apretó el acelerador de un tirón: llevaba casi una hora de retraso para llegar a la jefatura. Pero al acercarse al cruce correspondiente, se topó con un tráfico muy pesado. No le quedó más remedio que retroceder y tomar otra vía.
Al llegar, se estacionó y se bajó. Apresuró el paso, entró a la oficina sin emitir ni un saludo —algo completamente fuera de su costumbre: siempre había sido jocoso y nunca dejaba de saludar a sus compañeros. Al verlo así, algunos lo miraron con extrañeza y uno de ellos preguntó en voz alta:
¿Qué le pasa?
El gendarme llevaba gafas oscuras que ocultaban sus ojos rojos y las profundas ojeras. Temprano se había tomado un calmante para el dolor de cabeza que le atormentaba, todo producto de la falta de sueño. Se sentó en su escritorio, sacó una carpeta de la gaveta para revisarla. En ese momento, su compañero se le acercó y lo saludó. El gendarme le respondió con una seña de la mano y un movimiento de cabeza. Tras unos segundos de silencio:
El otro detective: Mira que tenemos que salir de inmediato a patrullar, como nos indicó el jefe ayer.
El gendarme asintió con la cabeza y en seguida ambos salieron de la oficina.
Al llegar a la entrada de la jefatura, se encontraron con un señor de edad avanzada, vestido con ropas raídas y rotas:
El señor: Disculpen, ¿ustedes son policía?
El otro detective y Gendarme: Sí, ¿en qué podemos ayudarle?
El señor: Quiero dar una información.
Gendarme: ¿Y sobre qué será?
El señor: Sobre la persona que encontraron muerta. Era mi amigo. Vi su foto en la prensa ayer.
El gendarme y el detective intercambiaron una mirada:
El otro detective y Gendarme: Bueno, venga con nosotros.
Volvieron a entrar a la jefatura para que el señor diera su declaración completa. Durante la misma, contó que la víctima era parte de un grupo de indigentes con quienes compartía el espacio donde dormían, pero nunca habían sabido su nombre —lo llamaban "el sin nombre". No tenía papeles de identificación, nadie conocía a su familia y era muy callado. Aunque los últimos días había actuado de forma extraña: murmuraba como si conversara con alguien y se paseaba por la zona en horas inusuales. Además, cargaba siempre consigo un papel por lo poco que podían ver; había símbolos y imágenes un poco raras, pero no la distinguían muy bien porque era muy receloso y lo escondía para que nadie lo viera.
El señor: En uno de esos días al levantarme, no lo vi —solía dormir cerca de mí. Le pregunté a los demás que estaban allí y me respondieron que tampoco lo habían visto. Pasaron los días y no lo volvimos a ver; pensamos que se había ido a otro lugar. Fue cuando unos días después vi su foto en la prensa. Bueno, bueno… al levantarnos en uno de esos días no lo vi. Le pregunté al resto de los que estaban allí y me respondieron que tampoco lo habían visto. Pasaron los días y no regresó. Pensamos que se había ido para otro lugar. Fue cuando, unos días después, vi su foto en la prensa.
Una vez terminada la declaración, le manifestaron al señor que los llevara al sitio donde vivía. Se dirigieron hacia la salida para embarcarse en la unidad. Justo al bajar las escaleras, se encontraron con el jefe, que venía llegando. El detective se le acercó rápidamente, lo saludó y le informó:
El jefe: [Lo miró y le hizo señas con la cabeza para que continuara]
El otro detective: Tenemos a una persona que conoce a la última víctima, la del puente. [Miró señalando al señor]
El jefe: Sí. ¿Y qué se sabe de él?
El otro detective: Bueno jefe, según el señor no le conocían el nombre, le decían el sin nombre. Tampoco se sabía si cargaba alguna identificación, era un tipo muy extraño, se la pasaba hablando solo… Pero ya nos dirigimos al lugar para seguir indagando.
El jefe: [Le hizo señas de que partieran] Manténganme informado de todo.
Con esa orden, los dos agentes y el señor se montaron en la unidad y se dirigieron al lugar. Ya estando allí, comenzaron a conversar con todos los presentes, pero no fue mucho lo que les informaron —nada nuevo de lo que ya sabían. Pero antes de retirarse, alguien que venía llegando al sitio los llamó:
Persona desconocida: Esperen, yo vi algo en esa hoja que él siempre cargaba, aunque no lo vi completo porque él lo escondía. Lo que pudo observar era una especie de símbolos raros y letras extrañas, como algo diabólico —no eran normales.
Esto inquietó al gendarme, quien de un solo golpe conectó todo lo dicho por esa persona con las sombras y el sonido escalofriante que había escuchado días atrás en su casa. Quedó en silencio por unos segundos, miró a su compañero haciendo una mueca de intensa aprensión.
El señor: Ah, pero también le vi que llevaba en la mano un crucifijo.
El otro detective: ¿Un crucifijo?
El señor: Sí, un crucifijo.
Gendarme: Bueno, quiero que nos acompañe a la jefatura y nos dé más detalles de lo que pudo ver.
Al llegar, llevaron al señor al departamento de dibujo para que le diera detalles al dibujante de lo que había visto en la hoja de papel. Al dejarlo allí, el gendarme y el otro detective se dirigieron a la oficina del jefe y le relataron todo lo sucedido.
El jefe: Bueno, vamos a esperar a que el funcionario pueda descifrarlo y dibujar lo que dice el señor, y veremos qué podemos deducir de esos dibujos. Pero mientras tanto nos tomamos un café. [Dispuso a prepararlo en la cafetera que tenía en su oficina, y mientras lo hacía preguntó] ¿Y qué me dicen de ese señor? El que dijo haber visto a dos personas arrastrando algo, del cual yo dudo —insistió—, dudo de lo que afirma, debido a las condiciones de ese momento y a la distancia desde donde él aseguró haber mirado. Sí, ese mismo lugar donde se encontró el pájaro negro muerto en el patio trasero de su casa.
Gendarme: Ah, el profesor.
El jefe: ¿Es profesor?
El otro detective: Sí, universitario. Estaba en el informe que le pasé hace días.
El jefe: [Hizo un gesto con la cara] No, no lo leí completo. ¿Pero qué me dicen de él? Les indiqué claramente que lo tuvieran vigilando.
Gendarme: Bueno jefe, hemos estado muy atareados con este último asesinato. Lo que sí averiguamos es que vive solo, casi no sale de su casa; cuando lo hace, va a la universidad donde da clase. También sabemos que una vez entró a una iglesia, pero salió enseguida, y de ahí se dirigió a una biblioteca.
El jefe: Muy bien. ¿Y qué fue a hacer allí?
El otro detective: Eso aún no lo hemos investigado, estamos pendientes con eso.
El café recién hecho humeaba suavemente mientras el jefe lo echaba en varias tazas que había sacado de una gaveta de su escritorio. Se las repartió entre el gendarme y el otro detective.
En esos momentos tocaron la puerta.
El jefe: Pase.
Era el dibujante, quien traía en la mano una hoja con los dibujos realizados:
Dibujante: Esto fue lo que pude descifrar, señor.
El jefe le hizo seña con la mano indicándole que le pasara la hoja. Al verlo, hizo un gesto de sorpresa con la cara y el gendarme junto al otro detective se acercaron para observarlo también. Lo que vieron fue una serie de símbolos volteados, números al revés y letras invertidas.
El jefe: ¿Qué es esto? ¿Qué significa todo esto?
Los tres lo miraron de nuevo en silencio.
Dibujante: En verdad no tengo la menor idea.
Gendarme: Sinceramente jefe, no sé qué significa. Parece cosa diabólica con esos símbolos y letras al revés…
El jefe: Diabólico… [en voz baja]
Gendarme: Sí, me parece algo diabólico. [Dirigiéndose directamente a él] Y les voy a contar algo que me sucedió. ¿Se acuerdan de aquella vez que salimos tarde de la reunión? Llegué a mi casa en plena madrugada, estacioné el auto y cuando me disponía a abrir la puerta, vi una sombra que se movió entre los árboles… y un sonido catastrófico, endemoniado. Me hizo sacar inmediatamente mi arma y revisar toda la casa de punta a punta. Pero la sombra desapareció tan rápido como había aparecido, al igual que el sonido. Busqué por todos lados y no encontré nada. No se lo conté porque pensé que me iban a creer loco, o que el estrés de estos asesinatos me estaba haciendo ver o imaginar cosas raras.
Después de oír todo el relato del gendarme, el jefe se sentó y se acomodó los lentes, dándole un sorbo al café que aún humeaba. Por unos instantes quedó en silencio y luego miró a todos:
El jefe: ¿Ustedes creen que todo esto tiene que ver con los asesinatos? Porque en verdad han sido asesinatos no comunes, no normales. Es horroroso lo que le hicieron a esas personas.
El gendarme se cruzó de brazos:
Gendarme: Sinceramente, jefe, no sé qué decirle.
Al mismo tiempo, el otro detective se quedó en silencio. El dibujante, que aún permanecía ahí, tampoco dijo nada.