Pensar Trujillo: Valera, la ciudad como tema

La ciudad no es solo un espacio geográfico, ni un albergue de
personas, es mucho más que eso, es un hábitat diverso y complejo,
heterogéneo y multiforme, puede por tanto ser vista de distintas
maneras y perspectivas, porque está conformada por seres humanos y
objetos que le dan vida, que la hacen posible, que le dan identidad,
que la hacen Ciudad. Y, cuando una ciudad pierde estas características
comienza a dejar de serlo para convertirse en otra cosa. Se
deshumaniza y, al deshumanizarse, podrá seguir siendo un espacio
geográfico, un albergue de personas, pero no una ciudad. Con Valera,
aunque duela decirlo, ha pasado eso.

Por ello, somos de los que cree que no se puede actuar sobre la
Valera del presente, si no se sabe cómo se estructuró como pueblo, si
no se sabe que significa ser valerano hoy. Las ciudades cambian y se
transforman, por lo que, conocer los hechos que han incidido en su
mutación, es lo que nos permite conocer las razones que determinan que
seamos como somos. Pensar Valera, entraña ese reto. Pensar Valera, “es
un trabajo de memoria asociativa y colectiva”; ya que: “Prever el
futuro sin un cimiento informativo que marque la estela por donde
hemos venido transitando se vuelve labor de astrólogos, invasores del
espacio informativo con discursos leguleyos o banalizaciones de un
optimismo de lo maravilloso ridículo. Es la inmediatez depurada de
reflexión, el destino barato y degradado…”, para decirlo con nuestro
paisano Domingo Miliani. No saber que “diablos somos” puede conducir,
a quienes corresponde cumplir el rol de dirigentes de la sociedad, a
hacer el papel del “Juan Peña” de Don Pedro Emilio Coll, quien se
acariciaba su “diente roto” con la punta de la lengua, lo cual
realizaba con “su cuerpo inmóvil, vaga la mirada, sin pensar”,
conducta que llego a ser vista como un “signo de genialidad y
prudencia. El médico de la familia le diagnosticó una grave enfermedad
para las sociedades contemporáneas: el mal de pensar”. Pues bien,
“Juan Peña” a pesar de no pensar, “llego a ser diputado, académico,
ministro, y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República,
cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la
punta de la lengua”. Cuidado, Valera no puede ser vista, de la forma
que “Juan Peña” miraba la vida.

Y, la manera de evitar que esto ocurra es pensándola, imaginándola de
manera distinta y, ello es posible de lograr si se elabora un Plan de
Desarrollo de la ciudad que coloque al valerano como el sujeto y
objeto fundamental del mismo. Plan de Desarrollo para el cual se
requiere de un buen liderazgo, capaz de entender que se trata de una
nueva visión, de una nueva concepción del Desarrollo; se requiere,
asimismo, de mejores instituciones técnicas, eficaces y eficientes,
dirigidas con visión política, que sean capaces de entender que, si
bien es cierto las propuestas principistas, formuladas en el Plan de
Gobierno Nacional 2013-2019, “Propuestas del Candidato de la Patria
Hugo Chávez Frías”, son la base para el diseño y formulación del Plan
de Desarrollo de Valera, entiendan que éste debe tener “cuerpo y alma”
valerana; tiene que ser adecuado y correspondiente, con lo que Valera
es y quiere ser. Por tanto, no puede ser una copia al carbón del Plan
Nacional. Y, es que, el Socialismo es, ante todo, libertad para la
imaginación creativa, no olvidemos que “son sagradas las aves en
vuelo”, como dice una estrofa del himno de nuestro siempre amado Liceo
Rafael Rangel.

Pues bien, Valera, la de las siete colinas que la semejan a Roma;
Valera, la pujante y progresista; Valera, la que “Toñito” Valero al
cantarle dijo “Valera valerá”, se acerca a sus doscientos años de
fundada, que triste sería que el 15 de febrero del 2020 mostrara el
rostro que hoy tiene.

*Profesor ULA

npinedaprada@gmail.com


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Nelson Pineda Prada


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