Carajo!, habrá alguien con poder, que se apiade del Parque Nacional Morrocoy…

El Parque Nacional Morrocoy se ha convertido en un abominable negocio, sin control, para los dueños de yates de alta cilindrada que acaparan los lugares más bellos del sector, con manadas de empedernidos borrachos, vulgares ricachones y petulantes malandros. Entre mil y tres mil dólares cuesta contratar ciertos enormes yates en Tucacas que hacen recorridos por los hermosos parajes como Cayo Sombrero, Cayo Pescador, Los Juanes, Cayo Bajo 360 grados, playa Varadero, Cayo Muerto, Cayo Sal, Cuevas del Indio y de la Virgen… se estacionan con sus poderosos equipos de sonido, consumiendo alcohol, con multitud de nuevos buhoneros de mar que se van desplazando con sus planchas de anime convirtiendo estos lugares en un mercado persa. Hacen parrillas, llevan carbón, gasolina y leña, y montan sus simiescas rumbas y francachelas sin que nadie los vigile o les ponga orden.

Nos refería un peñero y pescador de Chichiriviche, el pasado mes de diciembre, que tal como se está tratando al Parque Nacional Morrocoy, en pocos años nos podemos llevar la impresionante sorpresa de que poco a poco comencemos a ver como irán desapareciendo los cayos. Cada año, cientos de miles de personas van a los cayos, afectando el ecosistema marino, producto de los químicos que llevan las personas para protegerse del sol, de multitud de cremas y bronceadores, el aceite de las lanchas, de la basura que dejan en el mar y también de la arena que se van llevando. De hecho, los manglares están desapareciendo, ya se hundió Cayo Pelón, y estamos encontrándonos con que, por ejemplo, por Playa Norte, el mar se ha ido metiendo en multitud de casas que antes se encontraban a pocos metros de la playa. En el sector de Playa Sur, hay épocas en que además de los detritus de todas las casas que caen en la playa, viéndose excrementos humanos flotando al lado de los bañistas, se añaden las algas y las llamadas aguamalas o medusas, que se apoderan del sector, haciendo muy desagradable bañarse.

La basura es algo que enferma: la cantidad de desperdicios empotrados en la arena en todas las playas. Latas, potes de refrescos, palitos de chupetas o de helados, botellas, pitillos, platos y cubiertos de plástico, chapas y más chapas de cerveza que prácticamente alfombran la arena, y hasta toallas sanitarias y pañales usados flotando entre los manglares.

Pero de todo esto, insistimos, lo peor es la llamada contaminación sónica que también provoca un daño espantoso en este delicado ecosistema. Cada loco o cada imbécil, para llamar la atención y sentirse más arrecho que los de la competencia en escándalos, ponen volúmenes demenciales a sus equipos de sonido.

No hay nada en Venezuela que se haya dejado tan a la buena de Dios como el sublime, incomparable y grandioso PARQUE MORROCOY, con sus esplendorosos cayos y playas, único en el mundo… ¿También lo iremos a degradar, a perder?



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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